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Nuestra forma de celebrar Fiestas Patrias es, en muchos momentos, una extraña manera de hacernos daño, donde en vez de celebrar debemos reventarnos hasta morir, como si el próximo año no hubiera de nuevo este tipo de festividad para repetir el ritual, que más que folclórico parece el banquete del cumpleaños del dios Baco.

Además, para tomar siempre hay motivo. ¿Pero qué celebramos el 18 de septiembre? Hasta para eso somos extraños.

Sí, porque el 18 de septiembre de 1810 se conformó la Primera Junta Nacional de Gobierno, un órgano colegiado creado en un cabildo abierto con el fin de crear un instrumento administrativo gubernamental y tomar medidas de resguardo frente la prisión de Fernando VII, Rey de España, por parte de Napoleón Bonaparte.

Es la primera vez que nuestro país se ve enfrentado a una especie de acto de emancipación, pero no pensando en darse independencia, sino resguardo y mantener fidelidad al Rey.

Se inicia así el período de la Patria Vieja, que se extiende hasta 1814. Este año, las fuerzas realistas, luego de la batalla de Rancagua, recuperan el poder e inauguran el intervalo conocido como la Reconquista.

Recién el acta de independencia se firma en Talca, próxima al río Piduco, el 12 de febrero de 1818, cuando el Ejército patriota probablemente hacía un alto en su cabalgata y en medio de alguna ramada, mientras descansaba don Bernardo, ha de haber dicho, como buen chileno, no hemos escrito un acta de independencia.

Y con su nivel de instrucción seguramente redactó dicho documento, dando por realizado el trámite, que es reproducido en otras ciudades.

Es historia, y como dicen, la historia se puede reescribir, inventar si no se tienen los datos exactos, admitir que nada se da como fue en su momento.

Desde el instante en que aceptamos un calendario gregoriano imperfecto, creemos que el hombre pisó la Luna, que las Torres Gemelas las derribaron fuerzas terroristas del Medio Oriente, que el Tamiflú elimina la porcina, que Redbull nos da alas, que los marcianos llegaron bailando cha-cha-cha, nada debe admirarnos, menos celebrar la independencia un día que no fue; además, si hasta las ramadas las hacemos con techo de plástico, en vez de tonadas y cuecas, bailamos reggaeton y música tropical o mexicana, y nos disfrazamos de huaso, pero no de cualquier huaso, sino nada menos que de patrones de fundo, con botines caros y espuelas de plata.

Que carretiemos como enfermos y nos encalillemos es un problema que nos cruza y acompleja. Levantamos cientos de fondas provistas de comistrajo y mucho copete para regar nuestros pensamientos haciendo aflorar nuestro patriotismo, que nace en esta fecha y ha de dormir el resto del año.

La cueca se escucha en malls y paseos peatonales. Muchos realizan el intento de aprender a bailar a última hora, sobre todo autoridades, que no en uno, sino en varios momentos hacen el ridículo, pero vale la pena. La patria perdona no sólo no saber bailar, sino estar de fiesta sin tener claridad por qué se esta de fiesta.

Seguimos el 19 con las Glorias del Ejército, nuestro gallardo Ejército vencedor, jamás vencido. Lo extraño es que muchas veces en el año conmemoramos batallas perdidas.

Está claro que ocho años de diferencia no deben alterar las celebraciones del bicentenario.

Además, en 2018 podemos crear otra magna celebración y luego capaz que nos inventemos la posibilidad de que 2023 podamos darle festividad a la Constitución de Freire escrita por Egaña… Hasta podríamos pedirles a los legisladores y personeros que nos puedan regir en ese entonces que armen una nueva Constitución y así tenemos otro motivo de celebración.

Al momento de leer usted este artículo, habrá pasado un nuevo aniversario patrio. Estaremos en la puerta de la primavera, comenzaremos a preparar las vitrinas para las fiestas de fin de año y obviamente guardaremos todo lo que nos muestra nuestro patriotismo surgido en unos días de septiembre, hasta volver el año próximo con el ritual más popular y regado de nuestra convivencia.

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Cuando tenía 16 años fue la primera vez que monté una mochila a la espalda y junto a un par de amigos nos aventuramos desde Constitución a Lomas de Putagán, relativamente cerca de Linares. Hoy llevo viajando más de 24 años, lo cual me ha permitido compartir experiencias, conocer nuevas formas de vida, entender el desarrollo cultural de una gran cantidad de naciones, aprender por qué se generan los conflictos.

No soy un ser que tenga dinero de sobra para un avión o un crucero y estar un día en Quito y el próximo en Dharamsala, pero aprovisionándome de recursos distintos he logrado estar en tres continentes y en una cantidad de ciudades que las guardo en mis más gratos recuerdos. Con estas experiencias, uno logra crecer y entender que no somos más de lo que nos toca ser, ni tampoco podemos sentirnos tan por encima de los demás, ya que pasada la hora de los reconocimientos volvemos a nuestro territorio y nos convertimos en vecinos de la cuadra, es decir, nos sumergimos dentro de esta América taciturna, algo melancólica, sufriente en momentos, pero con un cúmulo de posibilidades.

Chile ha sido premiado por la mano del arquitecto universal, en sus 6 mil kilómetros se encuentran los más variados y contrastantes paisajes. Pero sin lugar a dudas hay zonas que me gustaría destacar, pero quiero centrarme en una singular que está dentro de los más gratos parajes que me ha tocado conocer: el Valle del Elqui, donde Gabriela Mistral hacía patria.

Quiero invitarlos a caminar por las montañas hasta llegar a la laguna El Cepo, lugar dentro de la cordillera, subiendo por El Colorado a unas 20 horas de caminata, internándose por montes, cuestas empinadas y llanuras singulares, perdiendo por pocos momentos de vista el río Cochiguaz.

Acá la noche es más intensa y limpia, el frío se presenta en cristalinas gotas que nos hacen ver el contraste de nuestro mundo. Esta porción de tierra no está muerta, sólo permanece por momentos dormida.

Estamos dentro del Valle del Elqui. Los muchos momentos y espacios se conjugan para que parezca que nuestro ser se convierta en parte de una postal. Antes de comenzar a subir en las puertas de El Colorado debemos conversar con algunos lugareños y solicitarle autorización a don Horacio, un señor de más de 90 años que sirve como guardián; sorteada esta especie de control, nuestro camino comienza en unión con los cerros y el río que nos conversa siempre; la otra compañía son el viento, los pájaros y el sol.

Escuchaba a un chamán mexicano hace un tiempo decir que los seres humanos habíamos dejado de creer que somos parte de la naturaleza y que por momentos nos poníamos fuera de ella, usando frases como “nosotros, los destructores de la naturaleza”… Qué falta de conocimiento y qué alto nivel de arrogancia, somos creados desde dentro de la naturaleza, por ende somos naturaleza.

Aquí se comienza sin duda a visualizar en qué estamos, para dónde vamos, y cómo en una caminata poder redescubrirnos, encantarnos y tomar una postura más comprometida con nuestro entorno.

El premio a esta larga caminata, que por instantes desearía no haberla iniciado, por lo que significa estar donde se está, es recompensada por una laguna que nace en lo alto del monte, como folclóricamente alguien diría, “donde el diablo perdió el poncho”, pequeña e imponente de aguas verdes, llamada El Cepo.

No hay extraterrestres, ovnis ni seres extraños que nos hagan viajar a una dimensión desconocida, sólo un paisaje increíble, tranquilizador, desolado, donde te encuentras con tu naturaleza, sin mayores conflictos, sin ruidos que no sean los propios que existen antes, durante y luego de tu paso por el lugar. Después de haber viajado unas tres veces a El Cepo, no creo cansarme de volver a repetir esta placentera aventura, aunque ahora planifico adentrarme en otro paraje tan interesante como el altiplánico boliviano.

Si tienes posibilidad de viajar aunque sea en bus hasta el Cajón del Maipo, o darte una vuelta por el San Cristóbal, te invito a que lo realices; el sedentarismo nos atrofia, la falta de querer conocer nos hace achatarnos y envejece el espíritu. Viaja, aunque sea dentro de tu ciudad, seguro que en la comuna vecina descubrirás algo interesante que dará mayor amplitud a tu intelecto.

NO LOS OLVIDEMOS

¿Dónde están ?
Dónde están los que ayer aquí vivieron,
amaron, corrieron, gritaron
y tuvieron esperanza como nosotros,
¿Dónde están ?

Dónde están los hermanos que se fueron a caminar
y no volvieron nunca más.
Dónde están los amigos que anoche salieron
en dirección a sus moradas y no lograron llegar.
¿ Dónde están ?

Dónde están los Padres e hijos
que dejaron un espacio vacío en su hogar
que no se a vuelto a llenar.
¿ Dónde están ?

Dónde están los que maltrataron y ensuciaron sus manos,
torturando y desapareciendo a estos peregrinos,
Dónde están los que actuaron impunemente
tras las tinieblas de la noche,
degollando y aniquilando
a los que para ellos eran molestos.
¿ Dónde están ?

Los Cristos anónimos volverán, venciendo la muerte,
aniquilando la inmoralidad dando luz al despertar,
abriendo las puertas del futuro,
alejando de las almas las mentiras,
entregando calma y paz.

Volverán, aunque los hubiesen muerto,
porque pensaron que los asesinaban
pero no hacían otra cosa que suicidarse;
ellos, los opresores, los perseguidores.

Cuando vuelvan los que partieron sin desearlo,
traerán respuesta a esta sociedad,
justicia y verdad, logrando sólo así la real libertad.

Esperanza, tu mirada profunda de ayer y de hoy;
mañana, si mañana se hará realidad.
Nuestros hermanos desaparecidos aquí están,
ya volvieron aquí están.

Discrepo con el ministro de Defensa. He de pensar que lo descubierto por La Nación Domingo lo ha de haber tomado por sorpresa, tanto como a muchos chilenos como el que escribe, pero no comparto esa forma de ver el tema. Me pregunto derechamente ¿qué pasa en el Ejército con su superioridad, que mantiene directa o indirectamente a gente que estuvo involucrada en aberraciones a los derechos humanos? El “nunca más” del general Juan Emilio Cheyre de noviembre de 2004, cuando asume la responsabilidad institucional en las violaciones de los derechos humanos, ¿se desvanece? Si los sucesores no asumen como propias aquellas palabras, se juega con la dignidad de muchas personas que aún mantienen el dolor de un pasado oscuro.

No podemos salir con tanta rapidez a comentar ese tipo de temas tan complejos y delicados. Eso de que existen 14 mil miembros en las Fuerzas Armadas y se está deteniendo la atención en unos cuantos que tienen procesos abiertos, de los que -por lo demás- debe presumirse la inocencia, me parece una suerte de ligereza que puede más que ser una explicación. Es como apagar fuego con combustible.

Al hablar de inocencia en gente que está procesada, no me queda claro a dónde se desea llegar. Sabemos que una parte del Ejercito no entregó todos los antecedentes. Me pregunto hasta cuándo se debe seguir tras este cantito que huele a mala letra y con compases a destiempo. ¿Hasta cuándo se protege a los culpables y se abre cada cierto tiempo la herida de los que han tenido que padecer este calvario?

No nos confundamos, los voceros o defensorías de las instituciones armadas deben nacer desde dentro de sus filas. El Ejército sin duda ha tenido el coraje de hacer desde un mea culpa y dar pasos significativos para el reencuentro de los chilenos. Quien explica complica y no creo que ese tipo de comentarios sea materia de un ministro de Estado.

No se puede tapar el sol con un dedo; no se debe, por una cosa de moral, de principios, hacer creer que estos señores que aparecen sindicados como parte de procesos están en la línea de la defensa corporativa. Para eso están los abogados defensores, que ciertamente los pagamos todos los chilenos. Algo extraño donde nadie hace hincapié o levanta la voz.

Creo profundamente en las instituciones. Sé que están compuestas por hombres, seres imperfectos tentados por el poder o la ambición. Pero así y todo las instituciones son más que unos cuantos malos elementos que las componen, por lo mismo, es menester y propicio que se liberen de esos lastres. No podemos pensar que por unos cuantos se debe calificar y desviar la atención del grueso institucional, es correcto señor ministro, lo que sucede es que ni unos cuantos debiesen ser parte de la institución si traen un velo de duda.

No sé si algunos aún no se dan cuenta de que cuando esos seres enfermos mataban, era a hermanos de un mismo pueblo. No desaparecían a una gallina o a un bicho, eran seres humanos. Cuando un humano muere en circunstancias extrañas, muere una parte del alma de un pueblo, y cuando se busca armar justificaciones se pueden cometer graves errores hurgando de mala manera en esta alma. Ojalá que la Comandancia en Jefe sepa alejar de las filas a estos seres que enlodan la credibilidad alcanzada y la confianza recuperada, que bastante ha costado.

Nuestros nobles valientes soldados no son nobles si tapan, ocultan, engañan y terminan por avalar actos aberrantes que nada conllevan con la nobleza del patriota en armas, que jura servir a la patria y dar la vida si fuera necesario. Además, este mismo juramento no se condice con aquellos que acabaron con la vida de quienes también eran necesarios para darle sentido a esta patria.

Por lo mismo, no es prudente abrir heridas, revivir odiosidades, dejar impunes a los violadores de derechos humanos, más aún, pagarles con nuestros impuestos a gente que esta reñida con la justicia. Eso de presumir inocencia, que lo argumente un abogado.

Creo que tengo el legítimo derecho, como miembro de un país y ciudadano de éste, a estampar esta forma de discrepar, dar un análisis y plasmar un parecer que nos permita, más que decretar absolutismos, abrir el debate en todas las aristas y posibilidades, pero nunca negarnos a pensar que podemos estar errados o no levantar la voz… Harto daño les hemos hecho ya a los familiares sin entregarles respuesta de dónde están sus deudos.

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Veo al candidato de la concertación con ganas de alojase en esta campaña y algo le esta frenando, es como que en momentos los que están a su alrededor lo ensombrecen y no le dejan ver la gran avenida que tiene por delante.

Me gustaría de corazón no escribir estas líneas, pero cuando uno se desea acercar, parece que nadie quiere que uno se acerque, no sólo es una percepción personal, es algo que se comparte a diario con militantes de partidos y gente que desea ver este comando con mayor capacidad de acoger.

Que el estratega de comunicaciones no de el ancho se nota a leguas, que el equipo de producción sea inexperto también se nota, entonces que se hace, se les entrega otras responsabilidades. Dar un paso al lado por bien del fin último es loable. Aquí nadie debe pensar que se les esta ofendiendo y mucho menos sentirse, cuando uno no esta preparado, es de sensatez absoluta hacer el enroque correspondiente.

Me llama con preocupación un amigo desde puerto Aysén, quien me dice que el candidato sólo se reunirá con las autoridades comunales y ellos que han organizado una manifestación con más de 600 personas, la avanzada no tiene en el programa que el candidato se reúna con ellos. Un periodista amigo me hace un relato similar, aludiendo que las veces que Frei lo esperan personas en las ciudades que visita, no se programan los que le acompañan para estar en estos actos. Entonces, ¿quien está acompañando al candidato?, los que desean cuidarlo tanto que lo están dejando sin que nadie se le acerque. Porque seamos claro, en el comando central existe gente que le tiene lipiria a los políticos, y no les incluye en ninguna de sus extrañas formas de hacer campaña, cuidado esto es un pool político, no es construir medias aguas, sin tener nada encontrar de esta ejemplar idea social.

Conversaba con un miembro de la directiva JDC que me decía el comando no abre las puertas, ¿Qué comando es este, de puertas cerradas?, en momentos de campaña se debe abrir puertas y ventanas, como lo hizo Juan XXIII en su vaticano II, airear la casa, que el sol entre por todos lados, crear mística, hacer que esa fuerza se traspase al electorado, saber que si se tiene la esperanza de un Chile más solidario y concreto, las estrategias tecnócratas sobran. En el momento que nos alejamos de la gente y alejamos a la gente terminamos por quedarnos sólo.

Así como he criticado profundamente al candidato de derecha y he hecho lo propio con el diputado candidato, no puede ser que calle cuando veo que un sector el barco rema contra todas las realidades que existen. Si no desean hacer ganar al candidato DC, entonces díganlo y simplemente sigan con las malas estrategias.

Esta claro que por las muchas chambonadas que se han mandado dirigentes de representación social los últimos años el conglomerado esta desgastado y sufre el desencanto de un número muy significativo de personas, en la elección presidencial anterior existía una suerte de votar con los dientes apretados, para no darle un espacio a la alianza y menos al empresario, pero hoy ya no se da ese escenario, hoy esta la alternativa díscola, que al final es concertacionista también, y los que están molestos en la forma como se ha comportado la concertación, como lo dice la Diputada Allende, darán en diciembre un voto de castigo al abanderado.

No creo que Frei se un mal candidato, es más creo que tiene la altura y la capacidad, lo que si le juega encontrar tener algunas personas incrustadas en su comando haciendo las cosas definitivamente mal.

Así como la historia se escribe, es ella misma la que nos reclama, es la gente que nos pide que nos acerquemos, políticas a puertas cerradas sin duda nunca será un buen camino, espero que esto sea como el último peldaño de bajar y con algunos ajustes de estrategia, se logre devolver el lugar que Eduardo merece estar.

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Hay tres cosas que pueden provocarte la muerte: el hambre, el frío y el miedo. Esto se lo escuché, hace muchos años, a un pescador de donde yo viví mi niñez y adolescencia.

Era febrero de 2003, en medio de no entender por qué pasan ciertas cosas, logré ingresar a la habitación del Hospital del Trabajador, donde se encontraba un amigo que había sufrido un accidente que lo dejó cuadrapléjico.

Me dijo que lo que estaba sintiendo no era miedo, sino pavor; necesitaba saber salir de la angustia profunda de verse sin ningún movimiento.

En lo personal, años antes había experimentado un sentimiento profundo de temor diferente, producto de la llegada a mi casa de dos autos Chevrolet Opala que traían a unos ocho miembros de la CNI, los cuales pretendían entrar por mí.

Me llamaron telefónicamente, advirtiendo que por andar apoyando a gente de la Vicaría de la Solidaridad debía acompañarlos. El miedo me heló hasta el último pelo, que en ese momento sí tenía.

Decidí desenfrenadamente arrancar. El angustiante momento no fue fácilmente superado y sólo hoy lo cuento con relajo.

El avión comenzó a perder altura, me cuenta una amiga que viajaba dentro de Europa, nos avisaron todo eso a lo que uno acostumbra no poner mucha atención cuando carretea por la pista, pero estando en el aire se torna una complicación de pavor saber que, probablemente, esas indicaciones podrían convertirse en las últimas.

Si este enorme bus aéreo se precipitaba, es el momento en que no haces más que rezar, pensar en los tuyos, comenzar a sudar y darte cuenta de que el pánico se apodera de los pasajeros.

Germán vio su examen y era VIH positivo. En medio de su asombro, entró a apoderarse de él un temor que no lo dejó en paz hasta el día de su muerte.

Así de seguro usted podrá comenzar a escarbar entre sus recuerdos y más de un estado de miedo aflorará, entendiendo por miedo o temor la emoción determinada por un agudo sentimiento usualmente ingrato, provocado por una suerte de peligro, que puede ser real o imaginario.

Esta emoción primaria que se deriva de la aversión natural a la inseguridad o la amenaza se da en todos los miembros del reino animal.

Podríamos nombrar muchos miedos, como el miedo a la libertad, al fracaso, a no existir, al amor, a la muerte, a los otros. Los muchos miedos que nos provocamos son propios al ambiente que nos posibilitamos, nada es riesgoso cuando pavimentamos un buen caminar.

Pero como somos seres llenos de emociones y actuamos con sentimientos aprendidos, es muy probable que nos posibilitemos inseguridades que nos llevarán a ese estado de temor, que nace en la medida que no estamos seguros de nuestro mundo.

Cuando veo los miedos aprendidos o nacidos de la mala experiencia, es claro que ellos se pueden mantener o revivir si no superamos el conflicto que ese pasado emocional nos provocó.

Lo desconocido nos provoca desequilibrio y preferimos no aventurarnos. Cuando Orson Welles hizo su famoso programa de radio en que anunciaba una invasión extraterrestre, provocó pánico colectivo; hubo cientos de personas que creyeron, le dieron autoridad y se hicieron parte del susto a eso desconocido que se aproximaba a la Tierra.

La ignorancia nos aproxima a creer cualquier cosa fantasiosa. Esto también nos puede llevar a la cima del miedo.

La mayoría de las corrientes metafísicas usan el miedo como herramienta cautivadora, para mantener a los creyentes expectantes y ordenados bajo designios que han sido revelados por iluminados que dan base a la creencia.

Mis miedos sin duda son similares a los suyos. Sabemos que hay cosas que están ajenas a nuestras posibilidades de entender lo humano, no podemos dejar de sentir desconfianza a lo desconocido, sabemos que muchas cosas nos pueden provocar sensaciones extrañas, mas lo que no puedes hacer es dejarte cautivar por el temor.

Somos seres provistos de sentido y sentimiento, por lo mismo, estamos claros que hoy puede pasarnos cualquier acto sorprendente, para bien o para mal.

Lo que no puede sucedernos es vivir esperando que no nos pase nada y no corramos ningún riesgo. La vida desde que nos permite nacer hasta el último instante es un riesgo en sí.

Yo Base Torres

No te preocupes, en media hora más paso por ti. Mañana sin falta te termino lo prometido. Seguro que nos juntamos la próxima semana. Te prometo que te llevo el libro. Así podría evocar miles de frases de compromiso para quedar bien, para enredarnos en una suerte de cantinflear, sin asumir nuestros compromisos. Luego sacamos un argumento o alguna justificación, infantil o poco creíble, para dejar la fiesta en paz.

Somos por esencia creadores de miles de promesas incumplidas. No es sólo una práctica del político en campaña, es generalizado. Llenamos nuestras conversaciones de compromisos y promesas, pero en el momento de cumplir lo ofrecido, algo nos frena y no llegamos a puerto; por ende, perdemos credibilidad.

Más de alguna vez habrá sabido de una persona que habla mal de usted, y cuando está frente suyo expresa palabras zalameras y poco convincentes. Hace unos días conversaba con una amiga y me decía que había sorprendido a la madre de su mejor amigo hablando pésimo de ella, no obstante cada vez que se veían esta señora tenía un comportamiento muy hipócrita. ¿Por qué será que estas conductas se dan? Sería más adecuado tratar de conocer mejor a la otra persona y no dejarse llevar por percepciones mal formadas, ésta es otra forma de mentirnos y mentir.

No puedo ir, no me gusta esa comida, la verdad es que prefiero quedarme en casa, tardaré más de una hora, si deseas no me esperes. En definitiva, dar respuestas claras y concretas nos hace ser más francos. ¿Por qué nos cuesta decir tanto no?

Tengo un amigo que no sólo no cumple con llegar a sus compromisos, si no que además se molesta si uno le enrostra su falta. Es muy propio de una sociedad neurótica, mitómana, sin deseos de darle crédito a la sensatez.

Hace unos días me llamó un amigo para que produjera un evento de lanzamiento de un producto; al darle una serie de indicaciones de lo que se debía hacer, de cómo tratar la marca y otras, vi que se enredó más de la cuenta y en vez de decirme derechamente que no le interesaba trabajar conmigo, porque probablemente me podía transformar en su sombra -seguro necesitaba un estafeta y no un profesional-, optó por comenzar a tramitarme. Así se confirmó que mi percepción desde el primer instante fue real. Con lo anterior ejemplifico que no es bueno hacerse el loco y jugar con las personas. Pensar que el otro no percibe la comunicación no-verbal es un error. La agudeza del sentido común con los años se hace más fina y definida.

¿Ha observado en los restaurantes cuando el garzón trae el vino y hace degustar a un comensal, gesto de moda muy aprendido ya que estoy seguro que un gran porcentaje de los degustadores jamás hará un comentario que obligue a cambiar la botella descorchada? Este ejemplo tan doméstico me permite afirmar que para todo nos restringimos y guardamos nuestra verdadera apreciación de la realidad.

Somos peladores. No es un atributo ligado a las féminas, es parte de una gran mayoría, nunca he sabido si esto es un atributo a la buena forma que tenemos de observar, al tiempo que nos sobra o si es parte de la pequeñez que nos mantiene casi detenidos mirando al otro como referencial de nuestras bajezas.

La intención de armar esta reflexión es ver cómo desde el ámbito de la palabra, del gesto y la mirada, estamos muchas veces comunicando algo diferente de lo que pensamos. Nos comprometemos más de lo que somos capaces de cumplir, asumimos funciones que no conocemos cómo se realizan, engañamos a los otros y de pasadita nos engañamos nosotros. Me pregunto si seremos capaces de conocernos y saber quiénes de verdad somos. Sabemos que nos falta madurez emocional y profundo amor propio.

Por lo pronto, dejémonos de tanta promesa liviana, sin duda le aseguro que se sentirá más verdadero. Recuerde que el alma se sana siendo más espontáneos. ¿Cómo sabe? Probablemente alguien se contagia y al menos en su entorno se miente menos.

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Tanto que escucho frasecitas agotadas como éstas: “Soy el candidato al servicio de la gente”, “el pueblo me lo ha pedido”, “pretendo representar a cada uno de ustedes”, “no soy el candidato de un conglomerado, ni represento a un presidenciable, represento a este pueblo que cree en mí”. Tantas palabras sueltas que se reproducen en programas de TV, diarios, radios o simplemente en paneles como frases ancla que no tienen trasfondo. Hasta los temas que participan en el Festival de Viña poseen más contundencia.

Las confianzas no son un cliché que se pueda reproducir y pensar porque se escribe o es muchas veces repetido es suficiente. Las confianzas se ganan, nunca se decretan. Lo digo porque más de algún candidato pretenderá sacar frasecillas prefabricadas. No es bueno y muy poco recomendable pensar que porque estamos nombrados para un cupo nos encontramos listos y la gallá ha de votar por nosotros de buenas a primeras. El electorado no se menoscaba, mucho menos se debe pensar que es una tropa de corderos acorralados y listos para el matadero. No, señores, cada día más ciudadanos se organizan, más personas endurecen sus posturas. Esto hace crecer la mala percepción de quienes nos dirigen, aunque, cuidado, como dice el adagio: no es culpable el chancho, sino el que le da el afrecho.

Somos una sociedad extremadamente esquizofrénica; por lo mismo, nuestros líderes hacen gala de esta forma de comportamiento. Observo con preocupación cómo dirigentes salen por más de un medio de comunicación haciendo pucheros porque no fueron acogidas sus rabietas y entonces como una forma de demostrar sus berrinches se retiran de las filas que les dieron plataforma. También miro a dirigentes que cuando obtienen la cuota justa de poder hacen negocios electorales, asegurando los cupos a sus cercanos, parientes y amigos, y el resto que se joda.

Así se termina no postulando a gente capaz y honesta, lo cual va en directa relación para mantener la buena salud de la coalición, conglomerado o partido. Buen argumento usado para dejar tranquilas las aguas y de pasadita cobrar alguna factura pendiente.

Si además dilatamos el tiempo y no permitimos que los candidatos se logren confirmar en sus distritos de competitividad, se termina realizando una débil campaña, con escasas posibilidades de éxito. Además, esta tardanza perjudica directamente al abanderado presidencial. Que se entienda que esto no se da en un solo lado, es una virtud aprendida por todos los sectores.

Nuestra necesidad urgente es armarnos de dirigentes buenos. Miren la Selección, no es sólo por los buenos futbolistas donde ha llegado, sino por la buena conducción de su dirigente técnico. Ojalá en nuestros sectores políticos esto se logre luego, por de pronto, estamos jodidos; tenemos algo que en cierta medida y muy bien medido nos merecemos al dejar que otros ocupen los espacios.

Milité en tal partido por más de 30 años, me decía un amigo, pero vi que todos los valores y principios se alejaron de su origen, así es que decidí renunciar a mi militancia y dar un paso al lado; es un error hacer esta suerte de oblación, ya que en vez de pelear por recuperar lo perdido y sumarse al descontento, se va y deja que los mediocres lleguen a la cúspide. Una vida partidaria tirada por la ventana es algo para darle una vuelta, respetable por cierto, pero cuestionable también.

Es tiempo de revertir el curso de los acontecimientos, hemos construido nuestras bases filosóficas, políticas y sociales con muy escasa consistencia; los ideales y la mística se han diluido, nada de contundencia, bastante farándula, mucho pendón de igual tamaño en los cuales sólo cambia un par de conceptos, pero todo se estandariza. El ego reina como soberano en nuestra dirigencia, algo de circo y un poco de pan, pero propuestas sólidas, escasas, poco significativas, dándonos vuelta en lo mismo, como que se estuviesen pasando los programas de gobierno prestados y se copiaran lo grueso, dándole un maquillaje a la medida del sector involucrado. Entonces qué hacemos los ciudadanos comunes. ¿Por quién votamos?

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Por vivir en el centro, en un sector muy agradable, como el Forestal, muchas veces me permito caminar a pie por diferentes calles y observar cómo éstas nos hablan y nos observan por medio de rayados, stencils y grafitis. Veredas, aceras y calles son una serie de cámaras ocultas que nos habitúan a un gran reality, en que no deseamos participar, pero del cual es difícil librarnos. En más de una oportunidad me he detenido a fotografiar, no uno, sino varios rayados o stencils. Para más de alguien esto es un atentado al hermoseamiento de nuestras casa y vandalismo retratado en un dibujo, pero que cada día adquiere más pertenencia de ciudad y se puede identificar también como arte urbano o callejero.

Hace unos meses descubrí un grifo con una grata sonrisa, era como ésas que invitan a alegrarse y olvidarse por un instante de lo serio que deseamos ser. Me acerqué y pude observar una dirección web (www.grifo.cl). La anoté, llegué a casa y me introduje en esta dirección de internet, donde encontré una cantidad de propuestas cuyo objetivo son darle una sonrisa a la ciudad, buscar una forma de hacer el Santiago cotidiano más amable.

Así observé que este grupo colectivo era responsable de hacer que los carteles de la Autopista Central se dieran en noviembre pasado un día libre y expresaran diversos temas muy peculiares a los automovilistas, desde desearles que tuviesen un buen día hasta exigirles un saludo hacia el letrero.

Gratamente seguí descubriendo otros íconos, como Ciudad Color, que está ubicada en la Kennedy con Manquehue y es un muro adornado con azulejos de diferentes tamaños. Mas seguí descubriendo que este mismo colectivo es responsable de ponerle a muchos “Ceda el paso” o discos “Pare” en su parte inferior un adicional autoadhesivo que dice “por favor”.

Sin duda, ésta y otras iconografías que juegan con nuestras formas de sentirnos parte de la calle nos posibilitan quitar esa rigidez y aspereza que nos muestra la selva de cemento. Hacer más amables los lugares que habituamos nos hace en alguna medida, por pequeña que parezca, mejorar nuestra calidad de vida.

La calle es un lugar donde nos conocemos y reconocemos. En 2005 invitamos, cuando produje Love Parade, a salir a la calle a bailar y miles de santiaguinos se tomaron el Forestal y las calles aledañas. Similar acontecimiento repetimos en 2006 con más de 350 mil personas poblando ese lugar que esta cargado de miles de íconos y expresiones que probablemente pocas veces advertimos.

Intervenir espacios públicos es reconocer que éstos nos pertenecen y que en ellos gran parte de nuestra historia se escribe y se reforma. En las calles nos manifestamos de alegría y también expresamos frustraciones y rabias, acompañamos a la muerte al cementerio, traemos la vida desde el hospital a la casa, en definitiva, lo urbano nos ha enseñado que cada espacio y rincón son lugares por descubrir.

Las campañas publicitarias muestran en las calles miles de avisos, la mayoría habla de confort y consumismo, de lo que debemos comprar y que es lo que necesitamos, aunque sabemos que no es mucho lo que necesitamos a la larga.

No obstante, un stencil que dibuja la cara de un “Yo no fui”, un “Bush asesino” o “Pelotudos” -aludiendo al programa “Pelotón”- o sólo las imágenes que nos reflejan realidades, como un policía reprimiendo a un niño o un pie gigante aplastando a varias personas, nos permiten reafirmar que la calle está mucho más viva. Son un llamado permanente a que estemos despiertos.

Sin duda, colectivos como Grifo comprenden que pueden darles más claridad a los espacios cotidianos, reírse un rato de lo que hacemos y somos, desde una buena caricatura hasta una expresión de desprecio a temas diferentes. Este tipo de códigos se pueden encontrar en Constitución, Santiago, Antofagasta o Berlin, es decir, los muros esperan muchos intercambios de formas y figuras representantes del mundillo contemporáneo donde vivimos.

Saludo ya a quienes al igual que Grifo nos dan esta posibilidad de alegrar nuestra mañana, y si te hacen un stencil en el frontis de su casa, trata de ubicarlos y regalarles parte de tu muro. Ayuda a darle color a esta ciudad mustia, por momentos aburrida y llena de colores grises.

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Por si no nos hemos dado cuenta, estamos en pleno desarrollo de la campaña electoral, aunque en momentos pareciera un gran reality, sin mucha contundencia por parte de algunos y muy pocas propuestas por parte de otros, que sólo se dedican a buscar cuanta pantalla encuentren para ganar ese segundo de penetración que sirve como enganche ante la falta de propuestas concretas.

Como eso de los discursos y la buena oratoria parecieran que no son necesarios y han sido considerados cosas del pasado, se buscan recursos marketeros y de publicidad, a lo más Goebbels, para darle sentido a lo que es el sinsentido de esta política nueva, manoseada y sin contundencia.

Apareció hace un tiempo el niño malcriado, que más que político está claro que es un creador de cine y muy rápido de lengua para confundir y también confundirse. Jugó a mostrarnos una alternativa distinta y en algún momento pareció una buena opción. No están mal la competencia y los propositivos seres que puedan nutrir la política con savia nueva, pero cuando parecía que la hegemonía juvenil en la política la comenzaba a invadir y lograba convencer a un número significativo de descontentos de todos los sectores, empezó extrañamente a añejarse. Primero integró a gente como Marambio, un ex MIR que de revolucionario pasó a empresario -bueno, nunca son malos los cambios, hay otros que de allendistas y cercanos a la UP terminan rindiéndole una suerte de pleitesía a la derecha y se enrolaron dentro de sus filas- y luego aparece muy próximo Andrés Pascal Allende, de los avanzar sin transar. No sé cuál será la finalidad, necesitará tener algo así como nanas y con ello cruzar todo lo imaginable, para que la película que al parecer esta guioneando le dé un resultado mayor. Con estos entuertos me comencé a dar cuenta de que una cosa era el discurso y otra los hechos reales. Nada contra estos señores, que fueron un aporte a la vuelta de la democracia y se les reconoce, pero que también tienen una responsabilidad histórica en la caída de la democracia (no deseo detenerme en esto, que daría para otra columna). Claro está que el joven candidato tiene una bomba de tiempo cuando mezcla el aceite con el vinagre, me refiero a que por la otra esquina se acerca a un Rodrigo Danús, creador del G-51, grupo paramilitar; buena mezcla, felicito la capacidad de convocatoria y pluralismo alcanzado. Ojalá le dure.

Incluso en los medios hay una suerte de querer inflar una tercera vía presidencial; probablemente darle algo de aliño a lo que se veía fome, monótono y aburrido: por un lado, un señor que lleva con el tema del cambio bastantes años y su cambio es evidente que implica un conservadurismo bastante detestable que no se puede tolerar. Por otro lado, un ex Presidente que representa una Concertación que no debemos negar está algo agotada, con ahogos de no saber cómo dejar de mirarse el ombligo y aceptar renovarse o para la casa. Entonces irrumpe este niño símbolo de la creación televisiva y dice algunas frases algo atrevidas, otras desafortunadas, y parte casi como caballo desbocado, subiéndose a cualquier bus, como que todos los recorridos le sirvieran.

Candidato que partió casi con el beneplácito de varios que no veían en otras posibilidades un norte real, terminó él mismo por enredarse. Es probable que confundiese cine con realidad. O creyera que entrar en este juego político es algo así como historias de la vida es una lotería. El tema de hacer una campaña jovial, propositiva y sin animosidades, se ha ido transformando en un descontrol que al parecer lo está hiperventilando.

No basta con subirse a un jet y volar diez días Chile. Eso, aparte de contaminar más los aires, es poco lo que aporta (bueno, sirve a los que lo acompañan para conocer el país desde las alturas un Chile en invierno).

En momentos lo único que gana es el ego. En este caso no creo que tenga más resultados que eso. Por otro, no pensé nunca dedicarle una columna a este señor candidato, pero está compitiendo en las presidenciales, que es sano y lo comparto, pero creo que sin duda, como él lo ha dicho, la Presidenta terminará votando en segunda vuelta por Eduardo Frei. Sin duda él debiese hacer lo mismo, porque dos Flores en la política es too much.