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Cuando leo a muchos comentaristas de medios, cuando observo televisión y escucho a quienes se ponen en una pantalla a darnos puntos de vista, cuando comparto mi experiencia y la divulgo, no hago más que imprimir una pincelada de lo que entiendo por realidad.

Qué no daría para que tu derecho a ser escuchado y discrepar fuese eso, un derecho. Las censuras son odiosas, de mal entender la libertad, de justificar en nuestro propio prisma que el otro está errado y, por lo mismo, no debe hablar ni opinar. Opinar nos permite darnos ese grado de discusión, con altura, respeto, sabiendo que en una discusión bien generada se pueden encontrar puntos de vista complementarios. No porque tú desconozcas algo que yo sé, o viceversa, estaremos alterando nuestra forma de relacionarnos; por el contrario, tus puntos de vista y expresiones son siempre un aporte, entendiendo que te has instruido en el tema que discutes, que tus pasiones las regulas y no haces que éstas te terminen llevando al descontrol, donde el insulto y la agresión se dejan ver.

Está claro que ninguna verdad, por absoluta que parezca, lo es en plenitud; siempre se puede llegar al cuestionamiento. Para muchos, suicidarse puede ser considerado un acto de cobardía, en más de un país asiático es un acto de honor. Para un sector de nuestra sociedad, hablar de la píldora del día después es una aberración y ni hablar del aborto, pero cuando se plantea la pena de muerte como salida rápida al problema de la delincuencia, el derecho a la vida termina y se escuchan coros para imponer tal error de naturaleza.

Pero así somos, nos creemos dueños de la verdad, pensamos que si el sol sale por la cordillera y se oculta por el mar, ha de ser para todos igual, aunque sea cosa de atravesar la cordillera y ver que no es tan así. Cuando buscamos una forma de hacer sociedad, para unos será la mejor; para otros, será una complejidad que no lleva a ninguna parte. Nada es blanco o negro y eso sí que está claro. Lo importante es hacer que nuestros matices sean una forma de complementar la discusión, y no hacer de nuestros postulados leyes absolutas. Errar es entender que el otro puede errar, entender además que no siempre estamos a la altura de quienes hablan y, sin embargo, el respeto nos permite complementarnos, ser más personas, armar una sociedad incluso con aquéllos que están en la vereda del frente.

Ayer hubo un acto de tolerancia, un país se autoconvocó para elegir Presidente. Todos sabíamos que dos candidatos seguirían hacia una nueva competencia. Lo importante es que si uno sacó más ventaja que otro, eso no significa que uno sea dueño de la verdad y que el oponente no tiene derecho a dar opinión. Aun más, se puede dar siempre la opción y lograr que el derrotado en este caso salga victorioso, pero más que poner el pie sobre el que no ha ganado, deberíamos integrar, darle la posibilidad de que discrepe, aunque sea contrario a mi forma de ver el horizonte.

No obstante, he de hacerlo desaparecer o ignorarlo. Todos tenemos una cuota de razón, y esta cuota debe ser la que nos acerque, más que las discrepancias por legítimas que sean.

Cada vez que escribo me alegro de que la gente discrepe; es más, siento una gran satisfacción de que exprese sus puntos de vista y, con respeto, haga saber su porción de verdad. Lo que no es aceptable es el insulto, la opinión barata, decir cualquier cosa que sume mayoría, ya que no es asertivo irse por la vida en el carril fácil. Es bueno mirar más allá de nuestra convicción social y hacer que el análisis sea con altura y nunca terminar con esas frasecitas tan manoseadas: “Quién es este fulano”, “cómo osa decir eso”, “de dónde salió y por qué se le permite que nos hable de esta manera”. Este tipo de argucias son las que hacen que la discusión se enferme y comencemos a creer que la vida sólo se puede mirar desde nuestro prisma. Esto no es así. Sólo seremos más tolerantes y capaces cuando comprendamos que la verdad, nuestra verdad, no es absoluta.


Cuesta entender que algunos países se hagan tanto daño. O mejor dicho, que sus dirigentes sean quienes den mala conducción y los lleven al menoscabo máximo. He viajado por segunda vez a Bolivia, la Bolivia de las culturas milenarias, la hermosa zona altiplánica, donde el sol ha puesto la piel de sus habitantes de un tostado especial, el primer rincón donde se escuchó la palabra libertad. Hoy vive sumida en una pobreza muy radical, pero pobreza no sólo económica, sino también de espíritu. Su gente no se merece tanta odiosidad.

Estos sistemas monitoreados por la Venezuela del mal autodenominado revolucionario nos aproximan a convertir a este territorio en un caos permanente, dirigido por quien prometió que en su gobierno no habría ningún muerto y al término de su período la muerte se ha hecho presente en Cochabamba, La Paz, Sucre, Santa Cruz, en enfrentamientos mineros, en la muerte del joven Christian Urresti, que con su cuerpo, en un acto de oblación máxima, protegió al padre, recibiendo machetazos, un crimen horrible aún sin culpable.

Este análisis puede carecer de objetividad, pero cómo ser objetivo cuando el hambre y la violencia contaminan cada rincón, y a los que no están con la causa revolucionaria se les comienza a limitar sus derechos.

Alguna vez he tenido la mala experiencia de acompañar a un ser con cáncer, es terrible, pero nunca me habría de imaginar un Estado con cáncer, donde el mal es tan profundo que es difícil encontrar la quimioterapia apropiada que ayude al menos a paliar el dolor. Soy crítico de las dictaduras. Me opuse a la de Pinochet desde el primer día, pero no creo en las democracias apellidadas de revolución o tuteladas por constituciones mal escritas o dictadas a la medida del que gobierna. Creo en la libertad, plena, sin frases que quiten la autonomía de ser en su plenitud ejercida, en el gobierno del pueblo, la república y la democracia, pero cuando comenzamos a manosear el Estado de derecho, donde a unos cuantos les damos cierto fuero que les permita pisotear el césped, me indigna y no puedo dejar de contarlo a los que me escuchen o lean. Creo que en esta Bolivia algo esta pasando.

Chile, Estado de Unasur y nuestra querida Presidenta que encabezó esta organización de países, ha de ser más enérgica en el momento de levantar resoluciones o dictaminar rechazos. Si no ponemos freno a tiempo, luego pueden aparecer seres que avalen este andar. Sabemos que más de un miembro de nuestra sociedad avala a la mal entendida revolución de Chávez, incluso creó un MAS lleno de odiosidades (parecido al de Evo), que terminan poniendo su propuesta en manos de un intrépido candidato que pretende llegar a gobernar Chile sabiendo que simpatiza indirectamente con Chávez, Fidel, Ortega, entre otros que empiezan a levantar ese momento histórico trasnochado y que es mejor dejar como mala experiencia de la historia.

Cruzo este análisis porque veo que detrás de la oveja prometedora de cambio y progresismo hay algo de esta mala forma de crear sociedad. No creo posible que nuestra América tan golpeada ayer por la derecha y las dictaduras, hoy comience a socavar sus cimientos democráticos con mañas absurdas de instalarse a como dé lugar. Las revoluciones han de entenderse como cambios para mejorar la calidad de vida, aunque casi nunca se dé en la práctica, si no, vemos seres que encabezan tal acto de intromisión con animosidades desgastadas y deseos de hacer que los que no piensan igual desaparezcan o sea hagan mínimos en el tablero de ajedrez.

Los estados se construyen con todos, para todos y en bien de todos. Si uno solo es excluido, hacemos que nuestro espacio de convivencia fracase, surge la discriminación y el despotismo se impone. Espero que los que han errado su causa tengan la sensatez de enmendar rumbo; que quienes hacen que este cáncer profundo se esparza, vean alguna forma de dar una terapia adecuada y segura. Bolivia aún tiene que hacer resurgir la esperanza.


Cuando veo la franja electoral, creo que la falta de creatividad está instalada. Es ver a los cuatro candidatos sacando ideas de la campaña del Sí y el No o de alguna otra pasada. Se ha perdido la inventiva o los creativos ya no quieren vincularse, es jugar con conceptos que no veo en ningún sentido cómo pueden hacer cambiar el voto o capturar algún indeciso, que por necio es probable que sea más fácil convencerlo mostrando sólo a algún actor o actriz, diciendo que vote por tal o cual señor candidato. Los programas de gobierno son similares, es más, les planteo con una suerte de mofa, ¿por qué si son cuatro y se parecen tanto, no se dan un año cada uno? Ahorraríamos mucho espacio y recursos.

Un candidato promete combatir la delincuencia con 10 mil nuevos carabineros. ¿Tendrá claro que esto no resiste lógica? ¿Habrá consultado siquiera al general director o sólo se tiró un salto, como las especulaciones que hace en la bolsa? Otro candidato, el más joven, se olvida de su pasado próximo, como que surgió de la nada, que trae consigo la frescura y lozanía de la juventud, pero tras él un grupo de señores son ancla de ese pasado que varios desearían no existiera, o sea, un administrador de finanzas de Fidel versus el amigo de Chávez, sumado a otro que arma reality y asesora a una termoeléctrica a carbón. Como que cualquier recorrido de locomoción colectiva le sirve y para completarla, recoge en el camino varios resentidos de la Concertación.

El otro señor, el mayor, sale por la vida argumentando que no tiene relación con su pasado y siendo secretario general de Gobierno, cuando regresaba a Chile el dictador desde Londres, no fue mucho lo que hizo, o sea, un silencio muy cómplice que lo pone en un nivel bajo lo que pretende mostrar; como se diría, “un viejo zorro”. Ni hablar de su paso por el Ministerio de Educación.

Termino con el cuarto, que no habla de temas que lo incomoden mucho, asisto al discurso de un candidato que nos sigue vendiendo la idea de energía nuclear. Hace unos días conversaba con un estudioso en la materia que me decía que le costaba votar por alguien con estas propuestas. Es el mismo que prefirió no debatir de energías renovables.

Así, cuatro señores, con muchas cualidades, pero no sé si representan realmente a los suyos. Piensen bien: el concertacionista no representa en plenitud a este sector, el de derecha no representa a un gran sector y menos a la UDI, a quienes no les da ninguna motivación. Lo anterior se refleja en las encuestas. Lleva años de candidato y aún no sale del 38%. Luego, el niño díscolo no representa a los independientes, es un hombre de la Concertación que está en una telaraña agarrado, y ha de saber que en política los errores o desinteligencias se cobran por partida doble. Por último, el señor de izquierda no representa al sector, es un socialista que no logró encantar a los humanistas ni a los MAS de Navarro.

Lo anterior es un análisis antojadizo de un ser que desearía que nuestros candidatos fuesen más exigentes consigo mismos y con lo que proponen. Me da algo de miedo el cuadro que se puede generar cuando los unos o los otros alcancen sus metas y se sienten en el sillón de la Presidencia. He escuchado de ambos sectores hablar de cosas muy elementales, mostrarse los dientes e incluso una adherente del candidato de derecha me dijo que si ganaba Frei era fraude. O sea, no se ha entendido nada, no se aprende a vivir en democracia. En las urnas se define todo, pero se respeta la voluntad de la mayoría, el resto para la casa, o simplemente donde deseen estar como una oposición, ojalá propositiva, con ideas a reafirmar sus futuras pretensiones, con deseos de no vivir torpedeando lo que es bueno para Chile, sabiendo esperar su momento. Por último, si este cuadro de cuatro jinetes que desean ser presidentes no le agrada, vote nulo, en blanco, también es una posibilidad que demuestra el descontento. Lo peor es elegir entre el mejor de los más malos, eso es irresponsable también y conformista.


Una vez más la ignorancia nos hace sentir en la Edad Media, cuando se satanizaba todo. He leído una nota copiar y pegar con antecedentes dados por algún sumo sacerdote, que oficia de fiscal junto con los miembros inquisidores que se infiltran en una ceremonia ritual de ingesta de ayahuasca y determinan que esto es sinónimo de tráfico de drogas.

El canal de la crónica roja, Chilevisión, toma partido y muestra lo terribles que son estos seres que han ingresado varios litros de un brebaje que puede matar a la población. ¿Sabrán de qué se trata? En pantalla aparece una fulana que nadie sabe por qué se le da autoridad. Habla de que esto es algo nocivo.

La ayahuasca es una medicina ancestral ocupada en muchas ceremonias. Si revisan las leyes de Perú, verán que es defendida por el propio Estado (“Declaración patrimonio cultural de la nación a los conocimientos y usos tradicionales de ayahuasca practicados por comunidades nativas amazónicas”, 29/05/2008, Dirección de Registro y Estudio de la Cultura en el Perú Contemporáneo).

Con tan pobres argumentos, satanicemos entonces a nuestras machis y llevémoslas a la cárcel; total, está de moda molestar a los mapuches y se justificaría otra forma de complicarles más la vida. Está claro que la PDI, ante su fracaso para contener el narcotráfico duro, trata de producir efectos mediáticos con personas que usan plantas alucinógenas para sanación y que no tienen ninguna red de protección. Para la PDI es como quitarle un dulce a un niño, haciendo aparecer como delincuentes y drogadictas a las personas equivocadas.

Sé del tema. Llevo más de diez años estudiándolo. He conocido a importantes miembros de mi sociedad que se curaron de dolencias crónicas. Muy próximo a Tarapoto, en Perú, está Takiwasi (www.takiwasi.com), centro de desarrollo personal especializado en rehabilitación de drogadictos y alcohólicos, donde hasta miembros de entidades religiosas entran a este tipo de rituales guiados por un chamán o curandero. La definición de la OMS determina que la ayahuasca es una droga, pero adivinen qué más: ¡inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o antidepresivos también son drogas! ¡Barbitúricos, también conocidos como ansiolíticos, son drogas! ¡Hormonas y tratamientos para el cáncer son drogas!

El problema no va por si la ayahuasca es droga con características peligrosas o no, el problema es la legislación chilena. Un detalle: la OMS no condena el uso de ayahuasca. Esta liana, que contiene mescalina como componente alucinógeno principal, es legal en muchos países y, por tanto, no puede ser condenada por la OMS. Las drogas no son un problema de salud, a menos que se presenten dos enfermedades: abuso o adicción. Son un problema legal. La salud y sus profesionales no condenan. Las leyes sí, ésa es su función. Lo que resulta penoso es cuando organismos cuya función no es condenar, sino informar, caen en la crítica fácil, en la utilización de la pantalla para la propaganda de ideas sesgadas. Cuando hablo de ignorancia, es bueno entender que esto trasciende a una unidad especializada, también a quienes han estudiado derecho y jamás se introducen en las leyes naturales. El hombre, cuando no entiende, prefiere reprimir y satanizar.

Ahora que hay tanto candidato, estarán dispuestos a darse espacio de abrir el debate. Hace un tiempo en una columna me preguntaba si era prudente despenalizar el consumo de marihuana o seguir haciéndonos los lesos, pero veo que muchos prefieren seguir mirándose el ombligo y no debatir nada. Ojo, no justifico la ingesta de ninguna droga que no sea para activar zonas que nos permiten entrar en nuestro propio ser, pero con cacerías de brujas no logramos nada bueno; es más, abrimos la curiosidad para que cualquier ignorante pueda mal utilizar la medicina ancestral. Varias instituciones justifican el uso de recursos estatales y su razón de existir con esta mala forma de acercarnos a la ignorancia, droga mucho más nociva y peligrosa que la ayahuasca.

Siempre recordaré que escuchábamos Radio Cooperativa, era a mitad de tarde, viajaba rumbo a Santa Cruz, tiempo de cambio en Chile. Hacía poco más de un año habíamos logrado dar un vuelco, la cordura había conseguido imponerse sobre la prepotencia y la locura, en cierta forma habíamos obtenido bajar un muro invisible de represión. La noticia comenzaba a inundar el planeta, el demencial muro de Berlín se desmoronaba, con ello la unificación de Alemania -que nunca debió estar dividida- daba sus primeros pasos. Caía uno de los mayores absurdos que hemos conocido en la historia contemporánea.

Era la noche del 9 de noviembre de 1989, la cordura se imponía. Años antes los nazis habían marcado este día con otro símbolo demencial, una triste y sangrienta noche, un emblema histórico de la intolerancia racista alemana: me refiero a la esquizofrénica Kristallnacht o “noche de los cristales rotos”, en 1938. Cuando el desaparecido escritor Carlos Cerda daba vida a su novela “Morir en Berlín”, donde describe el destierro, hay una suerte de conjugación en su relato entre nuestro Chile dolido y esa Alemania sufriente, no la de los déspotas, sino la de ambos pueblos que reciben el maltrato que lleva a la imposición de ideas y a cuartear la posibilidad de ser libres.

Cuando estoy en Berlín, veo que existe algo que me acerca a Santiago, y este Santiago extraño tiene atisbos de Berlín. No la arquitectura ni el urbanismo, sino algo en el medio, un momento de nuestra historia que se cruza y se materializa. Cuando el hito de la caída del muro se daba, nosotros también estábamos en un proceso de acabar con el muro de la dictadura. Tantos muros que instalamos, consciente o inconscientemente, interna o externamente; más que derribarlos en momentos y formas, deseamos mantenerlos, que se materialicen, y de este modo introducimos en nosotros muros sicológicos perturbadores, muros morales que nos hacen perder la dimensión de la realidad; muros religiosos que nos alienan y nos impiden ser libres o felices, muros que alimentamos para apresar nuestras ideas y atrapar nuestro entorno.

Cuando se cumplen 20 años de la caída del muro, es bueno saber que la estupidez ha tenido varios imperios y emperadores, que no es algo que nos pueda enorgullecer como raza, que -al contrario- nos empequeñece y nos hace involucionar. Sabemos que esta práctica de amurallar no cesa, sólo tenemos que ver como ejemplos vivientes México-EEUU, Palestina-Israel, Sahara-Marruecos, Ceuta y Melilla-Marruecos. Muros de obra o estacadas, para protegerse unos de otros, ¿protegerse de quiénes? De los que pueblan esos lugares o los que gobiernan desde una trinchera de insensatez y descriterio. Si hasta en nuestra querida Lo Barnechea, para no ir lejos, la autoridad edilicia propuso un muro para evitar que los haraposos del Mapocho llegaran cerca de la gente del status superior… Es claro que no estamos lejos de la bobería.

Los muros han sido algo que los hombres siempre instalan, algunos imaginarios, como el muro de Plaza Italia, donde dos Santiago se hacen ciudad, donde los unos miran con miedo y recelo a los otros; cruzar estos muros es habitual, quedarse en uno u otro lado es sinónimo de muchas presunciones y acciones discriminatorias. Un día logramos romper ese muro, en un acto que nos llevó a juntar a los de un lado y de otro, me refiero a la Love Parade, sí, a la fiesta de música electrónica que nace en Berlín para celebrar la caída del muro y que se prolonga llegando incluso a instalarse en Chile, un símbolo más de lo cercano que podemos estar de ese país, y lo próximo que nos podemos encontrar si queremos. Pero mientras nos supere la desconfianza, mantendremos cuanto existe amurallado.

Ojalá que esta fecha que nos recuerda el desplome del muro no sólo sea para tener en la memoria lo que no se debe hacer, sino para comenzar a liberarnos de las miles de barreras que nos imponen y nos autoimponemos. El día que dejemos atrás esas barreras, empezaremos a visualizar al nuevo hombre.

Hace unos días regalé un par de invitaciones a un amigo para un espectáculo de muy buen nivel. Sus posibilidades de poder asistir eran lejanas, no por falta de entusiasmo, sino por poder adquisitivo. En el momento que realizaba el gesto de desprendimiento, me confesó que no creía que desechara estar en tan importante actividad, mas le manifesté que no me era posible asistir; por tal razón, entre perderlas y regalarlas, creía hacer lo correcto.

Los apegos no deben ser una guía de vida; al contrario, debemos saber tomar las cosas como llegan, hoy por mí, está más que claro, pero también hoy por ti si está dentro de nuestras posibilidades. Las cosas deben fluir, esto da la posibilidad de que nuestro entorno se sienta mejor. En el momento en que eso se logra uno está mejor, así que si puedo traspasar acciones materiales o gestos, es una hermosa forma de dar felicidad y por tanto de sentirnos bien.

Un eslabón con otro van creando una cadena; en la medida en que cada uno se hace más fuerte, logras una cadena irrompible. La idea es que así uno mejore su entorno. No se trata de pensar que debes salvar a la humanidad, déjaselo a Superman… Por de pronto, tienes que ser quien eres, pero con la capacidad de que los otros sean similares, en lo bueno que eres.

Las conductas se aprenden, son como la moda; si impones algo bueno, entretenido, dinámico, muy probablemente podrás ser capaz de cambiar patrones, modificar conductas, alterar los paradigmas rígidos que por momentos nos atrofian y nos impiden ser libres. El entorno debes verlo como un complemento. Que tus amigos sean un complemento, no un instrumento. Estoy convencido de que las cosas se devuelven, que nada deja de tener una reacción luego que aplicamos una acción. Por lo mismo, para mí no existe esa muletilla de “te envidio, pero envidia sana”. Desde el momento en que vemos a alguien bien, que la vida le sonríe, nuestra reacción debe ser de alegría, no de envidia, por sana que la creamos. La envidia es un mal de nuestra pequeñez; desde el momento que existe es perjudicial y atrofia nuestro entorno.

Cuando te hagan un favor, da las gracias, pero es recomendable que no le pagues al que te extiende la mano, ése es el eslabón, si me devuelves a mí, queda entre nosotros. Busca a alguien necesitado, que no es igual. Siempre hay quien espera recibir un buen abrazo, un beso, una sonrisa, una invitación a comer, un caminar juntos para contarnos en qué estamos y cómo nos está cruzando la vida, en definitiva, darles tiempo a esos que carecen más que uno.

Cada vez que he viajado a la selva llevo una mochila llena de ropa y me la traigo casi vacía, regalo la mayor parte de las prendas, pero me traigo de vuelta la mochila cargada de vivencias. Es lo que de seguro trasciende, el resto es material, se recupera, se vuelve a obtener; en cambio, una vivencia se da en el momento y sólo perdura en el recuerdo, posibilitando acrecentar de alguna forma nuestra sabiduría.

Es tan fácil vivir la vida mejor, sacarnos trancas y liberarnos de ataduras, tratar de convivir con nuestro entorno próximo, pero por momentos pareciera que nos empeñamos en ver todo nublado y hacer la del perro del hortelano: no comer ni dejar comer. Por eso, me animo a ver que somos eslabones repartidos, que si nos vamos juntando logramos hacer una cadena, de la cual nosotros somos responsables; que sea fuerte, confiable, disímil en su configuración para lograr el equilibrio.

Cuántas veces te habrán llegado esas desagradables cadenas que te invitan a estar mejor, pero con la amenaza implícita de que si no la envías a tus contactos, tendrás mala fortuna. Justamente la idea es lo contrario, ser libres, sin obligar a nadie, sólo crear situaciones en que los otros se sientan mejor. Así no sólo verás que tu entorno mejora, también encontrarás que tu espíritu se llena de mayor dicha y puedes experimentar una forma diferente de sentirte alegre; haz la prueba, seguro que esto es como respirar, no cuesta más que el esfuerzo de realizar el ejercicio, el resto se da por añadidura.

Dalai Lama Sabado (26)
Cuando veo que los mapuches se organizan y pelean por sus reivindicaciones, los insensatos de siempre alegan que estos indios son unos desvergonzados, que ¿qué más quieren? Les manoseamos su cultura y usurpamos sus tierras y alegan.

Llevamos dos siglos. Seguro que cuando muchos de los que hoy luchan partan, todo será igual.

Observaba las más de 7 mil personas que marcharon el 12 de octubre y luego en los noticiarios veía cómo los candidatos presidenciales hacían propuestas reivindicativas a estas etnias originarias, pero ¿quién de los que propone ha marchado alguna vez o levantado una enérgica protesta frente a los absurdos que por décadas hemos causado a estos pueblos?

Hablar mucho para luego hacer poco no es lo preciso, ni menos aún lo oportuno. Vosotros sois el cimiento y la memoria, el mañana y el más allá, levadura del futuro, raíz de sabiduría, refugio de humanidad; cada vez que me logro adentrar en tus venas y recorrer tus caminos, veo con profundo respeto todo lo que encierras. Eres naturaleza viva, hermano de la piedra y el arado, manantial de agua viva, artesano y constructor.

Naciste entre el Inti y la Pachamama, te hiciste dueño del cielo y de la tierra, cultivaste todo lo que se puede sembrar.

Con tus manos diste forma a la montaña, con tu espíritu diste luz. Fuiste lo más grande del imperio, hoy muchos te saludan y se admiran; es difícil que pueda existir otra raza igual, tan gallarda y valerosa.

Si hasta tus represores reconocen lo que fuiste y todavía sigues siendo. Vuela tu alma, grita el recuerdo, llora la vida, muere el silencio, se levanta la voz y se escucha tu lamento, y no entiendo nada cuando te reprimen aplicando leyes absurdas. Más cuando tratan de convencernos de que ustedes son los que crean un estado de caos.

Hemos tenido cero respeto con sus costumbres, si hasta la región que los alberga la llaman Araucanía, en vez de tener nombre mapuche; es más, en vez de llamarlos por sus nombres originarios, los tratamos de araucanos.

Sin duda mucho discurso, pero poca intención de hacer que nuestros originarios sean más respetados y no reprimidos de la manera en que lo hacen hoy y también ayer.

Como no fue posible exterminar tu existencia, la mano poderosa hizo temblar, robó, asesinó e impuso desdicha.

En unos cuantos años sacudió la tierra dominando montañas y llanuras. En nombre de Cristo mataron al aymara, esclavizaron al hermano de la pureza, destruyeron las culturas para entrar con sus costumbres foráneas a apoderarse de todo cuanto pudieron.

La colonización no fue sólo venir a América y apoderarse de una porción significativa de territorios, fue avasallar y destruir desde los cimientos una civilización con bases sólidas.

El poderoso, ése que se sentía dueño del universo, llegó en nombre de Dios e impuso sufrimiento y tragedia, en nombre de Cristo crucificado amenazaba a los originarios, diciendo “o se convierten o van a correr la misma suerte del flaco”.

Así fueron creando falsos convencimientos, incrustándose en lo más profundo de las raíces; por un lado, los colonizadores; por otro lado, los evangelizadores. Hoy una zona algo asfixiada sigue dando una batalla, y si existe la intención, no se logra ahondar en forma seria el problema, un conflicto que se puede evitar, pero que sin duda crecerá y será otra herida sin cerrar que perdurará por años.

Siento que aún estamos a tiempo, que las autoridades no pueden mirar para otro lado. Aquí no vale mandar un ministro o un grupo de ministros, pasa por darles concreta participación, entender que nuestras etnias originarias no son ciudadanos de segunda categoría.

Debemos vivir el respeto en plenitud, dejemos de ver que estos indios sirven sólo para hacer jardines, de estafetas o las nanas que tradicionalmente nos han asistido, también pueden llegar a ministros de Estado y por qué no ser alguno de ellos Presidente.

Sin duda, al exponer esto último, más de alguien que lee debe pensar que eso sí sería una locura, que probablemente nos bajaría el nivel, pero si Evo o el propio Obama lograron esta aventura, por qué no podría darse en Chile algo similar.

Armemos la historia con todos y para todos, nadie sobra, nadie es más ni menos. Ojalá que las promesas creadas por los candidatos sean más que eso y esta parte del total comience a sentirse en forma real y concreta integrada. De lo contrario, siempre tendremos una parte trunca del total.

Esculturas (2)

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Haciendo claramente una salvedad y no metiendo a todos en el mismo saco, es claro que hay asesores y asesores. Un asesor es la persona a la cual se le pueden pedir consejos cuando la oportunidad requiera o es quien hará algún tipo de trabajo por usted cuando así se amerite. Es aquella persona que debiese estar interiorizada del orden grueso y los detalles que permiten que el ministro, cualquiera sea, tenga cubierto cada uno de los momentos a los cuales se enfrentará. Dedicar tiempo a entender la agenda y prever posibles modificaciones, ya sea en el discurso o en el terreno que actúa su jefe, es de perogrullo. Queda claro que a varios el poncho les queda grande. A lo sumo están donde se instalan por algún compadrazgo, que en vez de facilitar el trabajo, no sólo de su superior, entorpecen el entorno donde éste interviene.

Hace una semana, el ministro Tokman inauguraba la feria de energías renovables Energiza en Antofagasta. Cuál sería el jaleo al darse cuenta la producción y la entidad organizadora, que hacía más de un mes habían solicitado a los asesores del ministro detalles de su presentación, que jamás advirtieron que usaría power point; por tal razón se debió improvisar. Hasta el mismo ministro debió rellenar mientras el equipo técnico instalaba los implementos (de pasadita: los señores de la Cepal tampoco hicieron oportunamente sus requerimientos, por tal razón el Premio Nobel de Física Carlos Rubbia tuvo que acortar su presentación).

Tomo estos dos ejemplos entre los muchos que uno conoce cuando circula por el borde del poder. Advierto con ejemplos vividos para que nadie diga que no estoy claro. Creo que podemos exigirnos más en todo sentido. Nunca olvidaré hace unos cuantos años que la ministra Krauss en el hemiciclo de la Cámara de Diputados fustigaba a la oposición por no lograr los votos para la aprobación de la ley indígena, sin darse cuenta que el quórum que faltaba era de la Concertación. Su asesor jamás la advirtió de tener un tercer discurso. La crítica no se dejó esperar y en pleno hemiciclo el diputado UDI Ulloa le enrostro el traspié. Otro asesor informa a su ministro que un hospital está en perfectas condiciones y la Presidenta, siguiendo esa orientación inapropiada, termina inaugurando un recinto aún no apto.

En los inicios del gobierno de nuestra Presidenta, visitó Chile S.S. el Dalai Lama y por una mala acción de asesores, no fue recibido por la Presidenta. Las explicaciones más que ser creíbles fueron una sarta de complicaciones y el tema no quedó en el anonimato, como quedan otros, ya que la visita ilustre fue interpelada por los medios y la propia entidad que invitaba se refirió a la mala asesoría recibida por la señora Michelle.

Este tipo de errores es habitual y está en todos los planos. Rodrigo Hinzpeter, asesor directo del candidato de derecha, entra al diario La Nación, hace unos meses, y lanza una amenaza soslayada, donde advierte la intención que tiene con este medio aquél cuando llegue eventualmente al gobierno. Luego repitió un desatino al censurar a una periodista de mismo medio en la proclamación del candidato. Tampoco se queda atrás el asesor de comunicaciones del candidato Frei, Pablo Halpern, que en una salida de sus carriles ofendió gratuitamente a los partidos. Al menos después de ese bochornoso momento no habló más.

Los asesores son gente que va al lado del honorable o la autoridad, que destinan su profesionalismo u oficio a ser un puntal para que quien ejerce un cargo sea apoyado en forma adecuada. Si esto no se da, entramos en una suerte de desorden que habla no sólo mal, sino que termina menoscabando ese poder y perdiendo autoridad frente a sus representados. Seguramente, muchos de los bochornosos momentos vividos por ministros o presidentes se deben en parte a asesores inexpertos, pero, ojo, nunca la culpa es sólo de éstos, también del jefe que probablemente tampoco es muy apto para ejercer la jefatura.

Asistimos a un debate presidencial entre cuatro candidatos. No diré que lo vio el país entero, ya que es claro que un número no menor de compatriotas está saturado de tanta palabrería sin contundencia, aparte del ahogo que provocan seres que por años han engañado con falsas promesas o que simplemente tratan de tapar su pasado con eslóganes baratos y frasecitas ya escuchadas, pidiéndole a un Puelma que ponga música a sus inconsistencias.

En realidad es reducido el tiempo para dar respuestas más contundentes, lo cual puede llevar a perderse si no se sabe cómo dirigir la máquina, terminando por expresar nada. Es claro que quien tiene sus ideas claras siempre puede. Si se ocupa el intelecto en forma apropiada, no complica entregar respuestas concisas y precisas. Fuimos testigos de cómo en unos cuantos minutos tres de los cuatro candidatos expusieron proyectos y dieron una visión de país acorde con sus predicamentos.

El candidato díscolo fue claro, pero su verborrea no se acomoda a este tipo de formato. Sin duda él es para cosas de más largo aliento; en momentos usa la autorreferencia, que más que una virtud es un error de predicado. Probablemente el más sufrido sea el personaje que realizaba el lenguaje de señas para sordomudos.

Luego Arrate, sólido, capaz de desnudar su historia sin complejos ni temores, arma un discurso lleno de ideología y muy claro en sus convencimientos, sólo que dentro de sus planteamientos sería interesante saber quién lo apoya para lograr estos cambios radicales.

Frei concreto, preciso, nada de darse muchas vueltas, estamos claros que él no es un animador de kermesse, tampoco pretende ser el simpático. Alguien lo señala como el fome de los presidenciables. Me pregunto, ¿qué necesitamos, un Presidente o un animador de circo? Si pega un golpe, sin duda lo pega muy bien y esto descoloca al contendor de derecha.

Desde ese momento el debate cambia de rumbo, se abre la discusión, la atención se centra en dos de los cuatro candidatos, el Twitter se repleta de frasecitas creativas, las posturas surgen mucho más claras en Facebook; comenzamos a ver cómo los indecisos cambian su forma de ver esta aventura por el sillón presidencial, el people meter marca 29%, aunque un debate presidencial, si fuera realmente interesante para los medios de comunicación y deseáramos formar opinión pública, lo darían en horario prime, no después de una teleserie.

Quiero detenerme en el candidato de derecha, que llegó de traje oscuro, incluso de corbata negra, así como si fuera a enterrar en medio de este ejercicio de debate presidencial su candidatura, y en cierta medida la anduvo enterrando. No por discrepar con él puedo ser tan poco justo y no identificarlo como una persona inteligente, pero acá no estuvo a la altura de los acontecimientos. Mucho ruido y poca nueces, respondió nada de lo que se le solicitó, si el árbol estuviera más lleno de ramas, seguramente habría usado más de ellas; sin vergüenza pide respeto para los trabajadores y habla de regular los bancos, sin recordar su pasado del Banco de Talca; entonces, para coronar su discursito, se refiere al indulto presidencial de Frei y su mentado deseo de crear un Estado policial con 10 mil nuevos carabineros. ¿Habrá conversado con la institución para que éstos sepan que tendrán que integrar a sus filas un aparataje tan enorme como éste? Luego arma una mala defensa de su comportamiento frente a la acusación que hace pocos momentos le ha enrostrado el candidato de la Concertación.

Cuando se descubre una verdad, en vez de razonar, él y sus adherentes catalogan de “mentirosos” a los que entregan dicha información o que faltan a la verdad, pero lo único cierto es que siempre se terminan conociendo los hechos por oscuros y ocultos que parezcan. El candidato de derecha retrocede casi a la partida y creo que en ese lugar se ha de quedar. Por ahora tenemos claro que las elecciones no se ganan en un debate ni tampoco en una encuesta, sino que en las urnas voto a voto.

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Nuestra forma de celebrar Fiestas Patrias es, en muchos momentos, una extraña manera de hacernos daño, donde en vez de celebrar debemos reventarnos hasta morir, como si el próximo año no hubiera de nuevo este tipo de festividad para repetir el ritual, que más que folclórico parece el banquete del cumpleaños del dios Baco.

Además, para tomar siempre hay motivo. ¿Pero qué celebramos el 18 de septiembre? Hasta para eso somos extraños.

Sí, porque el 18 de septiembre de 1810 se conformó la Primera Junta Nacional de Gobierno, un órgano colegiado creado en un cabildo abierto con el fin de crear un instrumento administrativo gubernamental y tomar medidas de resguardo frente la prisión de Fernando VII, Rey de España, por parte de Napoleón Bonaparte.

Es la primera vez que nuestro país se ve enfrentado a una especie de acto de emancipación, pero no pensando en darse independencia, sino resguardo y mantener fidelidad al Rey.

Se inicia así el período de la Patria Vieja, que se extiende hasta 1814. Este año, las fuerzas realistas, luego de la batalla de Rancagua, recuperan el poder e inauguran el intervalo conocido como la Reconquista.

Recién el acta de independencia se firma en Talca, próxima al río Piduco, el 12 de febrero de 1818, cuando el Ejército patriota probablemente hacía un alto en su cabalgata y en medio de alguna ramada, mientras descansaba don Bernardo, ha de haber dicho, como buen chileno, no hemos escrito un acta de independencia.

Y con su nivel de instrucción seguramente redactó dicho documento, dando por realizado el trámite, que es reproducido en otras ciudades.

Es historia, y como dicen, la historia se puede reescribir, inventar si no se tienen los datos exactos, admitir que nada se da como fue en su momento.

Desde el instante en que aceptamos un calendario gregoriano imperfecto, creemos que el hombre pisó la Luna, que las Torres Gemelas las derribaron fuerzas terroristas del Medio Oriente, que el Tamiflú elimina la porcina, que Redbull nos da alas, que los marcianos llegaron bailando cha-cha-cha, nada debe admirarnos, menos celebrar la independencia un día que no fue; además, si hasta las ramadas las hacemos con techo de plástico, en vez de tonadas y cuecas, bailamos reggaeton y música tropical o mexicana, y nos disfrazamos de huaso, pero no de cualquier huaso, sino nada menos que de patrones de fundo, con botines caros y espuelas de plata.

Que carretiemos como enfermos y nos encalillemos es un problema que nos cruza y acompleja. Levantamos cientos de fondas provistas de comistrajo y mucho copete para regar nuestros pensamientos haciendo aflorar nuestro patriotismo, que nace en esta fecha y ha de dormir el resto del año.

La cueca se escucha en malls y paseos peatonales. Muchos realizan el intento de aprender a bailar a última hora, sobre todo autoridades, que no en uno, sino en varios momentos hacen el ridículo, pero vale la pena. La patria perdona no sólo no saber bailar, sino estar de fiesta sin tener claridad por qué se esta de fiesta.

Seguimos el 19 con las Glorias del Ejército, nuestro gallardo Ejército vencedor, jamás vencido. Lo extraño es que muchas veces en el año conmemoramos batallas perdidas.

Está claro que ocho años de diferencia no deben alterar las celebraciones del bicentenario.

Además, en 2018 podemos crear otra magna celebración y luego capaz que nos inventemos la posibilidad de que 2023 podamos darle festividad a la Constitución de Freire escrita por Egaña… Hasta podríamos pedirles a los legisladores y personeros que nos puedan regir en ese entonces que armen una nueva Constitución y así tenemos otro motivo de celebración.

Al momento de leer usted este artículo, habrá pasado un nuevo aniversario patrio. Estaremos en la puerta de la primavera, comenzaremos a preparar las vitrinas para las fiestas de fin de año y obviamente guardaremos todo lo que nos muestra nuestro patriotismo surgido en unos días de septiembre, hasta volver el año próximo con el ritual más popular y regado de nuestra convivencia.