¿Para dónde vamos?

Posted on Julio 6, 2009. Filed under: Columnas |

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Hablar del futuro me cuesta. Creo que lo que no existe aún o no llega es difícil de predecir. Tal como escucho las noticias de las múltiples cadenas y medios existentes, que con soltura hacen predicciones en diferentes materias y temáticas. No es difícil sentir y profetizar que nos hemos transformado en seres agresivos, con el terrorismo, las guerras, los golpes de Estado, sumados a las divisiones internas de una nación y al gran racismo y clasismo, sin descontar que las religiones no mucho aportan al abuenamiento del espíritu. Por el contrario, de soslayo alientan los separatismos, limitándonos a darnos cuenta de lo interdependiente que somos unos de otros, permitiendo resumir que nuestra condición humana se encuentra en su peor etapa de descomposición.

Somos parte del problema, es verdad, pero ¿deseamos ser parte de la solución? Al parecer está la intención, pero en la práctica los hechos hablan solos. Los problemas se multiplican. Me pregunto: ¿cuál es el futuro del ser humano? O plantearse: ¿en qué momento se perdió el rumbo?

Veo la despreocupación constante por el otro y el desprecio mayúsculo que se da en muchas formas y momentos. Cuando escucho quejarse de lo mal que estamos y sólo se suman quejas y descontento, pregunto: ¿qué haces por involucrarte y salir de este letargo generacional? Por lo general, la respuesta es nula; no hay movilidad. Aceptamos lo que se nos impone, uno que otro levanta la voz y altera el ritmo pasivo y casi monótono que nos lleva a estar como ovejas de un gran rebaño, repitiendo al unísono cosas ya establecidas y escritas por otros. Simplemente tragándonos dogmas que poco nos permiten pensar.

Hace unos días murió el Rey del Pop, un ser que más allá de su condición especial de bueno en su arte dejó un tremendo manto de duda sobre su condición de extraviado. Alguien que desprecia su color de piel, desprecia su raza; de ahí se puede desprender un sinnúmero de trancas y taras; en fin, nada de sicoanalizar al susodicho, sólo lo uso de ejemplo.

Discutí con un cercano acerca de este tipo de personalidades. Él lo defendió, como si fuese parte de su familia; es más, hizo una salvedad por el legado musical versus el desgaste moral, mas no sostuvo con claridad sus argumentos, apuntando que no era quién para condenar al músico. Dejó la responsabilidad, como muchos otros, al Divino Maestro; o sea, lo más fácil; las condenas cuando me conviene o no sé cómo responder, que las vea Dios

Mi respuesta fue rápida: ¿cómo se puede avalar conductas de ese tipo? ¿La fama y el poder así lo estiman? El conocido se enfado tanto con mi cuestionamiento a su ligereza de argumentación que terminó por eliminarme de Facebook. Así vivimos, con doble moral, con doble estándar, sin atrevernos a exponer nuestros puntos de vista, por miedo a que estén errados o carezcan de fundamento. Somos capaces de justificar lo injustificable, como la acción de sentirnos pacifistas, neutros, amarillos, incapaces de tomar postura. Nos atamos de manos y lo reflejamos en nuestras formas de movernos y actuar.

Estar bien con Dios y con el diablo es una práctica habitual. Esto no sólo se observa en nuestra sociedad próxima, sino que es muy común en el ser humano, no importando el punto geográfico. ¿Para dónde vamos? Difícil saber si no somos capaces de ponernos de acuerdo al menos en temas trascendentales. La ciencia avanza, la tecnología se desarrolla en todos sus campos, pero nosotros no hemos logrado aprender a manejarnos; poco nos conocemos y, por lo mismo, nuestros desquicios se multiplican, destruimos el ecosistema, y pareciera que no es importante. Somos naturaleza y está claro que nos pensamos fuera de ella.

Si lee con detención, de igual forma se da un minuto para mirar su interior; puede que ello le permita corregir posturas, detectar sus zonas erróneas, formando un presente más armónico y por ende un futuro sin tanto caos y con mayor caridad.

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3 Responses to “¿Para dónde vamos?”

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Difícil reflexión la de hoy, pero el sistema en el que estamos es una esclavitud virtual enorme, estás amenazado de no ser contratado de ser sustituido por otros varios que pueden hacer tu pega por menos plata, tienes que quedarte hasta la hora del BiP, entonces la posibilidad de darte el tiempo de quejarte de lo que hay es nula, no te quedan fuerzas, lo malo es que nadie lo percibe.

Se ha instalado una forma de esclavitud moderna donde nadie se da cuenta de nada, hay que aceptar y ser sumiso para ser “feliz”, entonces por qué aparecen los cancer en las personas, por qué hay tantos sicóticos al volante, por qué la gente se quiere menos, se separan de sus amigos, su familia y sus afectos, no se puede vivir así, la dureza contra la disidencia es total, si no eres parte de esto estás fuera, y así la infelicidad se nutre del malestar de todos y hace que nuestras ciudades sean cada vez más opacas.

El futuro es como lo queremos hacer, pero necesitamos regenerar lo que nos falta, creer en algo, querernos más, hacerse cariño(ropa, juguetes, etc. , para querer a los otros, si no entendemos que eso es lo que nos hace vivir cada mañana será triste porque la queremos ver así.

El único que puede cambiar el futuro es uno mismo, y hay que hacerlo para estar feliz mañana.

Saludos Manuel

Estoy muy de acuerdo con el artículo y tambien con el comentario de Metamann.
Pienso que la salida del lio va por dos vias paralelas, la individual y la colectiva.
La individual pasa por una instrospeccion que nos muestre lo que es verdaderamente importante, atrevernos rechazar el consumismo y construir un modo de vida con enfasis en la felicidad y el balance hombre-naturaleza.
La acción colectiva es necesaria para producir cambios significativos de la sociedad. Se trata de descubrir que en la prision consumista, no estamos solos, sino que somos millones, que podemos y debemos unirnos para romper los barrotes.

me gusta el tema de reflexion…mi padre decia con melancolia:”es la raza la mala…” demasiadas veces me viene a la memoria esta frase…la revolucion es individual, la diferencia se hace desde que despiertas por la manana….
un abrazo, Manuel
Tati desde Mexico


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