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“Si en algún momento de mi existencia, mi cuerpo entrase en una etapa terminal y no existiera nada que pueda darme la tranquilidad a mí y a los míos de soportar ese tránsito, entonces desearía que me ayudasen a finalizar mis días. Amo la vida, la defiendo de manera permanente, me opongo a las acciones que deterioren el tener una vida digna, pero no puedo comprender que alguien que permanece diez años sin posibilidad de estar presente, en coma o en estado vegetal, deba mantenerse en esa fase. Por los que viven en condiciones normales, eso es de un gran egoísmo por no entender que el cuerpo se cansa y no hay sentido en sostener a alguien para sólo decir que respira”.
El argumento es ser “pro vida” en todas las circunstancias, eso respondió un amigo cuando pregunté por qué no dejaban que la pobre Eluana Englaro muriese tranquila. Nunca he pensado que asistir a una etapa tan trágica de la vida se pueda interpretar como si uno quisiera andar matando gente por ahí. Los estados, basados en el derecho, deben determinarlo, antes que las opiniones metafísicas de cada uno de los que componen los tribunales y se hacen parte de estas decisiones, comprendiendo que existen los derechos y las libertades de las personas, por fuera de las determinaciones religiosas.
Si no soy católico, cristiano y libre de no militar en religión alguna, ¿por qué el mundo me debe someter a sus planteamientos, muy legítimos, pero distantes a mi forma de entender la vida? Con justo respeto a sus creencias, nadie debe y puede determinar lo que es bueno. Tuve derecho a poner a dormir a mi perra para que no sufriera, ¿por qué uno debe dejar que sus seres queridos sufran hasta que ya no puedan más? ¿Para ganar el cielo? Esa decisión es para los adscritos a una corriente metafísica, con dogmas y reglamentaciones, pero los que no viven con esos rituales, ¿por qué deberían aceptarlos?
Además están los médicos, que se engolosinan con alargar la agonía, quizás por esa cosa de orgullo de no dejar que muera el paciente. Esto ya no es juramento hipocrático, es vanidad. Cuando les dices que no quieres que hagan resucitación, ni nada extra que mantenga a alguien conectado con tubos y soportes mecánicos, te miran con cara rara. Es como interponerse en su misión de ser diostores. Discutiendo el tema con un amigo cuadrapléjico argentino, partidario de la eutanasia, me decía si él deseara manifestar su necesidad de morir, tiene que ser por obligación asistido, pero entonces le niegan esa posibilidad por una cosa religiosa. Su elección libre y sin complejidades es alterada y negada. En su explicación está algo que valoro mucho: declararse partidario de querer seguir o sea hizo una opción por aferrarse a la vida, por muy difícil que ésta pueda serle a veces, pero como su opción es la vida y no altera a nadie con un deseo de eliminarse, entonces no existe nada que le sea criticable, mas tampoco está el respaldo adecuado del Estado para apoyarlo como corresponde. Pero si manifestase deseo de suicidio asistido, de seguro se haría popular.
Muchos que no tienen ni idea de cuán terrible es vivir así, estarían tratando de detener una acción libre, que involucra la voluntad de no querer seguir. Esto no se entiende y sólo se vive con discursos encendidos, que a la larga no contribuyen a quien sufre una enfermedad extrema, que está en estado de coma o vegetal; en definitiva, nunca se logra saber la realidad que sufre o soporta aquel que es una carga para los cercanos. Cuando nuestros legisladores se molestan en discutir este tipo de planteamientos tan radicales, se niegan a darle validez a la democracia. Pero cuando se les pone al frente el tema de la pena de muerte, votan en bloque y les da lo mismo el derecho a la vida. Entonces estoy asistiendo a una forma de eutanasia del pensar, del argumento válido. Escucho voces que pretenden quedar bien con los poderes fácticos sin discutir con convicciones y con debates de altura.
Creo que la eutanasia, al igual que el aborto terapéutico, en casos especiales debiese existir. El Estado debe estar por sobre los intereses y convicciones de tal o cual grupo religioso o fundamentalista, que plantea con razonamientos enfrascados en su verdad, arguyendo que así se debe actuar. Eso es para sus seguidores, no para aquellos que están al margen de sus doctrinas y lineamientos.

Los viajes siempre dejan algo. Experiencias para no repetir, otros aprenden a conocer quiénes nos reciben con agrado o nos desprecian por nuestro entendimiento de la vida. La semana pasada el Gobierno visitó Cuba. Tierra de maravillas extremas, pocos sitios pueden darse tan semejante lujo, porque sus habitantes son amables, alegres y preparados. De no ser por su Gobierno, sería una nación completa. Pero no se puede todo. Que nuestro Gobierno tuviese que visitar Cuba nunca lo entendí. La verdad, hay muchas cosas que no entiendo y si quiero explicármelas, tendré que juntar pedazos y delinear la respuesta como un acertijo.
¿Para qué visitar Cuba si no nos entrevistamos con la disidencia? Esa que denuncia el sistema autoritario de Fidel, quien por más de 50 años ha justificado su régimen con su mentada revolución. Lo único que ha logrado con esto es el bloqueo de los arrogantes del frente, sumado al sometimiento interno de quienes no piensan como el sistema. No me vengan a decir que no es verdad. El régimen es tan represivo como cualquier dictadura. Estuve en la isla un lapso suficiente como para tomar contacto con la población y enterarme de que muchas de las prácticas que más detesté de Pinochet se aplican de la misma forma. Castro llegó a dar un giro al país, pero terminó por someter al pueblo y tenerlo por casi seis décadas en una noche oscura.
Puede ser verdad lo que dice Guillermo Tellier, que nadie se traga la lengua en Cuba por decir lo que piensa, pero sí se tienen que tragar al anciano de la revolución todos los días, con una prensa manejada, donde todo se controla al más mínimo detalle, donde la policía política (G6) marca presencia en un terreno que declaran suyo. Es fácil ver lo que se desea. Resulta alentador tratar de encontrar en Cuba casi un ejemplo que desearíamos repetir en otros lugares de América, pero menos mal que no somos tan brutos, y comprendemos que la democracia, por imperfecta que sea, es mejor que la más óptima dictadura.
No por eso he de ser un fundamentalista. Discrepo de los regímenes comunistas, pero nunca a un nivel tan básico. Mantenerlos fuera del sistema democrático es hacer lo mismo que detestamos de los regímenes dictatoriales, donde los que no están de acuerdo deben irse a las mazmorras. Discrepo del diputado Patricio Walker, que toma las palabras de Teillier y hace poco menos que un juicio social de por qué no se debe ampliar la Concertación. Ignorar a sectores que están fuera del debate social no es sólo un error, sino que demuestra una miopía política gruesa.
Sabemos que el tema de los derechos humanos en Cuba es una realidad. No podemos hacernos los desentendidos. Tenemos claro que más temprano que tarde ese país volverá a conocer la libertad. No obstante, como decía al inicio, a veces me cuesta comprender por qué se toman ciertas determinaciones sobre este tipo de regímenes, que además nos fustigan dando lecciones de cómo debemos arreglar con nuestros vecinos las situaciones históricas. Es propio de Fidel entrometerse en los asuntos internacionales. Se lo aprendió a quienes mantienen el bloqueo. Como Estado soberano somos maduros para aceptar las arremetidas de algunos próceres, que tal vez producto de sus años hacen análisis fuera de la realidad.
Es de esperar que las discrepancias se tomen como eso. No creo que dé para más. A los que desean sacar partido de la controversia y desean cámara, les recomendaría ir al Festival de Viña. Es probable que los enfoquen y así tendrán su minuto televisivo, porque tanta alharaca suena a necesidad de pantalla y nada más que eso.

Ella se inclinó y beso el anillo del Pontífice, él le regaló un rosario… en otro momento de la historia, en otra vida se conocieron, se amaron y permanecieron por siempre cerca, cuando volvieron a encontrarse, sólo este fue el instante de reconocerse.
Si nos remontásemos al 270 d.c. en la antigua Roma, se encuentra en plena decadencia y el Imperio se desmorona. El emperador Claudio III, quien se juega en el campo de batalla sus últimas posibilidades de dar gobernabilidad, le da por pensar que los hombres casados rinden menos porque están emocionalmente ligados a sus familias, y que los solteros son mejor soldados. Así que prohíbe el matrimonio.
Por supuesto, la noticia no es bien acogida por un gran número de jóvenes. Valentín, un obispo cristiano, decide hacer algo en contra de la medida: incitando a los jóvenes enamorados a acudir a él en secreto para unirse en sagrado vínculo. Cuando Claudio lo descubre hace detener a Valentín e intenta convencerle para que renuncie a estas prácticas y al cristianismo. Como no lo consigue, ordena su ejecución por medio de la decapitación. Valentín es muerto el 14 de febrero. años posteriores la Iglesia Católica lo llevará a los altares e instituirá el día de los enamorados.
Cuando el amor nace como uno de las expresiones de afectividad más fuertes y que resulta difícil de entrar a definir, se entiende lo grande que es esta palabra y lo mucho que ella encierra, se dice que un minuto de amor justifica una vida, y como no cuando producto del amor se logra proseguir la creación, así estamos haciendo que la obra perfecta de la naturaleza nos recuerde que somos por esencia amor, de ese que esta vivo, que nos habita y que sin duda nos permite caminar validos de una suerte de alegría en nuestro interior para con quien hemos elegido por pareja, pero también para aquellas personas que decidimos que sean nuestros cercanos.
El día de los enamorados es también el día de los que creen y crean amor, no es sólo pensar en los que están en unidos, es aventurarse con cada uno de los que han venido alegrarnos y expresarnos felicidad.
Como dice la canción si confundes la noche con los días, o confundes tu cuerpo con tu alma, o si recuerdas los versos de la infancia, o si percibes el suspiro más débil, estas enamorado, pero como no va hacer bueno haberse encontrado con este sentimiento tan fino y pequeño, pero tan profundo y trascendente, al menos para mantener el mejor de los recuerdos, o vivir enamorándose, cada vez que me enamoro lo hago como que fuese la primera vez, es un decir de Neruda, que creo que debemos compartirlo, multiplicarlo y dar mucho más amor a los que nos rodean, a la pareja que tenemos, reencantar cada día nuestro nido, no quedarnos con la sensación de que ya logramos nuestro objetivo y el resto se ha de dar sólo, no es así, el jardín si no se riega a diario se marchita y termina por ser habitado por maleza, las cuales muchas veces al crecer no nos permitirá ver la maravilla que podemos tener al frente.
Una canción, una cena preparada por nuestras manos, un salir a caminar en otoño bajo los árboles que comienzan a desprender sus hojas, una puesta de sol, en donde se nos ilumina el rostro y pareciera que estamos dentro de una postal, un decirnos simplemente con una mirada lo cercano que estamos y lo cómplice que somos, es darle sentido al amor. No se requieren libretos y palabras estructuradas, sólo dejar que el sentimiento fluya, si lográsemos que el amor fuera quien nos rige, de seguro nuestro entorno sería más pleno y habrían mucho menos calamidades que soportar.
Deslizar una palabras acerca de lo esencial que es el Amor en nuestras vidas, siempre es grato, aunque cuando escribo del Amor no hablo de ese amor aprendido socio-culturalmente, ese amor condicionado que da sufrimiento, problemas y apegos con las personas al tratar de controlar una relación, del tipo que sea.
Tampoco, hablo del Amor devocional hacia una deidad o idea divina, esa intención que puede esperar algo a cambio, un reflejo de ese amor externo para la bendición del propio mundo interno, o sea para el bien-estar de uno mismo.
El Amor, no solo es fervor, sino además esta referido ha uno mismo. Si te amas, amas, sino has comprendido que es amarte difícil que puedas amar a otro ser.
Según Cristo dijo, “Ama a tu prójimo, como a tí mismo” y seguro estoy de que la verdadera frase es, “Ama a Tú-mismo, como amas a tu prójimo”, por que fácil es amar a tu Madre que te alimento, a tu Padre que te enseño o a tu hermano que jugó y compartió contigo. Y difícil es, amar a tu ser, el que tomó la mala decisión, el que comete el mismo error una y otra vez, el que desarrolla “malos” pensamientos, el que al hablar se equivoco, o el que al actuar obró erróneamente.
Amando al ser que eres, proyectaras amor a los demás, tomes la decisión que tomes, hagas lo que hagas, digas lo que digas.
En todo momento, se un ser de amor, al amanecer, al atardecer y al anochecer, así comenzaras a bendecir la VIDA y tu caridad llegara a los que te rodean
Si el día de los enamorados o cualquier día del año, te despiertas y descubres que puedes hacer a tu pareja más feliz o deseas trascender en tu núcleo, expresa amor, pinta en las murallas lo que es tu sentimiento por los seres que amas, grítale al mundo lo grato que te sientes, y no dejes de entregar flores sinónimo de compromiso y de amor que mantiene la naturaleza para con nosotros cuando nos deja disfrutar los colores de un clavel, de una rosa, o del verde de una hoja, otra forma de ver que el amor nos habita. Dar amor es proyectar vida, dar vida es mantener el milagro del amor.

UNA DEMOCRACIA incluyente no restringe el voto de sus ciudadanos. Lograr que los honorables se coloquen de acuerdo para que el voto sea voluntario y la inscripción automática está cerca de lograr humo blanco. Pero lo que no está en los planes de un grupo, es el derecho que puedan sufragar los chilenos que residen en el extranjero. Me produce admiración esta mezquindad cuando muchos de quienes están alegando en contra, son los mismos a los que el sistema electoral binominal les ha dado la posibilidad de ser electos con los votos de otros. Entonces: ancho para cuando conviene, pero muy angosto para cuando podría desequilibrar lo construido con una especie de trampa.
¿Por qué nos negamos a dar este derecho a quien no está en el territorio? Mantenemos el discurso de que como no está acá, no puede determinar qué autoridades regirán a los que sí habitan aquí. Como si la mayoría de los que viven en el extranjero lo están de buena onda. Conozco a un número bastante elevado de gente que vive en el exterior y lo hace con tanto o más sacrificio como que si viviera en nuestro país. Chile es de todos y para todos los chilenos, para cada uno de los hijos nacido en esta tierra y ningún decreto antojadizo ha de hacer sentir a quienes están en el extranjero como de segunda categoría. Por años negamos la nacionalidad a muchos que salieron por el exilio.
No es justo negarle a los que hacen patria en otras latitudes el legítimo derecho al sufragio universal. ¿Tan elementales somos? ¿Tan rápido sacamos cuentas y nos atemoriza que con esos chilenos puedan seguir gobernando los de siempre? ¿O creemos que no es un aporte a nuestras convicciones? ¿Dónde está la patria justa y buena que cobija a cada uno de sus hijos sin importar dónde esté? Nada. Nos llenamos la boca con el discurso cuando nos invitan a alguna colonia chilena en el exterior, pero cuando debemos integrarlos, les damos la espalda y les decimos que no pueden ser parte.
Qué pena da el Congreso a veces. Tantos señores preocupado de la pantalla, de ponerse la camisa Polo y peinarse a la gomina. Desentendido de la palabra humanidad, lejos de la palabra inclusión. Que no vivan bajo el mismo techo no significa que no sean parte de la sangre chilena; que no tengan posibilidades de nutrirse de nuestra cultura tan refinada que se transmite por las necedades de programas de televisión no impide que estén al tanto de lo que pasa en el país. Votan analfabetos, invidentes, incluso empresarios inescrupulosos que despiden a sus trabajadores, en definitiva votan por el solo hecho de estar en Chile; es como si eso los hiciera más chilenos que el que se tuvo que ir.
Sumemos al debate nacional los criterios de aquellos que pueden ser un aporte. A nuestros compatriotas en el extranjero les importa tanto o más que a nosotros lo que sucede en Chile. Cada vez que viajo y me encuentro con alguno que debió emigrar por la causa que sea, siempre está al tanto de su país, de cómo se mueve todo. Si comprendiésemos que el país no sólo debe exportar cobre y madera, sino que ciudadanos, creceríamos en muchos planos. Si fuera por algunos, desde las mujeres hasta los que visten extraño tendrían que estar fuera de los registros electorales. Así, mientras menos voten y menos se informen, más fácil es repartir el poder y los cargos de representatividad. Dejémonos de chambonadas y tratemos de entender que Chile será más grande si están todos sus hijos invitados, tanto dentro como fuera. ¿Para qué damos pasaporte y les exigimos que cada cierto tiempo concurran a renovar sus documentos, si cuando la patria les debe dar la opción de integrarse, más de algún mediocre de siempre que mantiene la posibilidad de determinar, niega a un hermano el derecho a sufragar?
Ojalá que esta etapa oscura se supere alguna vez y para siempre y los inquisidores se retiren a sus claustros, donde pasen a ser sólo notas anecdóticas del mal recuerdo, necesario para no olvidar lo trágico que hemos sido como parte de esta historia que hoy mal construimos.

Son las 16 horas del domingo tercero del mes. Mucho movimiento en el barrio, cómo no, si estoy en el sector del Forestal y los domingos son concurridos. Camino por el barrio y al pasar por el café de una amiga me encuentro que está cerrado.
No comprendo y hasta me limito a pensar que cómo alguien puede darse el lujo de cerrar en el mes que más público tiene la zona.
No obstante, observo con detención la reja del local y veo que hay un ramo de flores con un encintado negro. Me detengo con cierta inquietud y logró ver que adentro hay un hermoso arreglo floral rosado sobre una mesa en cuya superficie leo un texto dedicado a mi amiga que se corona con las siglas QEPD.
No me convenzo… Mi amiga de varios años, con quien incluso en un momento planeé crear una sociedad, se ha ido. Luego de pensar muchas cosas, me dirijo donde Claudia, la dueña del café próximo, quien de primera no me cree lo que acabo de saber. Consulta con un vecino, que le cuenta que nuestra amiga habría puesto fin a sus días ese fin de semana.
Un silencio nos cruza, no entiendo, me atraviesa un hielo por la espalda, creo que la información que estoy recibiendo no es real, sólo escucho frases cortadas y pienso en los muchos momentos en que nos topamos, las buenas conversas y discusiones que hasta nos distanciaron, aunque nunca dejamos de querernos.
Ella tenía su carácter, sí, y algo fuerte, aunque yo no me quedo nunca atrás. Trato de ver qué puede significar todo esto, despertar en otro instante, con preguntas que no tendrán respuesta y con muchas conjeturas.
A los que detienen su existir abruptamente, para dar paso a la penumbra al fin, no se les puede buscar esos porqués que sólo nos nacen pues estamos vivos.
Alguien estará pensando en la cobardía del que salta al vacío o en la valentía de su determinación, pero yo prefiero que los calificativos nazcan para otro tipo de acontecimientos.
Creo profundamente en la vida, pero de la misma forma como la defiendo, también respeto el genuino derecho de morir y darse un fin cuando en libertad uno lo determine.
Estoy claro que el legítimo derecho a vivir está consagrado en la Carta de Derechos Humanos y en las constituciones de prácticamente todos los estados, que defienden este principio básico de una sociedad.
Pero si entiendo la libertad por sobre mis convicciones metafísicas, las cuales no me deben limitar, he de comprender que también debe ser legítimo el derecho a no desear querer seguir.
Sabemos que nadie se levanta pensando en exterminarse, aunque no sabemos en qué momento a alguien se le gatilla la determinación.
Si ordenásemos mejor nuestra existencia y viésemos que detrás de la tormenta viene la calma, y que si las nubes estériles nos privan de ver las estrellas es sólo por el instante que dura el paso de las nubes, entenderíamos que todo fluye, que podemos buscar una solución al conflicto que nos eclipsa.
Es cierto que la vida es muy compleja. No me lo van a decir a mí, que andando por los caminos que he recorrido ya llevo tres amigos que se han decidido marchar en forma distinta de los que se van por una causa “natural”.
Entiendo que la vida es tan hermosa. Yo soy de los que tratan de escuchar una flor, me detengo a oír el canto de la gota de rocío o siento a la distancia el aliento de la nube que surca mi cielo. Por lo mismo, no me trato de explicar mucho por qué es de tal o cual forma la vida.
Sólo vivo, sin inquietarme mucho, sin ahogarme en interrogantes que no serán respondidas por nada y por nadie. Estoy convencido de que si dejamos que las cosas fluyan, en forma tranquila y sin tantas vueltas, llegará el día de entender lo que hoy nos cuesta comprender, producto del cansancio, del agobio, de no aceptar que la muerte danzó con nuestra amiga y que ella aceptó el baile con la parca hasta la eternidad.
De esta extraña forma de enfrentar una arista distinta de la vida también debemos saber observar. Muchas veces miramos, pero no vemos; escuchamos, pero no oímos; hablamos, pero no damos coherencia a nuestras oraciones.
Se puede ver debajo del agua, por medio de un haz de luz, por medio de tus ojos oírte con el solo hecho de sentir tu aliento, no hay que estar tan capacitado, sólo dejarnos sentir.
Siempre el momento y el tiempo se confabulan, no somos culpables de las partidas. Nunca fue por haber llegado tarde, mas tu decisión era y se tenía que concretar, no busquemos los porqués, mucho menos rasguñemos las piedras, ya que jamás encontraremos respuestas. Detener con violencia nuestra vida ha de responder a muchos factores.
¿Cuáles? No sé, no los comprendo, y de verdad no deseo preguntármelos. Sólo me queda desearte que si esto te dio plenitud y felicidad, espero que descanses en paz.

En el mundo que hemos construido, debemos generar una cantidad de recursos que por momentos no hace ofrecer poca atención a nosotros mismos y a los cercanos. Comenzamos a adoptar posturas autómatas y desechamos nuestros afectos y cariños por moda, consumismo o por mostrarnos con una serie de máscaras que no corresponden, pero necesarias para aparentar ante nuestros iguales.
Valentina y Nicolás son una pareja cualquiera, con empleos normales. En su rutina de casados han implementado una serie de acciones que permiten ciertas comodidades materiales y disfrutar de la vida como bien lo indica un sinnúmero de factores relacionados con el consumo. Van al spa, compran más ropa de la que necesitan, están en un gimnasio caro, tienen dos autos, viajan por el mundo. Todo a costa del dinero plástico. Para sus amigos y su entorno, son exitosos y felices.
Sin embargo, nadie sabe que han postergado los momentos familiares por culpa del trabajo y querer tener más. Gastan lo que no tienen para aparentar lo que no son. Valentina acaba de ser mamá y a las pocas semanas de estar amamantando, en una mañana cualquiera, se miró al espejo y le comentó al marido: “Nicoo, mis senos se empezaron a deformar por el amantamiento, se están poniendo flácidos”. Nicolás baja el diario farandulero y dice a su esposa: “Cómprate un succionador y amamantas al niño por la mamadera”. Es la mejor idea que puede recibir esta madre complicada por algo tan natural. En sus cánones no cabe verse poco atractiva. Por la carga de trabajo, tomaron padres sustitutos que suplirán complejidades que ninguno está dispuesto a asumir. Ingresaron al niño a una sala cuna (papá ficticio) y contrataron una nana (mamá ficticia) para cosas extremas como limpiar al niño y detalles lejanos y poco entendibles. Ni al papá ni a la mamá suplente se le ha estipulado en el contrato que deben dar afecto y cariño a la criatura.
Luego de unas cuantas semanas, Valentina observa que sus pechos siguen deteriorados por el tema de la leche y vuelve a pedir consejo a su pareja. Sin titubear éste le dice que corte la leche con unas pastillas que se comprar en la farmacia. Ella advierte que sin leche, el niño no tendrá cómo alimentarse. Sin problemas Nicolás acota: “Compremos una vaca y solucionamos el problema de una”. “Pero una vaca en el departamento no caería”, dice Valentina. Él responde: “Pero si las vacas se venden en los supermercados y vienen en caja”.
En esta pequeña caricaturización dejo entrever cómo el entorno está más pendiente del qué dirán y la moda que de las funciones que la naturaleza nos exige. Si bien hay dos padres biológicos, dos padres colaboradores y una madre sustituta amamantadora (la vaca), ninguno tiene presente el cariño y el afecto.
No existen nexos que nos unan con nuestro origen y nos hagan ser más humanos y más personas. No esperemos que mañana los hijos nuestros que están cerca de esta caricatura tengan malas conductas o no los entendamos. Probablemente seamos más culpables nosotros hoy por nuestras actitudes y comportamientos que el resultado al que nos veremos expuesto en el futuro, creando una sociedad, desnaturalizada y muy poco afectuosa.