Los déspotas y los prepotentes

Hace unos días discutí con una persona por su manera de relacionarse con sus pares, su altanería, prepotencia y forma déspota de hacerse valer. Estoy convencido de que la autoridad se gana y no se impone, menos si lo realizamos en forma que disminuye al otro y lo lleva a un plano de humillación. Muchas veces veo a personas que van por la vida golpeando las mesas, mostrando burdamente sus cargos o que son importantes por tal o cual razón. Lo penoso es que son seres con una inseguridad del porte de una montaña y todo el show que hacen es para reafirmarse ante sus pares.

Lo malo es que un montón de veces ocupan cargos medios, tanto en la empresa privada como en la pública y hacen del despotismo una práctica habitual, trapeando el piso con cuantos se le cruzan. Pobre de los subalternos, la secretaria o el personal a cargo, seguro los atormentarán con una frecuencia que los harán, en definitiva, ser considerados por su entorno el cabrón superior, el mala leche o el grosero. Reflexiono ante este tipo de personalidades porque siento que cada día nos llenamos más de ellos y ellas. Afloran como gremlins que con el agua se reproducirán. Estamos invadidos por este tipo de seres irritados, descompuestos, llenos de malas energías, que más encima desean que les respete y se les rinda una suerte de pleitesía. Debemos saber librarnos de ellos, aprender a no convertirnos en uno más de este club de abominables prepotentes. La magia está en saber identificarlos, neutralizarlos y terminar poniéndolos en evidencia. No podemos dejar que ellos nos dirijan, armen nuestro entorno y nos digan qué debemos hacer y cómo, porque muchas veces no tienen idea y sólo los motiva sentirse superiores. El despotismo y la prepotencia son una antigua forma de demostrar fuerza por fuerza. La razón no prima, sólo importa que el otro sepa quién soy yo.

Se percibe este tipo de comportamiento enfermizo en muchos lugares, y uno de los males de nuestra sociedad, sobre todo de los grupos de poder vinculados a la derecha, comienza a ser imitado por los demás componentes sociales. Uno de los errores de la Concertación es haber comenzado a llenarse de gente que no baja de su pedestal y se sienten semidioses.

Sin duda, debemos ser capaces de enmendar actitudes confusas, entender que quien nos acompaña en las labores, por básicas que nos parezcan, es parte importante para que el círculo esté completo. Nadie sobra y nadie es más o menos que el otro. Al final todos nacemos de igual forma y terminamos convertidos en lo mismo. Somos seres que una vez muertos entramos en una descomposición total, a ninguno le sucede algo distinto. Lo importante es que esa descomposición no la adelantemos en vida.

La prepotencia, la altanería, la arrogancia y el despotismo resumen lo básico que a veces somos y lo elemental que vemos la vida, transformándonos en autómatas que van avanzando sin entender que el entorno está compuesto por personas con sentido y sentimientos, capaces de hacernos muy grato el diario vivir. En la medida en que nosotros aportemos una cuota de querer a los que nos rodean, en que seamos capaces de expresarnos con claridad y sin gritos o garabatos que no contribuyen a la instauración de un clima armónico y de buenas vibras.

La contaminación no se compone sólo de basura y de los gases que se emanan de los distintos tipos de entidades industriales, es mucho más que esto. También se contamina cuando no somos conscientes de que vivimos en una comunidad y ella se merece el respeto de sus integrantes, los unos con los otros. Contaminamos cuando entramos en una rutina agresiva, estresante y poco acogedora con el que está desarrollando comunidad.

Creo que debemos saber deshacernos de los prepotentes, los arrogantes, los miles de déspotas que aparecen en todas partes, porque ellos no contribuyen en ningún ámbito. Deben tratarse, como dice una amiga, como adolescentes, entendiendo que es quien adolece de buena onda, de simpatía, de estar bien consigo mismo y con los demás. Seguro que lo expuesto aquí en algún aspecto le identifica, porque cerca suyo debe haber un ser tan limitado como el descrito. Es importante que sepamos neutralizarlo. Aunque si usted está en esta categoría sería interesante que se pregunte por qué ha llegado a ese límite, y comenzar a trabajar su autoconocimiento, su forma de verse para detener a ese energúmeno que le habita, comenzando a cambiar y a darle una oportunidad a nuevas formas de relacionarse.

Le aseguro que la vida le sonreirá de otra manera y usted podrá comprender que el que está al frente o a un lado es un ser humano que merece ser respetado: en esto también radica el respeto por los derechos elementales de las personas. Es hora de librarnos de la prepotencia y de la arrogancia que nos invade.

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