
La consecuencia, que es hoy una palabra fácil de pronunciar, la debo haber escuchado cientos de veces en la boca de cualquiera. Eso porque el primero que cree estar realizando algo en razón de algún convencimiento específico se arma un discurso con el autoengaño y también la omisión. Pero nada de consecuente tiene en lo que hace. Muchos van por la vida predicando con esta palabra y hablando de cuán capaces han sido para mantenerse consecuentes al tomar una decisión que involucra el bien común y el acomodo personal. Pero, ¿cuántos son realmente consecuentes a la hora de ser fieles y leales a sus convicciones, principios y predicamentos?
Hace unas semanas nos dejó el diputado Juan Bustos, del Partido Socialista, un hombre de leyes, un ser humano justo en la medida de sus posibilidades, una persona consecuente y capaz de sobreponerse a sus intereses por el bien colectivo. Defendió causas de derechos humanos y no creo que le fuera fácil haberlo hecho. Porque más de un mal rato le debe haber tocado. Después de todo, no llevaba a los tribunales de justicia a ciudadanos comunes, sino a Manuel Contreras, uno de los generales a los que la historia recordará entre los más siniestros de nuestra historia. Bustos marca una etapa de nuestra historia y deja una profunda huella de consecuencia y lucha, que será una referencia ineludible al hablar del respeto de los derechos humanos en nuestro país y el mundo.
En estos días nos dejó otra luchadora, mujer que traía en su ADN una entrega real por los más postergados, esos que esperan el transcurrir de los tiempos. Política de vocación, diputada con sello propio hasta el golpe de 1973. Siendo muy joven Carmen Lazo logró un escaño en la Cámara y por tres períodos logró sentarse en su sala. Actuó de forma consecuente y sin titubeos, incluso cuando fue detenida y torturada por anónimos que en la actualidad todavía deben habitar en algún rincón del país, aún impunes. No bastando los vejámenes, también fue exiliada. Sí, porque muchos compatriotas partieron al destierro. Para mirar adelante, debemos tener clara la historia próxima.
Esta luchadora volvió a Chile, como lo hicieron muchos hermanos que habían partido obligados. Otros prefirieron no hacerlo, mantienen la nostalgia del ayer y permanecen desterrados. Ella decidió volver a esta patria buena, que la esperaba y necesitaba. Ella estuvo dispuesta a trabajar por su norte, ser parte de la Comisión de Solidaridad. Nunca olvidaré cuando la recibimos en la residencia Cardenal Caro, a principios de los ’90, junto a la distinguida Malú Gatica, dos grandes en sus áreas. Ella nos habló de nuestra sociedad, de lo que debíamos ser como parte de un pueblo al que siempre todo le había costado, de que mirásemos el futuro con optimismo y entereza, porque no todo lo que se aproximaba sería fácil. Usando nuestras capacidades lograríamos sacar a Chile del letargo y la amargura. Con palabras simples, pero cargadas de significado, comencé a conocerla no sólo a ella, sino a un puñado de chilenos que sabía qué era ser consecuente, en qué momento estar en el campo de batalla posponiendo planes de vida por el bien común. Pucha que faltan Juan Bustos y Carmen Lazo.
Ahora nuestros líderes políticos -no todos- se han transformado en seres que viajan y viven con la calculadora electoral. Los fundamentos del discurso no importan, siempre buscan primero el bienestar propio y luego si hacen algo por el otro. De consecuencia, nada. Sólo palabras estériles, proyectos que muchas veces no se entienden. Pareciera que sólo desean cumplir por cumplir. ¿Dónde está la mística partidaria? Estuve en la Junta de la DC y parecía igual que hace 20 años. Los mismos discursos prefabricados, los mismos sabios de siempre hablando para los ’90. Y eso no pasa sólo en ese partido, sino en el Socialista, el de Juan Bustos y Carmen Lazo. Ni hablar del PPD, RN o la UDI, que carecen de fundamentos ideológicos, se formaron para dar solución a lo mediático, al día a día, pero ¿dónde radican sus principios y fundamentos? Tenemos una casta política que no va de frente, a los que incluso cuando les preguntan si son políticos dicen que no. Qué inconsecuencia, qué falta de creerse más el cuento. Por eso, cuando se van seres como la Negra o Bustos, uno se debe preguntar quién en este circo está preparado. En las próximas elecciones escucharemos a muchos hablar y prometer, pero somos nosotros los llamados a informarnos y no entregar un voto porque sí.
La política debe ser siempre un vehículo que posibilite hacer el bien común, imitando a seres de consecuencia como Juan Bustos y Carmen Lazo, que entraron en la historia y servirán de referencia en muchas ocasiones para aquellos que todavía permanecemos en esta patria y deseamos construir un mundo más justo y consecuente.





