Archivos mensuales: Agosto 2008

La consecuencia, que es hoy una palabra fácil de pronunciar, la debo haber escuchado cientos de veces en la boca de cualquiera. Eso porque el primero que cree estar realizando algo en razón de algún convencimiento específico se arma un discurso con el autoengaño y también la omisión. Pero nada de consecuente tiene en lo que hace. Muchos van por la vida predicando con esta palabra y hablando de cuán capaces han sido para mantenerse consecuentes al tomar una decisión que involucra el bien común y el acomodo personal. Pero, ¿cuántos son realmente consecuentes a la hora de ser fieles y leales a sus convicciones, principios y predicamentos?

Hace unas semanas nos dejó el diputado Juan Bustos, del Partido Socialista, un hombre de leyes, un ser humano justo en la medida de sus posibilidades, una persona consecuente y capaz de sobreponerse a sus intereses por el bien colectivo. Defendió causas de derechos humanos y no creo que le fuera fácil haberlo hecho. Porque más de un mal rato le debe haber tocado. Después de todo, no llevaba a los tribunales de justicia a ciudadanos comunes, sino a Manuel Contreras, uno de los generales a los que la historia recordará entre los más siniestros de nuestra historia. Bustos marca una etapa de nuestra historia y deja una profunda huella de consecuencia y lucha, que será una referencia ineludible al hablar del respeto de los derechos humanos en nuestro país y el mundo.

En estos días nos dejó otra luchadora, mujer que traía en su ADN una entrega real por los más postergados, esos que esperan el transcurrir de los tiempos. Política de vocación, diputada con sello propio hasta el golpe de 1973. Siendo muy joven Carmen Lazo logró un escaño en la Cámara y por tres períodos logró sentarse en su sala. Actuó de forma consecuente y sin titubeos, incluso cuando fue detenida y torturada por anónimos que en la actualidad todavía deben habitar en algún rincón del país, aún impunes. No bastando los vejámenes, también fue exiliada. Sí, porque muchos compatriotas partieron al destierro. Para mirar adelante, debemos tener clara la historia próxima.

Esta luchadora volvió a Chile, como lo hicieron muchos hermanos que habían partido obligados. Otros prefirieron no hacerlo, mantienen la nostalgia del ayer y permanecen desterrados. Ella decidió volver a esta patria buena, que la esperaba y necesitaba. Ella estuvo dispuesta a trabajar por su norte, ser parte de la Comisión de Solidaridad. Nunca olvidaré cuando la recibimos en la residencia Cardenal Caro, a principios de los ’90, junto a la distinguida Malú Gatica, dos grandes en sus áreas. Ella nos habló de nuestra sociedad, de lo que debíamos ser como parte de un pueblo al que siempre todo le había costado, de que mirásemos el futuro con optimismo y entereza, porque no todo lo que se aproximaba sería fácil. Usando nuestras capacidades lograríamos sacar a Chile del letargo y la amargura. Con palabras simples, pero cargadas de significado, comencé a conocerla no sólo a ella, sino a un puñado de chilenos que sabía qué era ser consecuente, en qué momento estar en el campo de batalla posponiendo planes de vida por el bien común. Pucha que faltan Juan Bustos y Carmen Lazo.

Ahora nuestros líderes políticos -no todos- se han transformado en seres que viajan y viven con la calculadora electoral. Los fundamentos del discurso no importan, siempre buscan primero el bienestar propio y luego si hacen algo por el otro. De consecuencia, nada. Sólo palabras estériles, proyectos que muchas veces no se entienden. Pareciera que sólo desean cumplir por cumplir. ¿Dónde está la mística partidaria? Estuve en la Junta de la DC y parecía igual que hace 20 años. Los mismos discursos prefabricados, los mismos sabios de siempre hablando para los ’90. Y eso no pasa sólo en ese partido, sino en el Socialista, el de Juan Bustos y Carmen Lazo. Ni hablar del PPD, RN o la UDI, que carecen de fundamentos ideológicos, se formaron para dar solución a lo mediático, al día a día, pero ¿dónde radican sus principios y fundamentos? Tenemos una casta política que no va de frente, a los que incluso cuando les preguntan si son políticos dicen que no. Qué inconsecuencia, qué falta de creerse más el cuento. Por eso, cuando se van seres como la Negra o Bustos, uno se debe preguntar quién en este circo está preparado. En las próximas elecciones escucharemos a muchos hablar y prometer, pero somos nosotros los llamados a informarnos y no entregar un voto porque sí.

La política debe ser siempre un vehículo que posibilite hacer el bien común, imitando a seres de consecuencia como Juan Bustos y Carmen Lazo, que entraron en la historia y servirán de referencia en muchas ocasiones para aquellos que todavía permanecemos en esta patria y deseamos construir un mundo más justo y consecuente.


Cada día veo cómo mi entorno se llena de desmotivaciones, desde el mundo de la política y la religión hasta aquel de la cotidianidad de estar en un ambiente muy estresante y demasiado alterado. Cuando no se logra equilibrar la vida personal y familiar, ese problema repercute también en el ambiente laboral y es así como comienza una cadena de acciones.

Existen muchas razones para que se dé este tipo de males, como un trabajo que no nos hace sentir cómodos, con una remuneración inadecuada. Establecemos malas relaciones con los colegas, la sobrecarga en comparación con otros que ocupan cargos bien remunerados y hacen la mitad del laburo -los llaman apitutados- que tampoco son los más motivados pero ayudar a desmotivar. Es relevante enfrentar la desmotivación, porque una persona desmotivada puede contaminar su entorno.

Está claro que el círculo cada día es más fuerte y amplio. Eso nos lleva a una especie de desprecio por el entorno. Sin embargo, siempre podemos hacer algo. Si somos parte del problema, también seremos parte de la solución. Recuerdo el slogan Piensa positivo, también el Si es chilenos es bueno. Sólo uno es quien puede dar un vuelco y no mirar noticiarios llenos de calamidades y fatalidades, porque estos desmotivan. No hace mucho escuchaba a un amigo decir: “Pero para qué seguir si todo esta mal”, después de ver Chilevisión. Pero esa no es la realidad y puede ser mucho más cruda de lo que se escribe en un diario o se ve en TV. Pero no es nuestro mundo, el que nos corresponde experimentar.

No vamos por la vida siendo asaltados, asesinados, violados o entregados a la mala racha, víctimas de miles de delincuentes, también existen primaveras para enamorarse, de la misma forma que están los veranos cálidos y sin tanto smog. Somos parte de un entero, nosotros podemos cambiar el ritmo a la vida. Es tan fácil quedarse con rabia, pero de igual forma es fácil pedir disculpas si es necesario. Parece que nos resulta ver el vaso semivacío y lo que siempre decimos: “El resto es el que tiene la culpa”. Así no es la vida y lo sabemos.

Cuando logré entender que la vida es naturaleza y tiene un sentido tan profundo, comencé a cambiar mi ritmo. Marco mi propia velocidad, me rebelo, me salgo del esquema tradicional, de la cosa fácil, de ser del montón, y vivo otra forma de entender en qué estoy, para dónde voy, cómo puedo hacer y rehacer las cosas que se han destruido en mi entorno, deshacerme de lo que no es sustancial y dar importancia a las cosas que lo son, como tener más amigos, amar a los cercanos, ser sin limitaciones.

Si uno es capaz de renunciar al pasado lleno de miedos y mentiras, se estará dando un paso trascendente, con nuevos actos paradigmáticos que nos hacen ver el mundo con aprecio. Se deja de lado la desmotivación que invade y por ende desaparecerá el desprecio por el todo. Escucho muchos comentarios todos los días, en los cuales una proporción no menor exhiben múltiples desmotivaciones. Resulta casi una constante que afecta a todos los sectores de nuestra sociedad. Estamos próximos a una elección municipal y más de dos millones de jóvenes no se inscriben, sin importar qué opinen está el factor de la desmotivación que causan los políticos y con eso nace el desprecio.

Sucede algo similar con la religión, en la Iglesia Católica muchos confiesan ser parte pero se desmotivan por el clero y cada día hay más agnósticos, muchos que además muestran recelo hacia las jerarquía. Algo está sucediendo, ¿será parte de la crisis que sabemos que existe, que hemos detectado pero no sabemos cómo frenar y seguimos permitiendo que nos invada?

Esperemos ser la luz en medio de la oscuridad, un ejemplo en medio de los otros, motivarnos por sobre el resto para alcanzar a nuestro cercanos, a nuestra familia, a nuestro entorno, para que volvamos en algún momento a entonar esa parte de la Himno Nacional que dice: “Es la copia feliz del Edén”.


Vuela y no te detengas jamás
no mires el pasado
que es el que nos hace titubear.
guía tu presencia hacia el sol primaveral,
mira que tu vida debes saberla encaminar,
entre la tormenta y la noche
sin darle tregua a la depresión infernal.

Vuela sin detenerte más,
aunque tengas que saltar grandes vallas.
Sabes que al final tendrás tranquilidad;
si que importa que hoy pienses que estás perdido,
cuando tu verdad es diferente al que dirán.

Muchas veces nos han engrupido
diciendo que no nos preocupemos,
que todo es parte de la rutina del avanzar,
más nos damos cuenta que sino estamos atentos
la noche nos llega junto al frío otoñal,
quedamos solos sin saber que vendrá.

El vuelo es pesado, la brisa fatal
las alas se mojan cortando el andar,
el tiempo se alarga hasta el final;
por eso atento es tu oído,
alerta es tu caminar,
abiertos tus ojos, sin parpadear.
Mira que muchos traidores
nos trataran de engañar,
mostrando los dientes
de la sonrisa infernal.

Vuela ahora que puedes,
hazlo lejos de esta mierda terrenal,
mira que todo lo que esta abajo,
estremece las conciencia y huele mal.
Vuela sin detenerte más,
ya otros lo han hecho
y con gran alegría han logrado paz.
Tú también puedes guiar tu faz
hasta el sol primaveral,
en donde el odio es historia
y la envidia un mal terrenal.



Comienzo a escribir esta columna el 8 del 8 de 2008, a las 8 de la noche; es decir, en función de la hora de inicio de los Juegos Olímpicos de Beijing, juegos que se remontan a la Grecia antigua.

Jamás olvidaré mi visita al estadio en Olimpia: escuchaba el brindis de la Traviata cuando un amigo me dijo: “Sabes que en la que te sentaste es una piedra de las graderías donde el público presenciaba la entrada de los competidores a este estadio”. Fue como si me hubiese remontado en el tiempo.

Hoy, los juegos se hacen en sitios a veces cargados de simbolismo e historia. Es el caso de Beijing, uno de los bastiones más antiguos de la humanidad. Esta China de más de mil 400 millones de habitantes será por unas semanas sede del importante acontecimiento, la misma que también alberga no por semana si no décadas, uno de los regímenes que menos respeta los derechos de las personas.

Amnistía Internacional publicó el 23 de mayo su informe anual, donde evalúa los derechos humanos a nivel mundial e informa que China está entre los casos más preocupantes. Nada sorprendente si no fuera porque hoy es la sede de los juegos, aunque los líderes chinos han ofrecido revisar las condenas a muerte y disminuir las restricciones a los periodistas extranjeros.

Pero estas mejoras no son lo que parecen. Están eclipsadas una mayor intolerancia. El control del periodismo local y de internet se está intensificando. En su última evaluación, AI descubrió que se extiende el uso de arrestos domiciliarios y detenciones sin juicio, al menos en Beijing.

Cómo el Comité Olímpico Internacional puede dar crédito al régimen chino, si en su carta establece: “El Olimpismo busca crear una forma de vida basada en la alegría que reside en el esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales”.

En septiembre de 2006, AI expresó su decepción ante las autoridades chinas y el COI respecto del básico progreso que China estaba haciendo. Para variar, el régimen ignoró el informe y cuando se le preguntó en una conferencia, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Qin Gang, acusó al organismo internacional de “estar contra China” y “politizar” los juegos.

En medio de los preparativos, 21 premios Nobel llamaron al régimen chino a deponer la represión. “Nosotros deploramos y condenamos la violenta represión del Gobierno chino contra los manifestantes tibetanos”, afirma un llamado a la iniciativa del Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel.

Pero ese mes se dio otro acto de represión de la policía contra monjes tibetanos en Lhasa, tema mantenido bajo cuerda, prohibiendo informar a los medios. Una irracionalidad brutal que comenzó a ejercerse sobre la población tibetana el 14 de marzo, después de manifestaciones de los monjes que reclamaban respeto por sus tradiciones y mayor autonomía. La represión fue inmediata.

Los manifestantes fueron detenidos y los periodistas extranjeros, expulsados. Una versión oficial comunica que las autoridades contabilizaron 19 personas muertas, asegurando que la situación estaba controlada. Pero meses después, la situación no ha mejorado.

Los opositores tibetanos lograron filtrar al mundo informes que hablan, sólo en aquella semana de disturbios, de más de 130 muertos. En muchas partes la llama olímpica debió ser custodiada. Manifestantes de distintas ciudades levantaron su voz en rechazo a este y otros casos que ponen en evidencia la falta de respeto del régimen chino contra su gente y el Tíbet.

Guardo un profundo respeto por el pueblo chino, sus tradiciones, su cultura milenaria, y por la nación autónoma que debe llegar a ser el Tíbet. Pero siento desprecio por los regímenes autoritarios que se escudan en la mentira, el odio, la muerte y justifican que son ellos los que pueden sacar de la desgracia a este pueblo, sabiendo que son los únicos que han impuesto sufrimiento.

Esperemos que los juegos sean capaces de entregar una luz de esperanza a los miles que habitan ese país tan maltratado y que el mundo sepa levantar la voz ante los abusos.


La Izquierda Chilena es resentida. Cómo no. Le han dado tan fuerte y si aún está en pie es por su obstinación y espíritu de querer dar la batalla. Espero que no se lea como una especie de oda a la izquierda, porque estoy claro que muchas veces el oponente hace las jugadas necesarias para ir en descrédito de este sector de la balanza y en el tablero siempre gana el que es capaz de ocupar de mejor forma todas las piezas, no sólo preocuparse de salvaguardar al peón o al rey. Por otro lado, la DERECHA, esa que jamás ha llegado al poder de no ser por un golpe de Estado, que si bien tiene el poder económico, de seguro su no saber gozar de la vida, ser más papista que el Papa y rasgar vestiduras con una sotana manchada, la hacen ver como la amargada de la historia.

La izquierda es resentida y la derecha amargada. También agregaría otro tipo de definición: los de izquierda son intelectuales (no todos). Por el contrario, los opuestos son los entregados a las cosas más triviales, en vez de leer un libro esperan ver una película, se ubican donde no haya que pensar mucho, dejando que los otros actúen aunque no lo hagan del todo bien porque al final qué importa, cuando el bolsillo está tranquilo, total desigualdades va a haber siempre, algo muy instalado en la derecha. Una derecha despreciativa de la expresión cultura.

En la dictadura de Franco se construyeron museos. La cultura tuvo un repunte y un florecimiento en el último período de su régimen. Con ello no estoy diciendo que Franco fuese un intelectual, pero se dio cuenta de que esto era bueno para mantener tranquilo a los subversivos y a la chusma, al menos tenían un punto donde expresarse. En cambio en Chile, la dictadura (de derecha) prefirió llenar de malls y educar para el consumismo. La izquierda trata siempre de abrir espacios a la expresión cultural, donde lamentos, miedos, frustraciones y rabias puedan brotar y dejar en el consciente colectivo una enseñanza. El resentimiento siempre tiene un punto de expresión.

La derecha pocas veces se expresa, espera que otros lo hagan. Usa y se hace parte de instituciones que tienen programas prestablecidos, donde vivir el gozo de la vida es limitado, darse gustos y dejar que todo fluya es frenado por un espíritu que internamente amilana, en definitiva la amargura es algo que les acompañará siempre. Este decir de la derecha e izquierda es antojadizo. Muchos de los que leen estarán pensado en qué volada me fui, porque escribo de esta manera, pero pienso que cuando uno logra analizar las muchas libertades castradas por la derecha, debe ser porque les agrada ser amargados, tienen un afán por vivir la vida en forma poco alegre, siendo desgraciados hasta en sus contiendas electorales. Al frente la izquierda abraza muchas banderas libertarias y cuando va por la calle gritando victoria una bala loca o un golpe encubierto le castra el proyecto que desea implementar.

El centro es como la niña bonita de la fiesta, pero no existe, porque cada uno de los que se quiere apoderar de él sabe que tarde o temprano estará actuando como un ser de derecha con predicamentos de izquierda. El centro es aspiracionalmente donde muchos desearían estar y cuando izquierdas o derechas se ven perdiendo espacios y adherentes recurren al viejo grito de guerra: somos moderados que nos acercamos al centro para dar conformidad a la clase media, la clase de centro.

Muchas veces he escuchado a personas que se definen de derecha como una forma de crear estatus, aborreciendo a la izquierda porque ella se encuentra conformada por el pueblo. Por otro lado, hay un grupo que se define de izquierda porque se siente desclasado. En definitiva, ni lo uno ni lo otro, somos parte de una nación, ojalá pudiésemos practicar la tolerancia, entender que no podemos ser ni amargados ni resentidos, si no aprender a vivir felices armando la historia como es y no acomodándola a nuestro afán o conveniencia. Difícil es cuando unos han dañado el alma del pueblo y los otros han usado esta misma alma para levantar una consigna que confunde y en momentos nos deteriora.

Puedo sentarme acá y admirar el firmamento,
puedo cambiar de postura, si a alguien yo molesto,
puedo cantar mis canciones para grabar emociones,
puedo cortarme las venas y acabar con este cuento.

Deseo corregir la cola del cometa prisionero,
deseo conocer la aurora en el desierto,
deseo sacudir las olas de un estero,
deseo decirte ¡ hola! cuando vayas saliendo.

Debo barrer todo aquello que ensucia lo bello,
debo encender los focos que iluminan la luna,
debo extender mi mano para proteger a la hembra,
debo derribar estos árboles para que de frutos la siembra.

Espero que más temprano que tarde se vaya el smog de la alameda,
espero que de su trono el hombre no imponga tragedia,
espero que los niños eleven volantines en primavera,
espero que la Paz sea más poderosa que la guerra.