Es una patraña que seamos pluralistas y tolerantes. La nuestra es, sin duda, una de las sociedades más discriminadoras. No vengan a rezar con el cuentito ése de que acá somos todos iguales y nadie está por sobre el resto. No puedo dejar de pensar en el caso de los carabineros homosexuales que fueron capaces de asumirse ante el país y, de pasadita, dejar en claro que su institución tiene complejos que no la dejan a la altura de una sociedad civilizada, juzga a las personas por su actuar en la cama, no por su profesionalismo con el uniforme. Los gays no son anormales o extraterrestres, son iguales al resto. Sería bueno abrir debates como éste y darnos cuenta de que si creemos en la diversidad, debiéramos practicarla en un amplio sentido, sin discursos para quedar bien con quienes escuchan y al final actuar de modo represivo.
Hace unos días, asistí al funeral de un amigo, homosexual declarado. Con todo lo que eso conlleva, durante más de cinco años tuvo una pareja que en los momentos finales estuvo junto al lecho de muerte, pero no pudo estar cerca en el sepelio, porque la familia se oponía a la relación. Y como el difunto ya no podía defenderlo, el viudo fue apartado. De esta manera, la familia desconocía que, en vida, su hijo había determinado libremente mantener ese lazo.
El viernes 12 se conmemoró otra vez el mal llamado descubrimiento de América. Un puñado de españoles vino a colonizarnos con intervenciones malformadas, como una religión que se dedicó a someter a los nativos a absurdos hechos ley. Quién no se convierte si le ponen adelante un Cristo y le dicen o eres de los nuestros o te hacemos lo mismo que al flaco. Los indígenas aceptaron los preceptos, pero aún así sufrieron una discriminación feroz que hasta hoy existe. ¿O usted nunca se ha ofendido cuando alguien le grita enrabiado indio de m…? Que alguien nos diga indios se cataloga como un insulto y aunque hacemos leyes para apoyarlos y para que se sientan integrados no lo logramos, porque cada día los vamos restringiendo a su mínima expresión, hasta que sólo son parte de una postal o de los montajes que se hacen para los documentalistas extranjeros, porque no me digan lo contrario: sé que para el 12 de octubre, los mapuches marchan por la Alameda y no los acompaña nadie, quizá uno que otro gringo despistado. Además, que un día un indio llegue a ser Presidente… Dios nos pille confesados, dirían bastantes.
Si sigo pensando en los muchos grupos que son víctima de discriminación, en las personas que en su trabajo se aíslan por ser diferentes o en los padres que hacen sentir a un hijo más destacado que a los otros. El problema lo debiésemos atribuir a nuestra formación cultural, a nuestra conciencia de lo que somos y respetamos. Siempre he creído que si en mi querido país vivieran más personas de color, aún habría esclavitud. El complejo es tan notorio que es parte de la idiosincrasia que llevamos impregnada. Desde chicos nos vemos llamando a nuestros semejantes por apodos que se apoyan en los defectos que les atribuimos, para peor lo aplaudimos y hasta creemos que es simpático, pero no nos damos cuenta de que estamos haciendo que alguien se sienta mal porque lo sometemos a escarnio público por su condición, aspecto o conducta.
La tolerancia es lo que falta, el respeto verdadero hacia el otro es lo que nos hace crecer y darnos cuenta que los derechos fundamentales del hombre y la Constitución garantizan que todos nacemos iguales. Pero los usos discriminatorios quedan fuera de las reglamentaciones que como sociedad hemos convenido.
Entonces sería prudente que instituciones como las Fuerzas Armadas fueran capaces de mirar con altura y no quedarse en la opción sexual. Ahora dos carabineros se vieron obligados a salir del clóset, pero sin duda hay muchos más. Después de esto se mostrarán cómo son, pero seguiremos llevando máscaras para contentar a los limitados de espíritu que no se dan cuenta de que al frente hay un ser humano al que mañana no se le recordará por las parejas que tuvo, si no por el aporte que hizo a su institución o a su patria