Archivos diarios: Julio 6th, 2008



Después de los 80 años todos los seres vuelven a ser buenos. No he visto un anciano que tenga malos propósitos y fuerzas para desarrollar una acción desmesurada. Los ancianos después de los 80 son dóciles, llenos de sabiduría, un ejemplo a seguir para las futuras generaciones, personalidades que ojalá no nos abandonen, porque dejarán un vacío difícil de llenar. Esto debe suceder porque están próximos a la muerte y, como bien sabemos, no hay muerto malo, todos son seres que pasaron por esta vida realizando buenas obras y cumpliendo propósitos que los han llevado a un sitial que la historia ha de recordar.

En el campo santo se vierten miles de buenos resúmenes del que partió. Es como un bautizo lleno de augurios para el que parte a recorrer la vida. Paradójicamente ambos parten: uno a recorrer y otro a la eternidad. Uno puede llegar a ser “un hijo de su madre” y el otro probablemente en sus mejores días lo fue, pero llegó a la edad senil… Los octogenarios son seres llenos de virtudes, si hasta parece que el rostro se les hace más tierno y dentro de sus arrugas dejan ver lo enternecedores que se han vuelto. No podríamos ver a un anciano e imaginarnos un mal hombre en su vida juvenil o adulta. Nuestros ancianos son todos intachables, jamás le hicieron mal a nadie ni dañaron con una palabra soez a su prójimo. Son la perfección de la creación, si hasta a Dios lo figuramos como un eterno anciano, que en ningún momento erró, aunque sabemos bien que en algún momento creó la mierda de mundo en el que vivimos y lo debió realizar antes de las barbas blancas y la cara amorosa que lo representa en los frescos de muchas iglesias.

Pero volvamos a nuestros amables y muy reconocidos ancianos. Ellos que sin duda nos heredan un mundo de grandes beneficios y muy pocos conflictos, placentero espacio para hacer una vida plena. Nuestros ancianos son sin duda los sabios que nos ha legado una historia, llena de hermosas acciones y un entorno armonioso. Llevémosles en el recuerdo y hagamos lo que ellos hicieron, farreémonos nuestro legado, caguemos la existencia y pensemos en nuestro básico universo. Total, mañana tendremos sobre los 80 y sin duda muchos nos pondrán como ejemplo a seguir. Miren que hasta Fidel hoy se ve bueno, para qué decir Erich Honecker, quien murió en nuestro país, y tan anciano y cansado que se veía. Si el mismo Augusto Pinochet se ve tierno, hasta de broma hemos asumido decirle “el Tata”. Para qué hablar de su esposa, tan llena de caridad y buena persona que se ve hoy. Para qué hablar de Paul Schäfer, que está tan a maltraer por los años y su pelito que se agita al viento mientras es trasladado en silla de ruedas a los tribunales de justicia. Ojalá no les falte nada en estos días de dolor e incomprensión. Seres tan llenos de virtudes que hasta el más vil de los cretinos, antes de arrancarles los ojos, ha de pensar en lo amable y lleno de emotividad que se ven a esa edad. Sin duda los años hacen que el olvido se acerque y las malas acciones se transformen en cosas de la inexperiencia del momento erróneo que les tocó vivir.

Nuestros ancianos, que por una cosa de convencionalismo y cambio de figura gramatical llamamos los miembros de la tercera edad, nada de viejos, porque es despectivo tratarlos de esa forma, ellos sin duda se las jugaron para que estos cambios convencionales se dieran. Estos seres que viajan con un ataúd a la espalda o próximos a dormir en uno de ellos, son los que se merecen nuestro respeto y sobre todo preocupación especial y dedicación. No desespere si tiene un octogenario cerca, dé gracias a Dios y créame: son como un angelito en formalina, que da luminosidad a las casas. Ya se acordará de mis palabras el día que lo haya despedido para siempre. Después de todos esos discursos llenos de pasión y sentimiento, verá que en cada uno de nuestros hogares vivieron seres santos, dignos de elevarlos a los altares. Nuestros ancianos, probablemente muy hijos de su madre en otros momentos, pero hoy una bendición que debemos cuidar.