HIJOS NO DESEADOS



El fin de semana, conversando con una amiga me preguntó por Carlos y su paternidad. Él es un amigo que -pensé en algún momento- cuando fuera padre sería un papá moderno, de poco contacto con su hijo, las nanas lo suplirían en esa parte complicada de los niños, quehaceres domésticos como cambiar los pañales o acompañar a su pareja en las consultas médicas y todo aquello que esta sociedad machista encarga a las madres. Pero en buena hora me equivoqué: es un padre presente, ocupado tanto como la madre de las labores paternales. Ellos planificaron y desearon a su hijo; éste es producto de una relación que se ha materializado y consolidado en el tiempo. Su hija es producto del amor, no de la calentura o de un domingo 7 inesperado.

También comentamos la conducta de otro amigo, papá casi en el mismo momento que Carlos pero sin estar casado ni vivir con la madre de su hijo. El niño nació por no tener un condón. Este amigo no tiene para nada asumido el concepto de estar hasta en las mamaderas o la muda: es tarea de la madre. Posiblemente entender la paternidad en su amplia forma le causa complicaciones que le hacen no tener clara que la afectividad y el vínculo paternal se construyen no sólo con caricias o besos, también realizando acciones domésticas como el cambio de pañales o la comida en horarios fijos. Hay niños que lloran y complican la noche. Es parte del complejo mundo de la paternidad, pero cuando el hijo nace de una relación apresurada, no programada y por una calentura, será un niño no deseado.

Los hijos no deseados no son prioridad para los padres, sino una alternativa que trae cambios de programación, asumir otras responsabilidades, proyectar el resto del camino con un tercero. Ya no soy yo y mis circunstancias, desde ahora soy yo y este tercero que llega a invadir un espacio que no tenía planificado para alguien. Es la complicación o el castigo por nuestra falta de precaución, de visión, de moderación. Hace un par de semanas se hizo patente el tema de la anticoncepción y entró como una gran discusión, muchos de quienes salieron por la concepción seguramente nunca habrán realizado este tipo de análisis, jamás se atreverán. ¿Cómo ir contra lo establecido? ¿Cómo estar contra el derecho a la vida? ¿Se habrán alguna vez preguntado la cantidad de hijos no deseados que viven y conviven con nosotros, la cantidad de seres que nacen incompletos de afecto y preocupación, que pasarán por esta vida con la angustia de nunca entender cuál fue el fin de venir?

Un hijo no es una especial relación sanguínea. Siempre los adultos estamos viendo que nuestros hijos son los que están mal, los que no comprenden el mundo en toda su plenitud, viven soñando y no ponen los pies en la tierra, pero -claro- nosotros estamos preparados y en lo correcto, somos capaces de exigir que se comporten de tal manera; hemos construido un mundo mediocre, donde no está lo mejor de lo nuestro; somos perfectos imitadores de nuestros antecesores. Con esos ejemplos de vida, queremos aleccionar a los que están partiendo, sin dejar que ellos vivan y conozcan para dónde va el ritmo de la vida. Muchos nos sentimos lejanos de los regímenes autoritarios, pero en cada uno de nuestros hogares estamos implementando pequeñas dictaduras familiares, que atan, complican, amilanan y destruyen el normal convivir. Creemos que imponiendo normas mal formadas nuestros hijos dejarán de hacer lo que a nosotros no nos gusta o nos gustaría hacer pero que la sociedad llena de culpas nos obliga a creer que son malas. Cuántos adultos castrados, cuántos hombres que han desaprovechado sus cuerpos y han dado cabida a seres viejos, deteriorados, incapaces de comprender, compartir y estar en definitiva más cerca de sus hijos, pareja y entorno.

Ojalá que muchos Carlos se reproduzcan y se entreguen por completo a sus hijos, sin tantas prohibiciones y más actos de comprensión y amor. Preocuparse no es sinónimo de pagar y poner la plata para que los requerimientos materiales estén, preocuparse es estar siempre y siempre es hasta después de nuestra partida.

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