
Santiago no es Chile. Pero a la hora de los intereses cruzados la comuna se hace importante.
La Concertación la perdió a manos de la derecha cuando Joaquín Lavín se impuso por amplio margen ante su contendora, una mujer democratacristiana que fue muy poco respaldada por sus correligionarios.
Luego llegó Raúl Alcaíno, que recibió una herencia que pocos desearían: un municipio casi quebrado, con deudas extremas, aguas vendidas y sobrepoblación funcionaria.
Lavín había hecho las cosas más extrañas: desde una playa a las orillas del Sena criollo hasta una zona de nieve artificial. Alcaíno ha sido algo así como un hechicero: si no es brujo, le falta poco y no lo digo de modo peyorativo.
Sólo un brujo arregla los pasteles de alguien que de administración mostró poco. Con casi nula aparición, sólo se ha abocado a sanear la oficina.
Hoy se abren las eventuales candidaturas. Todas aún han de ser ratificadas por los partidos, ojalá con primarias, para saber en forma real quién es el o la más representativa. Comparto la propuesta de Marcelo Trivelli.
A él la Concertación se lo farreó la vez pasada. Antes de seguir, permítanme decir algo que me confunde y molesta: eso de poner la típica frase la gente me lo pide. Dejen de usar esos dichos trasnochados. Si el partido es quien instala al mejor o al que está a mano.
Pero eso de que los vecinos lo piden o que un grupo de intelectuales firmó una carta es una estrategia. Al final los que firman en muchos casos ni siquiera son electores de la comuna. Además, de poco sirven al momento del recuento.
Sabemos que algunos aparecieron de juez y parte. No dejó de llamar la atención. Algo propio del candidato del aire, que compra islas, ese del discurso pegado de que cuando sea candidato de la Alianza dejará todas sus empresas para dedicarse a lo que anhela: el servicio público.
Al menos Jaime Ravinet, que integraba la comisión calificadora de candidatos DC, renunció para presentar su candidatura. Ojalá hubiera sido antes o no hubiera aceptado el cargo si tenía planificado competir. Pero Ravinet es especial, ni mejor ni peor. Siempre pensé que después de casi dos décadas no volvería a pensar en ser candidato a alcalde.
Alguien que ha sido biministro, un hombre con el temple de postular a una senaduría, que ha estado entre los candidateables a la Presidencia… retroceder a la municipalidad de Santiago. Qué extraño. La política es voluble y los líderes que se venden de gran alternativa no son más que picolos.
Su contendora, Ximena Rincón, es una mujer de muchas virtudes. Inteligente, audaz, atractiva, clara en su forma de pararse ante la vida, sin complicaciones para tomar decisiones, con una trayectoria bastante interesante. Si tuviese los años de Ravinet es probable que tendría un currículo más grueso. Los años siempre son aliados para acumular experiencia.
Tenemos dos candidatos de la Concertación muy potentes. Como votante de Santiago tengo claro por quién me inclinará. Sí, porque a diferencia de muchos otros que opinan y adhieren con cartas de apoyo, yo vivo y contribuyo en esta comuna.
Podría incluso ser el tercer candidato. Pero la experiencia y los años no me lo permiten. Soy aún muy joven, aunque tengo algo claro: busco caras nuevas, quiero ver que los partidos presenten gente que no sea la misma de siempre. Por qué no damos la posibilidad a las nuevas generaciones.
Acá se debe dar el recambio; sin embargo, hay muchos que no lo entienden. La política cada día se llena de personas más mayores y los más jóvenes deben esperar, como Penélope en los bancos de la estación.
Ojalá en Santiago se presente gente más joven a la competencia del sillón alcaldicio y no lo que ya estuvo, que no fue mucho lo que aportó.
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