Vacacionar en Chile es caro

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Hace unos años escuché que un alcalde chileno se quejaba debido a lo clasistas que éramos al momento de referirnos a nuestro destino para las vacaciones y también, a lo usurpadores que eran los municipios que mediante el buen marketing se imponían a zonas que poseían un real atractivo para el visitante.

Se refirió a La Serena, porque todo lo de interés para el visitante estaba en Coquimbo, desde el casino, el hipódromo y la serie de balnearios adyacentes. Pero, al consultar dónde se veranea, siempre se respondía La Serena.

Lo mismo sucede con Pucón: aparte de una playa y un casino, todo se encuentra en Villarrica. Igual ocurre con Viña del Mar y Valparaíso, porque si le preguntamos a un extranjero qué lugar desea conocer, sin duda dirá que Valparaíso a causa del patrimonio histórico del puerto. Viña sería sólo un colgante o un adorno.

Este tema podría ser semántico o simple desconocimiento, pero además hago referencia a lo costoso que resultan muchos destinos nacionales. Por ejemplo, un viaje a Brasil ofrece grandes alternativas y precios mucho más atractivos que los de cualquier punto de Chile.

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Esto no quiere decir que los parajes y los lugares del país sean poco atractivos o no estén a la altura. Lo que pasa es que cuando buscamos alternativas para las vacaciones los precios son algo que nos hace pensar dos veces al decidir quedarse o salir a otras latitudes.

Si buscamos promociones dentro del país se puede encontrar un surtido atractivo, pero al ver los valores preferimos la alternativa dos: viajar al extranjero.

Digamos las cosas como se perciben: salir dentro de Chile es una lata, en gran medida gracias a un puñado de personas a las que se les ocurrió crear un toque de queda legal, donde los lugares de esparcimiento cierran a las cuatro de la mañana en días de semana y a las cinco los sábado y domingo.

Al final es preferible salir fuera, donde no existen límites y se puede estar mucho más libre. Se podría argumentar que Chile es más seguro, pero también lo son Punta del Este, el sur de Brasil o Mar del Plata.

Con lo exquisito de los paisajes y el clima que posee nuestro territorio, debiese ser un recurso al que se le sacara más provecho, pero al parecer jamás ha sido una preocupación.

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El Sernatur existe como una justificación para hacer estadísticas y evaluaciones, para entregar datos al cierre de la estación estival y aplaudir por la famosa Turistel que hace un privado, entre otros temas que son muy básicos ante las posibilidades que tiene este país para crear una red seria de turismo.

Lo digo por todo que he viajado al extranjero y también dentro de Chile. Cuando veo las falencias que tenemos en el tema del turismo, quedo convencido de que hemos flaqueado o que las autoridades en la materia no están muy preparadas.

Hace 20 años era muy difícil viajar a Oriente pero ahora existe un cúmulo de posibilidades para hacerlo. También era una especie de lujo ir a Europa y hoy se puede con cualquier tarjeta de crédito. El problema no radica en cuánto crece el número de interesados que entran o salen del país con el objetivo de vacacionar.

Lo importante es cómo hacemos que los que viven en nuestro territorio prefieran vacaciones acá y dejar los recursos en el país. No obstante, con los actuales precios tan elevados existe un gran número de personas a las que no les da ni para ir a la esquina y por eso deben conformarse con ver por televisión que hay muchos parajes que están dentro de su propio país pero que igual les resultan inalcanzables.

Existe una serie de balnearios que por el mentado progreso perdieron su atractivo turístico y nadie hizo algo para mantener el rubro.

El balneario de Constitución, llamado a mediados del siglo pasado La Perla del Maule, con la puesta en marcha de la celulosa y la consiguiente contaminación perdió su atractivo. Ahora es una zona que pasó al olvido. Y como si fuera poco pretenden levantar una central termoeléctrica a carbón, para así terminar matando definitivamente el sector.

Ante esto, una alternativa podría ser crear un ministerio dedicado al turismo, que planifique de forma adecuada y que sea capaz de sacarle provecho a un recurso que bien trabajado resulta inagotable y más aún expansible.

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