
Es difícil escribir una columna sin saber cómo en unas cuantas líneas se puede resumir una hermosa vida junto al ser que nos trajo al mundo. La sabiduría de ella en el atardecer de la vida trasciende por sobre el tiempo. Cuando busco dónde empezar se aparecen muchos recuerdos. Tus enseñanzas, tus consejos, tus caricias en las mañanas y tardes que compartíamos, mis primeros días de escuela, lejos de tu presencia o cuando, simplemente, comencé a crecer y descubrir el mundo. Ver que la sociedad era compleja de entender, siempre una disconformidad con todo, una falta de compromiso mayor, un querer tener las soluciones rápido sin poner más esfuerzo.
Aprendimos a vivir con alegría en la fórmula que sólo se logra con los buenos consejos y orientaciones adecuadas de quien uno realmente reconoce y quiere. Desde lejos te miro y te veo íntegra, trabajadora, luchadora, fiel a tus principios, dada a lo que más te gusta, tu familia. Una mujer creadora de país. Sí, porque detrás de tu persona veo a una abnegada mujer chilena apoyando a su esposo en todo momento, en los pequeños y grandes desafíos, las penas y alegrías, las complicaciones que la vida depara y las alentadoras soluciones que encontramos junto con el espíritu de cohesión y deseo de salir a delante. Anoche, en un momento de recuerdo, pensaba cómo los tiempos sin duda nos acercan y las distancias generacionales se acortan. Vemos de otra manera el mundo en el que nos hemos criado. Sin duda, has cumplido como todas las buenas madres lo hacen. Siento tu mano acogedora, capaz de dar amor del que nace de la unión entre el ser y su naturaleza. Tu simpleza y sabiduría human a me llena de orgullo por ser tu hijo y de alegría por saber que pese a la distancia a veces, siempre nos mantenemos en una común unión.
En este homenaje a la madre, representada en ti, aparecen los momentos de cercanía con el mundo social, las luchas por conseguir un mundo más justo. No puedo sintetizar este acto sin acordarme de esa mañana cruel y sin precedentes del golpe de Estado, cuando en nuestra morada escuchábamos el clamor de un idealista que se despedía, pero también nos advertía del complicado devenir… cómo no recordar esos montones de escollos que tuvimos que afrontar para conseguir, casi dos décadas después, salir de la noche angustiosa. Nuestro mundo, lleno de increíbles recovecos, búsquedas interminables y miles de preguntas sin respuesta nos dan la posibilidad de reconocer que adquirimos gran cantidad de experiencia, que resumo en conocimiento. Cómo no sentir la felicidad si ustedes, las madres, han estado en cada una de nuestras horas y sin duda estarán en lo que venga. Cada vez que me relaciono con la naturaleza, me adentro un poco en el vientre de la humanidad y ello me faculta para hurguetear en sus murallas, redescubriendo lo que otros muchos han captado y conocido. Existe un parangón entre tu y la humanidad, ambas tienen la fuerza de la creación.
El creador ha de guiar y dar la sabiduría de seguir realizando las cosas lo mejor posible, entregándote la posibilidad que, en el atardecer de tus años, veas el interior de la creación y encuentres respuestas que sólo nacen en la prolongación de la vida. Mientras. nosotros, los que cumplimos el rol de hijo, te debemos acompañar manteniéndote en nuestro pensamiento, llevándote cariño, afecto y preocupación. Gracias por existir, por tu entrega y, cuando partas, deja que tu espíritu fluya libre hacia la paz del infinito. Nuestra tristeza momentánea pasará probablemente cuando nos toque partir. Seremos guiados a conocer tu nuevo refugio. En tu día, gracias.






