Archivos mensuales: Enero 2008

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Es difícil escribir una columna sin saber cómo en unas cuantas líneas se puede resumir una hermosa vida junto al ser que nos trajo al mundo. La sabiduría de ella en el atardecer de la vida trasciende por sobre el tiempo. Cuando busco dónde empezar se aparecen muchos recuerdos. Tus enseñanzas, tus consejos, tus caricias en las mañanas y tardes que compartíamos, mis primeros días de escuela, lejos de tu presencia o cuando, simplemente, comencé a crecer y descubrir el mundo. Ver que la sociedad era compleja de entender, siempre una disconformidad con todo, una falta de compromiso mayor, un querer tener las soluciones rápido sin poner más esfuerzo.

Aprendimos a vivir con alegría en la fórmula que sólo se logra con los buenos consejos y orientaciones adecuadas de quien uno realmente reconoce y quiere. Desde lejos te miro y te veo íntegra, trabajadora, luchadora, fiel a tus principios, dada a lo que más te gusta, tu familia. Una mujer creadora de país. Sí, porque detrás de tu persona veo a una abnegada mujer chilena apoyando a su esposo en todo momento, en los pequeños y grandes desafíos, las penas y alegrías, las complicaciones que la vida depara y las alentadoras soluciones que encontramos junto con el espíritu de cohesión y deseo de salir a delante. Anoche, en un momento de recuerdo, pensaba cómo los tiempos sin duda nos acercan y las distancias generacionales se acortan. Vemos de otra manera el mundo en el que nos hemos criado. Sin duda, has cumplido como todas las buenas madres lo hacen. Siento tu mano acogedora, capaz de dar amor del que nace de la unión entre el ser y su naturaleza. Tu simpleza y sabiduría human a me llena de orgullo por ser tu hijo y de alegría por saber que pese a la distancia a veces, siempre nos mantenemos en una común unión.

En este homenaje a la madre, representada en ti, aparecen los momentos de cercanía con el mundo social, las luchas por conseguir un mundo más justo. No puedo sintetizar este acto sin acordarme de esa mañana cruel y sin precedentes del golpe de Estado, cuando en nuestra morada escuchábamos el clamor de un idealista que se despedía, pero también nos advertía del complicado devenir… cómo no recordar esos montones de escollos que tuvimos que afrontar para conseguir, casi dos décadas después, salir de la noche angustiosa. Nuestro mundo, lleno de increíbles recovecos, búsquedas interminables y miles de preguntas sin respuesta nos dan la posibilidad de reconocer que adquirimos gran cantidad de experiencia, que resumo en conocimiento. Cómo no sentir la felicidad si ustedes, las madres, han estado en cada una de nuestras horas y sin duda estarán en lo que venga. Cada vez que me relaciono con la naturaleza, me adentro un poco en el vientre de la humanidad y ello me faculta para hurguetear en sus murallas, redescubriendo lo que otros muchos han captado y conocido. Existe un parangón entre tu y la humanidad, ambas tienen la fuerza de la creación.

El creador ha de guiar y dar la sabiduría de seguir realizando las cosas lo mejor posible, entregándote la posibilidad que, en el atardecer de tus años, veas el interior de la creación y encuentres respuestas que sólo nacen en la prolongación de la vida. Mientras. nosotros, los que cumplimos el rol de hijo, te debemos acompañar manteniéndote en nuestro pensamiento, llevándote cariño, afecto y preocupación. Gracias por existir, por tu entrega y, cuando partas, deja que tu espíritu fluya libre hacia la paz del infinito. Nuestra tristeza momentánea pasará probablemente cuando nos toque partir. Seremos guiados a conocer tu nuevo refugio. En tu día, gracias.

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Muchas veces he creído que los humanos en esencia son constructores de vida, a diferencia de lo que plantea un amigo antropólogo, que cree que es la autodestrucción. Tengo claro que no reconoce su entorno y no lo respeta. Se siente ajeno a la naturaleza. Pero el hombre tiene discernimiento, si bien parece no usarlo. La sensatez le sirve para diferenciarse del resto de los seres y crear respuestas que pueden o no ser verdad. Eso le permite responder qué es la vida y cómo se origina.

El hombre fue capaz de destruir desde el instante que descubrió que algo podía serle útil no sólo usándolo para su beneficio, sino contra sus pares o su entorno. Miles de descubrimientos para no avanzar, sólo para someter: la pólvora y el uso de que se le dio con las armas, antes blancas o punzantes, que producían la muerte del otro. Eso llevó al sometimiento de un clan por otro hasta levantar imperios a fuerza de presión y opresión, guerras medievales, santas, mundiales, frías, etc. Hoy se distinguen los usos sofisticados de la tecnología y el armamento nuclear que destruye el medio ambiente, el ecosistema marino y tiene consecuencias sin precedente.

El ser humano no ha llegado aún al grado de madurez que necesita para mejorar la vida. Juega peligrosamente con su entorno. La inteligencia debe ser considerada como tal si se ocupa a favor de la humanidad, pero muchas veces nos encontramos calificando de inteligente al que idea un elemento de destrucción, al que maneja a su antojo a las masas, al que vela por su bien e interés y no por el bien común. ¿Qué beneficios trae la guerra? Ninguno, sólo se pueden percibir beneficios si por medio del parafraseo se desea justificar y que los más ignorantes lo crean. Podemos ver los inicios de guerras por TV – o me van a decir que vuestro morbo no los despertó aquella mañana de 2003 para ver cómo EEUU empezaba la ocupación de Bagdad. Era como una película de ficción, con la diferencia que detrás de la pantalla había gente real, llena de miedo y ante un escenario incierto, que fueron testigos de la destrucción y el terror. La justificación vino del poderoso: era por la paz mundial. En nombre de ella han muerto millones.

Según estudios de física y astronomía, se estima que el sol terminará destruyendo la Tierra, pero seguramente mucho antes el hombre habrá acabado con el planeta usando la lógica de la destrucción. En vez de buscar razones para destruirnos, podríamos tratar de que haya más tolerancia y buscar un modo de que nuestra existencia sea más amena y el futuro más satisfactorio. Pero es complicado si cuando los que asumen los mandos de las naciones están empeñados en mostrarse los dientes.

Durante la guerra fría se hizo famosa la premisa: destrucción mutua asegurada. Si no es para mí, no es para nadie. El mundo era para los comunistas o para los capitalistas, pero no para ambos. No cabían, como en otras épocas de la humanidad no han cabido los blancos con los negros, los fieles con los infieles de lo que sea. La bomba atómica reveló nuestra destreza para autodestruirnos, con rapidez y estrépito. La demencia del poder al servicio de nada. Pero el progreso ya venía fraguando, silenciosamente, la muerte lenta para la humanidad. Hacia 1975, un grupo de científicos locos advirtieron que estábamos excediéndonos con el medio ambiente y unas décadas después los locos tenían razón. Contra ellos, multitud de creyentes en el progreso muy despreocupados soñaban en una posible colonización espacial. Pero lo cierto es que nuestra capacidad para acondicionar otro planeta es bastante prehistórica. La cuestión es que la destrucción de nuestro hábitat es autogestionada. Libre albedrío mutuo asegurado. O algo así.

Si logro aparecer en una fecha futura (en 2300) y escribir sobre el hombre, de seguro comenzaré de esta forma: “Por alguna razón recuerdo la leyenda del Homo Sapiens, un hombre pensante que existió en algún momento de la evolución. Creo que pudo ser más bien un mito, pero hay quienes insisten en que vivió de verdad y que el progreso tecnológico es la prueba irrefutable de su existencia, que quedó fijada en escritos .”.

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Los ciclos que finalizan son una sana oportunidad para hacer un balance, revisar lo que hemos hecho bien y que es lo que hemos dejado de hacer, donde estamos, como nos desenvolviendo en nuestro entorno, para donde vamos y que es lo que pretendemos realizar en este universo llamado humanidad. Hoy como ayer se que mi mundo esta tremendamente plagado de buenos momentos, los dolores de las perdidas que en instantes surgen, deben asumirse como las pruebas de desapegos que han de ser tomadas como pruebas de sobre vivencia.
Viajando desde Talca a Santiago hace unos meses atrás, después de la presentación de Nubox una banda de Jazz Alemana, y me entere de la muerte de Germán, un amigo que como apareció se extinguió, de verdad fue algo inesperado, pero al final entiendo que así es la vida…nacer para trascender, vivir para morir, amanecer para apagarnos…no hay día sin noche, no hay amor sin tener un cercano a quien amar, no existe el cielo sin sus componentes, todo es un complemento del entero, la casa redonda en definitiva es solo una pelota de las muchas que pueblan el infinito universo, en el cual estas, tu, yo, los otros y los demás, en este universo en donde los que pasaron dejaron una marcada huella y nosotros estamos marcando surcos diariamente en muchos otros.
La venida de aquellos que nos posibilitan darle sentido a nuestra existencia ha de ser considerado una bendición, me refiero a los que nacen, a los seres pequeñitos que nos dan la posibilidad de experimentar en carne propia la inocencia, esa que se comienza alejar con los años, por nuestras propias mezquindades y el mal entendido ego que nos limita sin darnos cuenta hasta que pasado el tiempo nos puede dañar.
No quiero parecer lo que no soy, quiero ser tal y como ustedes me ven, sin dobleces, sin caretas, muy cerca de lo que reflejo. Me niego a que me exijan que debo comportarme diferente a lo que por años me esforzado en construir, soy como soy y no como el viento marcha, creciendo día a día en mi interior, aceptándome sin vacilaciones y aceptando a mis pares como han llegado a mi vida.
Por esto y muchas otras cosas escribo, porque les quiero y les quiero bien… porque quiero profundamente y no tengo dobles
intenciones en mis cariños ni tampoco intereses que no sean los que se manifiestan tras estas letras sencillas pero sinceras. Sinceridad es lo que al mundo le falta, sacarse esa mochila llena de trancas y desvestirse para entrar en el océano sin miedo a ser bañado completamente por el agua de la sabiduría, sin duda ese mar que respetamos, nos da muchas veces temor de no hacer lo correcto y preferimos ni siquiera mirarle… por eso escribo, por eso gasto un minuto de mi espacio para invitarte a que te mires al igual que lo hago yo y seas capaz de apreciar el hermoso entorno en el cual te desenvuelves y ver que existen muchos que te aman y desean que te dejes amar, hoy mañana, siempre, esta es una de las formulas más eficaces que detrás de las nubes estériles nos permitirán ver las estrellas, gracias por estar junto mi persona, consiénteme acompañarte en los años de existencia que me quedan y de esta manera hacer nuestro mundo más gentil y llevadero.

Felicidad, Om tara tu tare ture soha!!

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VALIENTE ENTRE LOS miles de cobardes que conformamos este país, entre los que aceptamos sin chistar todo lo que nos es impuesto bajando la mirada ante aquel al que le damos autoridad, sabiendo que los grandes sólo son grandes para los que se reclinan. Comprometida con la búsqueda de la verdad hasta la médula; una profesional que nunca se dejó amedrentar y continuó armando su rompecabezas hasta lograr dar vida a uno de los escritos en los cuales quedan al descubierto las fechorías del dictador y sus secuaces. Me refiero a “Los zarpazos del puma”. Jamás dejó de escribir y siempre tuvo algo que decir, una denuncia que estampar. No porque haya vuelto la democracia las injusticias se frenaron; sabemos y tenemos claro que la brecha entre los ricos y los pobres es una de las más altas de la región y Patricia lo supo denunciar en su momento.

Pero el cáncer se alojó dentro de ella y empezó a expandir sus tentáculos. Hace varios años, Rebeca Ghigliotto, que también murió de cáncer, me decía que esta enfermedad es algo así como un mal de la sociedad, que lo sicomatisan algunas personas. Es como una forma de limpiar los males sociales cobrando un tributo en la vida de algún ser que está recibiendo muchas malas vibras y a la vez trata de limpiar su entorno social. Puede que esto tenga algo de verdad, porque si alguien se transformó en receptáculo de atrocidades al denunciar por medio de su pluma esa fue Patricia.

No puedo evitar sentir una especie de asombro de lo mal tratada que fue la noticia de su muerte. Pareciera que a los medios de comunicación les parece mejor dejar a este tipo de personas casi en el anonimato, porque hasta después de muertos ellos pueden seguir escarbando aquello que creen es mejor dejar en el pasado y en el olvido. Es preferible hacerles grandes homenajes a otros periodistas que poco molestaron y fueron muy tibios o que prefirieron la vía fácil en vida, leyendo noticias y torturándonos desde la pantalla mostrando como verdad lo que inventaba la dictadura para mantenerse y permanecer. El que escarbe en nuestro pasado cercano sabrá perfectamente a que maestro me refiero. Cada día entiendo menos a los seres humanos que buscan la libertad que les quitan y que los arrinconan para terminar perdiéndose en el anonimato. ¿Será entonces que la estupidez nos está ganando la batalla?

Patricia Verdugo convirtió una máquina de escribir en el arma más letal para el fascismo póstumo, porque en los años más cruentos de la dictadura desde la revista Hoy rasguñaba las piedras buscando la información que nadie fue capaz de guardar aunque celosamente defendían que nadie se enterara de los horrendos momentos que le hicieron pasar a nuestra patria. Ahí estuvo ella, junto con otros varios más, quienes no corrieron la misma fortuna de permanecer. Me refiero a José Carrasco, por ejemplo. No obstante, ella sin duda siguió la senda del verdadero periodista, el que no se vende, que no escribe lo que el editor o la línea editorial de la empresa desea transmitir. Patricia ha sido auténticamente un vehículo que informó informándose, hurgueteando y aunque fuera difícil seguir lo hacía, sin miedo ni violencia, pero buscando que prevaleciera la justicia, esa que se encuentra más allá de los propios tribunales, que en muchos momentos también prefirieron ocultarse y no administrar justicia.

Hoy ella nos ha dejado, pero su legado queda entre nosotros, sin duda contribuyó a reescribir la historia de Chile para las generaciones futuras, esas que gracias a ella y a un número de valientes reflejan la verdad de la noche oscura de esta patria, que se mantuvo detenida en una burbuja. Sin duda mujeres como tú se alzaron, incluso corriendo mucho riesgo, como Juan en el desierto, denunciando a los cuatro vientos la infamia que los cabrones de turno no fueron capaces de silenciar, el don de la palabra que mantiene viva la dignidad del pueblo y hace noble el oficio tan manoseado del periodismo. Lo dije en alguna columna hace un tiempo, cuando murió el dictador: al fin Chile volvía a descansar en paz. Hoy desde este rincón te digo, Patricia Verdugo, tú también con tu gran aporte podrás desde hoy en adelante descansar en paz.

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El viernes 5 de octubre se cumplió un nuevo aniversario del triunfo del No. Ese día reafirmamos que somos un país de entendimiento, no de enfrentamiento. En las urnas, sin un tiro, vencimos al dictador y comenzamos el reencuentro. Nos volvimos a mirar a las caras, pensando en una patria para todos, sin excluidos ni marginados. Pero como nuestra raza es compleja y por momentos difícil de entender, es prudente darnos un tiempo para reflexionar. A menudo parece que todo está en contra de nuestros planes, concertado para que lo que debe salir de un modo salga de otro.

Creemos que nuestra vida es el motor del universo y el resto debe supeditarse a nuestra forma de hacer las cosas. A veces nos sentimos tan protagonistas que creemos estar solos; el resto debe admitir nuestra historia. Siempre tenemos la verdad, por la razón o por la fuerza. Somos creadores de acontecimientos, el sol debe, por obligación, alumbrar a nuestro lado y los otros que se jodan, porque se deben a mí. Pero, sin duda, la realidad mezcla los acontecimientos. Cuando creemos tener la razón, debemos darnos cuenta de que el otro tiene también algo de ella; en esto radica la posibilidad de encontrarnos, comunicarnos, avanzar con tolerancia, sin tanta palabrería ni frases para el bronce. Un “te quiero” no es verdadero si por uno están pasando mil pensamientos pequeños. Cuando somos conscientes de querer a alguien no le hacemos daño. Y dañar no es sólo decir algunas palabras hirientes, también es no querer escucharlo. Por eso vale preguntarse por qué causamos alteraciones en la personalidad de nuestros cercanos.

Alguien dijo que los sabios son quienes callan y miran los porqués de las conductas de los otros, y luego, ya en la quietud de la noche, reflexionan frente al sujeto y buscan los puntos de encuentro, reales y transparentes, sin dobles frases. La vida que nos toca es complicada, pero lo será más si no somos capaces de ceder frente a nuestras porfías. No siempre estamos bien en lo que decimos; no todo es blanco o negro. Si logramos un lenguaje amable, fluye la comunicación; si conseguimos llegar a esa etapa, viene el recogimiento y la liberación de nuestras trancas. No es sólo el que está al frente el responsable de mi ira, muchos factores y seres me hartan sin querer. Explotar es un síntoma de la vida, que es un constante estallido, aunque a la vez puede generarme un suicidio si mis acciones no son justas o proporcionadas.

Mirar cómo armo relaciones es parte del ser que desarrollo y sigo perfeccionando hasta el día que el reloj natural me pida detenerme. Si no he tenido la sabiduría de dar importancia a lo importante y tratar lo intrascendente como un acontecimiento más, en ese momento aceleraré para vivir los descuentos. Somos seres con un ego que, por momentos, nos supera y nos hace pensar que estamos sobre el resto de la humanidad pero sólo somos un complemento, con un pasado pequeño y un futuro con término definido. Mañana pasaremos al mundo del recuerdo y el olvido y en ese mañana todo lo que desaprovechamos o cultivamos será sólo pasado.

Escribir no es por cliché ni para desafiar, es para plasmar momentos alegres y tristes. En unas líneas busco ilustrar algo común a nuestras vidas. Debemos entender que los seres que conforman nuestro universo son importantes, no han entrado a él por azar, sino que han sido elegidos para formar el hermoso jardín humano. Siempre es importante recordar a nuestros cómplices: la familia, los amores, los amigos, los enemigos y el mundillo que nos toca frecuentar. Pero dentro de este peregrinar hay que darse cuenta de que todo puede ser mejor si ponemos más alegría en nuestro desarrollo, si vemos el horizonte con optimismo, si creemos en lo que hacemos, si decimos y somos de una línea y, sobre todo, si nos dejamos amar y amamos nuestro bendito universo llamado humanidad. Estas frases no son para exigir nada, sino para comenzar una reflexión que bastante bien nos haría cuando estamos empezando a celebrar el Bicentenario. Nos podríamos dar un minuto de nuestro tan lleno calendario para ver en qué hemos sido justos y dónde estamos errando.

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YA HE TOCADO antes problemas como la discriminación y el femicidio. Se trata de aquella básica y primitiva vía de enfrentar un obstáculo. En Chile, la estadística nos asegura que las mujeres son más que los hombres, pero el peso específico del poder, en su amplio sentido, se encuentra en manos de los segundos: un poder empecinado en afirmar que las mujeres son menos que los machos. Si lo vemos hasta en la Iglesia, de la cual una amplia mayoría se dice parte. Las mujeres siempre son mantenidas en un segundo plano. Cómo no, si Dios es hombre y el dogma eclesiástico gira en torno a un machismo casi enfermizo.

Sólo una pregunta: ¿por qué una mujer que recurre a la píldora del día después es cuestionada, mientras que nada de eso ocurre si un hombrese hace una vasectomía? Algo de increíble pasa con todos los animales que ocupamos a modo de ejemplo para connotar lo viril, porque sus pares femeninas siempre son utilizadas de modo despectivo. El perro es un tipo bravo y leal; pero la perra es una mala mujer; el potro es sinónimo de hombría, pero la yegua habla siempre de una tipa cualquiera; el zorro es símil de astuto; la zorra, de una golfa. Y así podríamos seguir hasta aburrirnos.

La Presidenta Michelle Bachelet se ha referido ahora de manera abierta al femicidio político. No sólo ella lo enfrenta, sino muchas mujeres en la sociedad. Y pese a ello, soy un convencido de que muy pocos le han prestado ropa a la aseveración. No creen que la guerra de los sexos sea algo constante y apabullador. Desde los más concertacionistas hasta los más opositores le han hecho un rodeo y han preferido desentenderse o afirmar que el asunto es una cosa de mujeres. De esta manera, quieren desviar el punto en debate y pretender que la discusión se base en otras cosas, no en una que complica incluso a otros estamentos del país. Pero aunque tengan esos propósitos, el asunto es un problema. No me vengan con que se explica por una caída en las encuestas.

En los partidos, en las instituciones del Estado y en las empresas privadas el machismo siempre está presente. Nunca me olvidaré que un abogado amigo -concertacionista, por cierto- me dijo que votar por una mujer era lo peor que le había tocado hacer. Si bien la noche de la victoria de Michelle Bachelet muchos sólo a última hora se subieron al carro de la victoria, era claro que entre esos también había algunos que lo habían hecho a regañadientes y con una pregunta tan propia de nuestra sociedad machista: ¿cómo ganó una mujer? Tan profundo es este tema que supera la coyuntura política. Sabido es que si existe una sociedad machista es también porque hay muchas mujeres que aceptan dicho estado de cosas. Varias están siempre tratando de aparecer débiles y de menoscabarse, porque no se creen el cuento de lo capaces que son o de cuán buenas resultan para dirigir una faena, una empresa o una familia.

Que una mujer llegue a ser comandante en jefe del Ejército es difícil. Que otra sea almirante de la Armada, mejor nos pillen confesados. Que una mujer presida una eucaristía sería como decir que Dios es mujer. Que una mujer llegue a la presidencia de la Corte Suprema también resulta poco probable. Porque dejar a que las mujeres comiencen a ocupar espacios en serio es ridículo… mejor démosles lo que se merecen: un buen sitio en la cocina; o sea, ojalá que trabajen mucho y jamás logren sobrepasar el sueldo del marido, porque eso sería menoscabar la hombría, ponerla bajo esa autoridad que se nos enseñó desde pequeños: el hombre lleva los pantalones, entrega el sustento y, por sobre todo, es el dueño del hogar.

Qué triste y mediocre me resulta todo esto. Qué pequeño es nuestro argumento. Qué indigno es sentirnos triunfadores con argumentos tan manoseados, que sólo hacen que siga habiendo energúmenos dentro de nuestra sociedad dispuestos a terminar con la vida de las mujeres, a las mismas a quienes prometieron cuidar y respetar. Ese tipo de femicidio es patente, pero el expuesto por la Presidenta es representativo de una sociedad mal formada, que debe mirarlas a ellas como iguales, sin restricciones que las manden a ese sitio en que comúnmente las tenemos



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¿Te has mirado al espejo para ver cómo eres y adivinar cómo serás? ¿Has pensado que el tiempo pasa? Algunos nos vamos poniendo regios, pero la verdad es que envejecemos a prisa. El cuerpo se empieza a deteriorar, o mejor dicho a transformar. Una cana desconocida y después un rollito en la cintura. La papada repentinamente crece. Parece que salió otra pera. Sin duda, la fuerza de gravedad nos comienza a afectar más de lo habitual. Por eso empezamos dietas que sólo nos hacen sufrir malos ratos y deseamos a como dé lugar mantenernos juveniles, prolongar esta etapa lo más que se pueda, nunca mostrar el carné, menos decir el año de nacimiento y tratar de no recordar muchas cosas que dejen en evidencia cuál era nuestra época, no esa otra queremos mostrar como propia. Comenzamos a usar cremas para las arrugas, aunque si algún amigo nos sorprende, nos hacemos los locos y decimos alguna respuesta poco convincente.

Cuando chicos todo es rebosante. Los cambios físicos afloran y obviamente los dejamos en claro para tratar que los adultos nos vean con más años y no nos traten como chiquillos. Llega la adolescencia y una metamorfosis nos invade, llevándonos a la mejor etapa -la juventud- de la cual nunca desearíamos salir y luchamos porque queremos quedarnos ahí como sea. Somos los conquistadores del mundo. Todo el universo está a nuestros pies. Soñamos mil sueños. Cancheramos como ningún otro. Nadie está sobre nosotros y las conquistas, aunque sean pocas, las multiplicamos por miles para mostrarles a nuestros iguales que estamos provistos de una resistencia inigualable.

Pero no dura eternamente. Cuando esta etapa comienza a alejarse, nuestro cuerpo nos informa que ya no somos los mismos de antes. Nos levantamos una mañana cualquiera y al mirarnos al espejo desnudo, advertimos que el vientre crece sin más ni más, el pelo comienza a escasear en algunas partes y en otras a sobrar: es el instante en que nos asumimos como adultos y nos ponemos más serios, graves por momentos, idiotas en muchos otros. Sin duda perdemos esa alegría contagiosa de la adolescencia. Como somos adultos no salimos más. Nos quedamos sólo con los recuerdos. Vamos del trabajo a la casa y viceversa. Los fines de semana nos quedamos echados en la cama, viendo televisión, diciéndole a los niños que no molesten y pidiéndole a nuestra señora que nos traiga fruta, leche, el diario, o las pantuflas por si se nos ocurre ir al pipirrún.

Ya no somos el carro más moderno. Comenzamos a desgastarnos. Nuestros hijos han crecido y cuando nos presentan a sus compañeritas a veces desearíamos que no se refirieran a nosotros como tío y también que nuestros hijos fuesen nuestros hermanos menores. Así empezamos a alejarnos de esa etapa tan preciada. es una ley de la naturaleza que se cumple sin chistar. Lo más probable es que sirvamos de estudio o pasemos a ser parte de una estadística más.

Lea atentamente, no disimule. Algo lo está aguijoneando. Debe ser que si observa su cuerpo -máquina perfecta, aunque desgastada y algo a mal traer- entenderá a qué me refiero. Nuestro cuerpo ha cambiado demasiado, nuestros huesos empiezan a flaquear, las arrugas se apoderan de nosotros y el odontólogo nos dijo la última vez que debemos reemplazar más de una pieza, o sea, en unos años comenzaremos a usar placa. Y el oculista de seguro nos recetará algún lente óptico. Qué increíble: si en otros tiempos donde ponía el ojo ponía la bala. Es el cuerpo que exige más que un cambio. El engrase no mucho ha de servir. Asumirnos es lo mejor y sólo tratar de ponernos en el lugar que nos corresponde, sin presumir nada y tratar de hacer ejercicio para no oxidar todos los huesos, salir a caminar aunque sea para pasear al perro. Si no tiene uno invente algo que lo saque, mire que llegar a viejo y más encima achacoso debe ser un mal que no es muy recomendable. Por ahora, si está a tiempo, aproveche los años que le quedan para salir, conocer, recrearse y comenzar a darle a su cuerpo menos estrés y más armonía. No sólo usted lo va a apreciar, sino los que están acompañándole llegar a viejo y ser decrépito es un mal que sólo uno puede remediar.

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La responsabilidad es parte de lo que uno debe tener con el grupo al que pertenece. Los parlamentarios se deben a un partido, a un conglomerado que les puso el piso y el cupo. No por una cosa de guerra de guerrillas han de reventar al grupo.
Podemos dar muchas definiciones de ética. Esa práctica que guía nuestros actos y nos permite ser justos y virtuosos e ir más allá de nuestras legítimas motivaciones para salvaguardar el bien común. Pero, por otro lado, la ética también parece estar definida como “un atributo a gusto del consumidor”. Hoy escucho cómo se abusa del concepto y algunos se llenan la boca con discursos que hablan de principios éticos y que por eso hacen tal o cual cosa, o votan por tal o cual cosa en el caso de los parlamentarios. Sin embargo, sabemos muchas veces que es una mentira burda, cuyos propósitos son políticos y con lo que se cobran revancha por alguna cuenta pendiente que se debe cobrar antes de que pase el tiempo o simplemente por problemas personales, que debemos “entender” y asumir todos los ciudadanos.

Pensé no escribir sobre el Transantiago, ni para bien ni para mal. Soy un usuario y prefiero mil veces este sistema a las micros amarillas. Es cierto que no es del todo bueno, pero puede llegar a ser superior ante lo que tuvimos en el pasado. Además, las ineptitudes cuestan caro y los que implementaron el sistema son ineptos con letras mayores, lo que no puede ser justificación para negar la sal y el agua, y menos de personeros que son parte de la Concertación. Puedo entender que la derecha actúe así. No se le puede pedir más a quien está dispuesto a cualquier cosa a fin de obtener el Gobierno. No ha sido capaz de convertirse en alternativa adecuada y sólo sobrevive jugando como oposición y trata de crecer a partir de los errores de la Concertación y de las deslealtades de los que militan en ésta. Es aquí donde me detengo para aludir a la votación de parlamentarios colorines, que erraron absolutamente en su conducta. Sin duda, no lo hicieron por los cinco millones de santiaguinos, sino porque se están cobrando una revancha. Dejan sin recursos al sistema entregando mil pesos, una roñosa salida al problema. Demuestran una falta de seriedad mayor al cargo donde la ciudadanía les puso. Me gustaría preguntarle al vocero de estos díscolos, al diputado Jaime Mulet, a ese amigo que conocí hace años y a quien creo el poder embobó, ¿por qué no ha usado la misma energía en defender a los diaguitas ante la implementación del cuestionado proyecto Pascua Lama, que elimina un glaciar para obtener oro, ese recurso preciado que sólo en 20 años dejará toda una zona de la región por donde es parlamentario estropeada y sin recursos de agua? Nunca he oído a Mulet hacer una defensa de sus electores afectados, del medioambiente, o denunciar el deterioro que causará el proyecto.

Cuando se habla de ética, debe hacerse con responsabilidad, ser de una sola línea, defender a los usuarios del Transantiago pero también a los diaguitas. Siempre se debe saber defender a quienes sufren la desigualdad, no realizando fogosos discursos para lo que nos conviene y el resto dejarlo en el olvido. No, así no se hace política. Además, hacer política requiere mirar al futuro donde Chile podría estar dentro de unos meses si se comienza a agitar a la población. Una cosa es que se quiera pedir respeto para la ciudadanía. Es justo y corresponde. Pero no se puede empezar a agitar a la población para hacer una toma de la Bastilla. La responsabilidad es parte de lo que uno debe tener con el grupo al que pertenece. Los parlamentarios se deben a un partido, a un conglomerado que les puso el piso y el cupo. Son parte de un Gobierno y no por una cosa de guerra de guerrillas han de reventar al grupo. Si es por discrepar bien, pero con responsabilidad y visión de país.

Felicito a Soledad Alvear. Ha golpeado la mesa y le pidió a estos parlamentarios que se vayan de la DC. Corresponde que tomen una postura. No se puede estar con Dios y con el diablo. Tampoco tener señora y amante, menos aún se puede estar en un sector cuando conviene y votar con el otro para llamar la atención. O se es de la Concertación o mejor hagan lo que hizo el senador Fernando Flores y su grupo: determinaron dar un paso a un lado y se les respetó. Optaron por un movimiento con clara cercanía a la derecha. Uno podrá discrepar, mantener diferencias, pero jugar a dos bandos es un absurdo incomprensible, que hace daño y sobre todo demuestra lo miope de vivir haciendo la del perro del hortelano.

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En nuestra larga y angosta faja de tierra se requiere hoy, más que nunca, de una política de largo aliento, capaz de terminar con los maniqueísmos ideológicos, las crisis partidarias y las carencias teóricas, de modo de tener un mejor análisis sobre la realidad de nuestra época.

Chile es mucho más que los grupitos de la izquierda y la derecha que por momentos nos asfixian con sus mentiras y sus insultos mediáticos. Ellos, lo único que logran es denigrar su oficio y, por ende, hacer que la inmensa mayoría los vea lejanos y con recelo.

Todo tiene su génesis. Aquí podemos verla en una serie de hechos, entre los que destacaría dos. Primero, en la larga historia previa al descubrimiento nuestros ancestros conformaron una nación, pero luego fueron divididos, fraccionados y vueltos a fusionar por la conquista española, que impuso su Estado colonial. Éste, a partir de 1810, se convirtió en uno independiente, que perfeccionó primero su autonomía y luego su sistema democrático republicano.

La soberanía ha sido la gran ausente de toda nuestra política, porque no puede existir en un mundo de pobreza, donde prevalece una brecha que separa a los pocos de los muchos.

En segundo lugar, tenemos los años de la dictadura, donde encontramos en gran medida el comienzo del desprestigio de nuestra clase política. Baste recordar las campañas sicosociales destinadas a distraer al público de los problemas reales del país y exaltar la imagen del Gobierno desprestigiando a la oposición. Estas campañas alcanzaron niveles sin precedentes en nuestra historia patria y como pocas veces se había hecho en toda Latinoamérica.

Las campañas fueron planificadas por los ideólogos del régimen, con ayuda de los canales de televisión abierta, las radios y algunas revistas de circulación nacional, además de la prensa que participó en la gestación del golpe y que era cercana a la línea de la dictadura.

Una vez restaurada la democracia, los medios de comunicación, que en su gran mayoría estaban y se mantienen en manos de defensores de la dictadura, pasaron a conformar la oposición.

Desde estas vitrinas, los líderes y los representantes del gremialismo y de la derecha en general se beneficiaron de noticias sensacionalistas que, con el tiempo, pudieron hacer concordar con actos políticos controvertidos, como las revelaciones de corrupción, las denuncias de irregularidades y esas otras noticias o cortinas de humo que suelen relacionarse con intimidades de personajes de la farándula, además de aquellas que producen los políticos polilla, quienes creen que mientras más aparezcan en los medios más crecerá su nivel de popularidad.

A lo anterior, se suma la escasez de programas culturales y periodísticos independientes en la televisión. Todo esto nos da como resultado un inteligente cruce que hace parecer que no existen diferencias entre la política y la farándula.

La situación no es mejor en los diarios, con titulares escandalosos en la portada (los que muchas veces ni siquiera se desarrollan en su interior), violencia, pornografía, notas esotéricas, escandalillos, aunado todo con una sospechosa homogeneidad que no busca otra cosa que el deterioro del sistema democrático y el desprestigio de la clase política.

Los medios de comunicación controlados minimizan o hasta ocultan las informaciones desfavorables a la oposición, en tanto que sobredimensionan todo aquello que de alguna manera resulta conveniente para la imagen de ese mismo sector.

Es importante no quedarse pensando que esto es culpa de los medios de comunicación que están en manos de un grupo de poder que tiene intereses muy alejados de los del bien común, ni tampoco que es lo heredado de la dictadura. Hay que ver cómo los políticos enfrentan su vida pública y ejercen este sano oficio de una forma no del todo correcta.

Trabajé en el Congreso por varios años y vi cómo el Departamento de Relaciones Públicas de la Cámara no era más que un grupo de aduladores, sin capacidad de proporcionar a los parlamentarios un análisis de la percepción que la gente tiene de ellos ni tampoco preparado para auscultar a la opinión pública, entregando en el momento preciso y adecuado informaciones que hagan que los elegidos estén más cerca de sus electores.

Los parlamentarios no dan esa posibilidad y prefieren fabricar un mundo en una burbuja. Creen y se convencen de que eso es lo que precisa la población, algo muy similar hacen los partidos políticos, de los cuales ellos son parte. Sin duda, esto deteriora la política.

Hace mirarla con recelo, distante, ajena y en permanente crisis, todo lo cual conduce al rechazo popular debido a este desconocimiento del oficio. Soy un convencido de que con voluntad se puede cambiar esta situación, pero además se debe creer en la frase tan usada a menudo de ser servidor público para no convertirse en alguien que se sirve públicamente del electorado para mantener una cuota de poder mal empleado o seguir enlodando el arte de gobernar.

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INGRID BETANCOURT, la ex candidata presidencial y senadora colombiana, ya lleva seis años secuestrada en manos de las FARC. Benazir Bhutto, la ex Primera Ministra autoexiliada, volvió a ocupar su lugar de liderazgo en Pakistán y fue asesinada. Estas dos mujeres simbolizan a las víctimas del enfermizo mundo del terrorismo.
Existen varios elementos para explicar qué es el terrorismo. Pero yo pretendo apelar al sentido común, y definirlo como las acciones provenientes de un grupo disidente y/o contrario al sistema dominante para obtener como resultado un temor generalizado en la población (que en su mayoría adhiere consciente o inconscientemente al sistema), de modo de desestabilizar al régimen vigente. El terrorismo es una forma de conducirse, pero existen muchas otras de ser oposición y ejercer la disidencia. El terrorismo es sólo una más entre ellas. Un ejemplo de esta diferencia puede ser la situación religiosa en el Imperio Romano. Los paganos ciertamente desconfiaban de los movimientos cristianos insurgentes por salir al aire libre (literalmente el cristianismo viene desde el underground o de debajo de la tierra). Siempre que existe un sistema que domina y oprime, hay terrorismo, sea de izquierda o de derecha.
Nosotros no hemos estado ajenos al terrorismo. Sólo debemos remontarnos en nuestra historia para recordar los asesinatos del general René Schneider, del ex ministro Edmundo Pérez Zujovic o, durante la dictadura, el terrorismo de Estado, uno de los peores jamás conocido, porque el sistema es el que administra y usa recursos para crear grupos que amedrenten a la población y eliminan a los opositores, terrorismo que estuvo en manos de la Dina, de la CNI y de operaciones conjuntas con otros estados como sucedió con la Operación Cóndor.
El terrorismo es una de las técnicas (extrema por cierto) de la oposición para minar la confianza en el sistema vigente, para probar que es falible como toda construcción social y se puede venir abajo fácilmente, de la misma forma que fue creado. El terrorismo tiene impacto en la conciencia colectiva, porque ataca siempre al sector más vulnerable de la población, apela al instinto de conservación de la especie. Según este instinto (créalo o no, aún quedan indicios de algo así como un sentido de conservación), a diferencia de otros animales el hombre puede reprimirlo, así como reprimir muchos otros. Pero existe un natural rechazo al ataque contra el más débil, como también un natural rechazo a los asesinatos a sangre fría. Usted estará de acuerdo en que cortarle la cabeza a otra persona con una sierra no es lo mismo que apretar el gatillo de un fusil. Así que es ésta la forma en que ataca el terrorismo: deshumaniza la muerte y advierte que existe una oposición dispuesta a todo por conseguir sus objetivos.
Esta determinación ciega siembra el temor del ciudadano promedio, que no tiene una gran participación en el sistema, vive su vida desapasionadamente y al alero de sus representantes (el típico ciudadano actual de la democracia), en quienes delega su participación, su voz y voto en decisiones que afectan su vida diaria. En contra de lo que se piensa, el factor el terrorismo podría afectarlo directamente a usted que no es el principal argumento del terrorista. El humano difícilmente es capaz de ver las consecuencias de sus propias acciones. Si usted cree esto, vaya a ver los índices de tabaquismo, violencia intrafamiliar, consumo de alcohol, embarazo adolescente: actividades que van en detrimento de la vida humana de modo mucho más directo que el terrorismo.
El debate frente al terrorismo actual se caracteriza por su amnesia sobre la manera en que el sistema se instauró, con revoluciones sangrientas, guerras, miseria y millones de víctimas inocentes. Nuestra reflexión sobre el terrorismo y sus consecuencias tiene que incorporar estos elementos fundamentales. De otra manera, entender al terrorismo se nos vuelve una tarea imposible.

Rechazo el terrorismo, porque no creo en la máxima el fin justifica los medios. Existen límites claros ante la forma con la que nos relacionamos y estos límites están constituidos por el respeto a la vida humana en sus dimensiones física y síquica. De ahí que la pregunta acerca de si este sistema es el adecuado debe pasar por la pregunta: ¿respeta a todos los seres humanos en todas sus dimensiones? E incluso más allá, porque el acto fundante de una sociedad o de la relación entre seres humanos determina lo que viene para el futuro. Ni por lógica ni por conveniencia es posible que separemos la causa de la consecuencia. Algunos lo llaman karma. Entonces, fundar un sistema entero, sea cual fuere, a partir de la deshumanización no puede ser considerado algo aceptable. Desde este punto de vista, el terrorismo es un karma de nuestra sociedad y debe ser tratado como tal, porque aun como karma es inaceptable.