Archivos mensuales: Diciembre 2007

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Tendrás quince, 20, 50 o los años que marquen tu vida, y cada final de ciclo estarás repitiendo el mismo ritual. Una copa de champaña, en compañía de tus seres queridos, descontando los segundos para el ¡Feliz Año! Sin duda, augurarás éxito y prosperidad para el que viene, dejando en el pasado lo que deparó el que acaba de finalizar.

Extrañamente será el término reglamentario que da paso a otro principio. Los fuegos artificiales inundarán el cielo (aunque sea por televisión) y escucharás vivas, gritos, estruendos de petardos y la tradicional canción nacional. Comenzaremos a repartir abrazos en momentos en que uno es como una terapia, que bastante nos hace falta.

Así, comenzamos a desligarnos de una serie de hitos y acontecimientos que nos marcaron desde lo social hasta lo personal. Más de algún amigo partió, cumpliendo el ciclo de la vida, y llegaron nuevas criaturas a mostrarnos que la esperanza vive y se materializa. Vemos que es posible aspirar a un mundo mejor. El año que se va es como una hermosa puesta de sol. Sabemos que el que llega será como un amanecer lleno de buenos momentos, claro y sobre todo con deseos de hacer las cosas mejor.

No podemos jugar con el entorno. Debemos ser más concretos y menos superficiales. No estamos para experimentar. Llega el momento de actuar e iniciar un nuevo ciclo donde nadie esté excluido. Somos parte de un todo y cada uno merece su espacio. Lo digo porque en muchos instantes he visto discriminación y falta de compromiso de parte de los que ostentan el poder frente a los más débiles y pequeños.

Este fue el año que se levantó desde un sector el tema ético, hablar de un sueldo justo para los que aún no alcanzan a percibir el chorreo. Pero no basta con los buenos discursos, llenos de propósitos que no llevan a ninguna parte. Es claro que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno.

Llega un año electoral, donde deberemos ser cautos y no darle el voto al primer candidato que venga a entregarnos un abanico de promesas. No podemos seguir confiando en cualquiera que nos venda ideas que no llevan a ninguna parte. Cuidemos nuestro voto y si no nos satisfacen los candidatos, votemos por nadie; es decir, usemos el legítimo derecho de discrepar de los que están haciendo mal la política.

Debemos hacer que nuestros deseos se materialicen, teniendo en cuenta que Chile es para los chilenos, sin exclusiones de ningún tipo. Sólo así lograremos acercarnos, al menos por un instante, a conocer algo de la copia feliz del edén. Alguien con quien conversaba me decía que mis planteamientos eran utópicos, pero me pregunto ¿es malo? ¿Por qué no darnos algo de optimismo, mirando el día que viene con ojos más limpios, capaces de envolver a nuestro prójimo en este inicio de año, no por cumplir el ritual, sino para plasmar un deseo de buenas vibras, donde la paz, la alegría, el amor y la tolerancia sean nuestro combustible para hacer funcionar el motor del corazón?

Cualquier mal recuerdo queda disminuido ante los buenos augurios y las bonanzas que nos permitirán tomar impulso este 2008. Debemos usar, aunque sea un poquito, nuestro discernimiento para tomar decisiones más asertivas. No podemos seguir siendo meros receptores de los medios de comunicacion, que día tras día llenan nuestras cabezas de irrealidades y nos llevan a pensar que lo que está dentro de la caja creadora de idiotas es la verdad.

No podemos y no debemos darle tanto crédito a las informaciones que salen de editoriales con intereses creados, que responden, sin duda, a algún grupo de poder que no siempre vela por el bien común y sólo busca mantener su cuota y convertirnos en meros transmisores de verdades a medias. Cuidémonos en este 2008 de hacer el mundo de los necios. Recuerden que ése está demasiado poblado y si en algún momento pudieran volar, seguro que nunca más volveríamos a ver el sol.

Aquí nos encontramos, cerrando 2007, con todo lo que nos deparó. Si fue bueno, que sea fuerte el abrazo; si fue más malo que bueno, que sea más apretado y pidamos la mejor energía para enfrentar lo que viene, que es nuestro tiempo y debemos saberlo vivir a concho. Salud y ¡Feliz Año Nuevo!

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Así titularán muchos diarios y miles de sitios en Internet. Sabemos que más temprano que tarde la noticia se ha de generar, pero ¿estará vivo Fidel? Probablemente esté muerto y embalsamado. Si nos remontamos a la historia, veremos que más de un premier soviético falleció y tiempo después el politburó dio la noticia para mantener el orden y afrontar lo que se venía y para ponerse de acuerdo en quién debían instalar a la cabeza. O sea, se daban el tiempo para abordar todas las aristas y no improvisar nada. El Vaticano en más de una oportunidad hizo lo propio e informó sobre la muerte de algún pontífice tiempo después para abordar los hechos sin sorpresas. Juan Pablo II fue dado por muerto un día antes por la agencia France Presse. Horas después los voceros del pontificado la desmintieron. Probablemente murió antes, pero faltaban nombramientos y documentos que no podían dejarse a la suerte.

En el caso de Castro hay razones que hacen pensar que se debe mantener con vida. Intenta reducir el impacto en la región. Dar a Chávez tiempo para encabezar esta revolución socialista que él desea heredar y detener a los contrarrevolucionarios cubanos que desde Miami están al acecho. Bien se sabe que el régimen está tratando de ganar tiempo para poner en marcha una estructura sin que él participe de las decisiones. El problema es que el régimen no envía señales claras, que permitan entender una tendencia. La falta de claridad o los mensajes ambiguos de algunos altos funcionarios responden a una estrategia política muy bien definida: mantener viva la presencia de Fidel mientras se dilata su ausencia. El Presidente brasileño Lula da Silva, a fines de 2006 se dijo un “amante de la revolución cubana” y de paso dio por muerto a Castro en una entrevista a “Folha de Sao Paulo”. “Lamento que Fidel no haya hecho el proceso de apertura política cuando estaba vivo”, pero tras el lapsus dijo: “Es que él podía haber hecho en el tiempo la apertura política. Podía haber dado un salto de calidad en Cuba”.

La afirmación nace no sólo como una ficción. Va más allá. El deteriorado Fidel está recuperándose, pero nunca se le ha vuelto a ver en forma. A uno le pueden saltar dudas. Pero es bueno advertir que durante vida se mantuvo con un daño severo en sus pulmones, producto de un problema de buceo. El único que logra comunicarse con él es su amigo Chávez, quien le visita y llama por teléfono, pero muchos personajes públicos mantienen dobles, hasta Sadam los tenía. ¿Acaso Castro no podría tener un doble? Me podrán decir que hay videos donde Chávez está con él, pero la tecnología sirve para hacer cantar hasta un vivo con un muerto.

Otras suspicacias que hacen pensar en la muerte son reales. El Presidente Evo Morales afirmó que el 1 de mayo, Castro estaría en la Plaza de la Revolución y no fue así. Cómo puede entonces pensarse que una persona que está evolucionando no pueda al menos estar presente en tan importante celebración. Recordemos que Juan Pablo II, a una semana de su final, saludó a la multitud en la Plaza de San Pedro. Cuando se desea dar señales, deben ser concretas. No quito ningún mérito al comandante Fidel. Reconozco lo que hizo por Cuba al liberarla de Batista. Pero eternizarse en el poder es deleznable y perpetuarse más allá de la muerte suena ruin. No por él, si no por los que mantienen su imagen entre los muchos que creen ver una Cuba diferente

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Son las tres de la madrugada y la fiesta está que arde, todos han bailado sin parar… que ganas de orinar, estoy a punto de evacuar todas las cervezas que he ingerido… un baño, necesito un baño o de lo contrario me orino en la pista de baile. Al fin el deseado baño, ¡qué olor, uff! ¡Qué alivio…! Pero, ¡qué inmundicia! ¿Por qué el común denominador en todos nuestros espacios públicos serán los baños sin una higiene adecuada? …y más encima tengo que pagar 100 pesos. Sin duda este cobro debe ser por derecho intelectual, porque los muchos visitantes entregan parte de su elevada cultura y preparación en escribir manifiestos y expresiones reprimidas en los muros.

Esta vieja e interminable práctica se remonta a muchos años, por lo menos desde que tengo uso de razón. En la escuela a la que iba en Constitución, los baños no se diferenciaban en nada de los vertederos, hoy tan criticados y comunes. Cuando comencé a visitar estadios, cines, bares, museos, universidades y más de alguna casa, encontré que el estado de los baños sucios eran y son parte de la idiosincrasia de nuestra sociedad. Nadie hace nada por remediar el mal al cual nos vemos enfrentados: vómitos repartidos, excremento en descomposición, orina detenida en los urinarios en donde flotan colillas de cigarros, llaves corriendo, papeles de diarios con nuestra marca personal y obviamente las famosas frases “A Juan le gusta el p…”, “Tu hermana no es virgen, lo afirma el 4º B”, “Pin 8 co…”, en fin, tantas frases folclóricas que adornan este espacio de unión nacional. Aunque nos parezca extraño, ninguna mosca. Es posible que ellas sientan asco de este cuadro tan poco alentador.

El baño es un espacio pequeño que sirve para orinar y evacuar el vientre, por naturaleza ubicado generalmente al fondo y a la derecha. Con el tiempo y en virtud de la limpieza, se ha asociado a la higiene corporal, es decir los baños son para limpiar el cuerpo, tocarse con perfumes, desprender la mugre, relacionarse con la prensa, etc. Nuestros antepasados egipcios, romanos (de elite) usaban los baños para pasar largas horas descansando, tomando masajes y depurando las vías respiratorias. Para los orientales el baño es un lugar de importancia mayor, casi un culto, en donde los visitantes honran la casa entrando al baño en el momento que inician una visita de cortesía… Se imaginan qué visita más cortés resultaría adentrarse en una casa o recinto público en donde nuestra imagen primera fuera de suciedad… a veces sin duda nos pasa, es triste llegar al país por vía aérea y usar los baños del aeropuerto, o subir a un bus interregional o ir al estadio, entrar a un cine o visitar una universidad… que poseen unos baños en que ni Shrek estaría cómodo.

Resumiendo el cuento y sin querer cansar, pienso que agradable sería ver que entre las gente que ligan a la cultura sus pasos, reflejaran su nivel en áreas reducidas como los baños, en forma más acorde a lo que representa vuestro perfume y esas buenas costumbres que decimos tener, que no sólo sean para el cliché o la burda apariencia.

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El sistema nos ha enseñado a ser mentirosos. La sociedad nos hace hipócritas. Hace unos días viajaba al sur junto con un amigo, quien tenía el “pie pesado”, por lo que pasaba de los 140 kilómetros de velocidad. De repente, disminuyó la potencia. Le pregunté por qué y me respondió que habían carabineros adelante. La semana pasada, en una comida, escuché a una amiga decir a otra: “Mira la Cristina qué flaca y arrugada está, te has dado cuenta que se le vinieron los años encima”. Apenas Cristina se acercó, le dijeron al unísono: “Linda, qué regia te vez y ese peinado te viene súper bien”. Cada vez que salgo de mi oficina o me ausento unos días, mis colegas me descueran, pero apenas vuelvo, me llenan de palabras gratas, de un sinfín de preguntas y aseguran que me extrañaron. Un animador que conduce un matinal dijo no tener idea de las cosas tan terribles registradas en la dictadura, por eso fue sorprendido por el Informe Valech. Él era periodista del canal estatal en esos años cruentos y yo, que vivía al sur y soy menor que él, tenía claro que había excesos. Me pareció que estaba mintiendo o su grado de hipocresía lo hacía verse como gil… algo común en ciertos especímenes de nuestra sociedad.

Hace días, un oficial de Carabineros entrevistado por ChileVisión en torno a los delincuentes que se relacionan con uniformados en Plaza Italia, dijo que la policía no acostumbra a tener informantes y eso pese a que uno de los sospechosos, que todo Chile vio en pantalla, aseguró serlo. La “Kenita” Larraín bajándose del avión sin hacer declaraciones dejó entrever que el Chino Ríos era una mala persona, porque después de un supuesto accidente, la dejó sola y no la ayudó. El Chino apareció diciendo que su mujer mentía, pero luego, en una vuelta de carnero, le pidió perdón de forma pública. Hace años, el arquero “Cóndor” Rojas mintió a todo Chile sin asco, protagonizando una de las comedias más anecdóticas del fútbol nacional.

El gorila muchas noches se descuadra con garabatos, entregándose a la vulgaridad y luego trata de aparecer en sociedad como caballero respetable. En la zona oriente, el consumo de píldoras del día después es mayor que en los sectores de menos recursos, pero muchos padres de la primera zona están contra la proliferación de la píldora, al igual que el condón. En Chile, los abortos son una realidad, pero hay sectores, como la derecha conservadora y la Iglesia Católica, que son incluso contrarios a abrir el debate, ajenos a que el problema es transversal y afecta a más familias y señoritas de las que las propias estadísticas dan cuenta.

Y para qué hablar de algunos honorables: “Señora, no se preocupe, le prometo que estoy pendiente de lo suyo”, o “camarada, yo me preocupo de la gente y si se cae el puente se lo levanto, aunque sé que esta tropa de ignorantes igual va a votar por mi porque no hay otro que les revuelva la perdiz mejor”. La mejor de todas es: “Cuando me vaya me llevaré lo puesto, ni un peso más del que tenía cuando comenzó mi mandato”.

Vivimos en una mentira social. Hacemos del entorno una rutina hipócrita. Si hasta nuestros saludos son mentira: “Hola, cómo estás, súper bien”… aunque estemos como el ajo. “Te llamo sin falta mañana”… a pesar de que ni agendemos ese compromiso. “La puntita no más”… esto es casi un chiste que resume los embustes sociales de la gran mayoría. Chaqueteamos a medio mundo, somos campeones para tirar para abajo, nunca quedamos mal y la mayoría de las veces replicamos con un sí a todas las peticiones, un sí falso, lleno de engaños, sin base y cómplice de compromisos desleales. La mayoría se dice cristiana, pero a su manera y conveniencia. Somos un pueblo que sigue mirándose el ombligo y repitiendo las mentiras de la historia, sin querer ver en nuestro interior y sacar fuera calamidades que sin duda nos mantienen limitados y lejos de ser libres

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En diversas oportunidades y circunstancias he visto o escuchado frases como “no tengo nada contra los gays, pero lo más lejos posible, mejor”, “hay tanto picante en esta fiesta que no puedo permanecer un minuto más”, “qué más le puedes pedir a la nana si es india pero cocina de manera increíble”, “este local se reserva el derecho de admisión”, “la verdad que no es conveniente que las gordas vengan a mi discoteca, le bajan el perfil”, “yo de Plaza Italia para abajo nunca paso”. Así, se podría escribir una gran cantidad de acotaciones que nos hacen ser discriminadores e intolerantes.

Creemos que nuestra vida es el centro del universo y los otros deben supeditarse a nuestro genio y forma de hacer y decir las cosas. Nos sentimos tan protagonistas que sólo nosotros disponemos de la posibilidad de sentirnos ofendidos. El resto debe “bancarse” nuestra historia. Los otros no tienen derecho a sentir rabia contra uno. Sí, porque siempre tenemos la razón, somos los creadores y recreadores de la verdad, el sol debe obligatoriamente alumbrar nuestro lado y el resto que se joda… Pero la realidad no es así, sino 50% de mis razones y 50% de las circunstancias que me rodean. Cuando creo tener la razón, debo darme cuenta de que el otro tiene también algo de ella y en eso está la posibilidad de encontrarnos, comunicarnos, avanzar como seres mayores, con tolerancia.

Alguien decía que los sabios son los que callan y observan los por qué del comportamiento alterado de los otros y luego se dan un tiempo para reflexionar y buscar puntos de encuentro reales, sin dobles frases ni palabras de adorno. La vida es complicada, pero más lo será si no somos capaces de ceder en nuestras porfías. No siempre acertamos en lo que decimos. No todo es blanco o negro. Existe un arco iris de posibilidades. Cuando se logra un leguaje amable, fluye la comunicación y si se logra por añadidura vienen el recogimiento y la liberación. No sólo quien está al frente es responsable de mi ira, hay factores internos y complejos que me llevan a comportamientos errados frente a mis iguales.

Mirar cómo pasa la vida, cómo las horas me premian o castigan, cómo armo relaciones verdaderas, es parte del humano ser que estoy desarrollando y lo seguiré perfeccionando hasta cuando el reloj me pida detenerme. Pero si no he tenido la sabiduría de dar importancia a lo esencial y tratar lo intrascendente como algo más, entonces sin duda acelero el descuento de mis días y dejo que reine el descriterio. Somos seres con un ego que por momentos nos supera y nos hace intolerantes, nos lleva a pensar que estamos sobre el resto… Pero debemos entender que somos un complemento del eslabón, donde los gordos, los feos, los flacos, los punk, los gays, los de menores posibilidades y un montón más hacen el complemento global.

Busco ilustrar lo que pasa en nuestras vidas y entorno. Los seres que conforman nuestro universo son importantes. No han entrado por azar, sino porque han sido escogidos del jardín humano. Pueden ayudarnos a encontrar la felicidad. Si no se entiende, es por miopía y desconocimiento del género humano, lo que nos hace mezquinos y descalificadores. Somos parte de una gran orquesta, donde familia, amores, amigos y mundillo nos llevan al universo. Si lográsemos reconocernos en serio, si miramos el horizonte con optimismo, si creemos en lo que hacemos, decimos y somos, si nos dejamos amar y amamos nuestro mundo, estaremos desechando la discriminación, aprenderemos a tolerarnos y a respetarnos unos a otros

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Si tuviésemos que definir uno de nuestros peores males sociales, sin duda, el primer puesto se lo ganaría la impuntualidad, junto con el chaqueteo, nuestro “deporte” nacional preferido. Los chilenos no tienen la puntualidad entre sus virtudes. Parece que llegar tarde forma parte de un mal entendido -pero asumido- acervo cultural. Ser puntual, al contrario, es síntoma de ser extraño o, definitivamente, de estar dispuesto a perder plata, porque si uno se apura para estar a la hora, lo más probable es que tome un taxi y llegue a la cita donde, con toda probabilidad, no estarán ni la mitad de los convocados. Alguien puntual pierde dinero por no ser como la media del chileno.

Desde pequeño me enseñaron que llegar a la hora era síntoma de respeto hacia mis iguales y servía, además, para aprovechar mejor el tiempo. Aprendí la lección, al contrario de muchos de mis amigos, colegas, novias o ciudadanos que tienen una reunión y simplemente no están cuando deben, por lo que llegan inventando un cuento para explicar la demora. Pero hay atrasos que cuestan leyes, como cuando los honorables no están para votar y se debe suspender la sesión por falta de quórum. A más de uno esto lo ha llevado a pensar en que el Congreso regrese a Santiago. ¿Será la solución? Cuando se plantean este tipo de soluciones, no faltará creatividad criolla para encontrar una nueva justificación del atrasos… Hay otros atrasos que cuesta justificar y que después de un tiempo sólo se deben asumir.

Sé de personas que han llegado tarde hasta para su matrimonio civil. Otros cuentan el mismo embuste barato: “Salí súper bien en el tiempo, pero me tocó un taco que ni te explico”, o “No pasaba nunca la locomoción que necesitaba”. Ni hablar de más de alguna mujer que se da una hora para arreglarse y sacar todo los vestidos que tiene para demorar la cita más allá de la hora acordada. Aunque debemos ser justos: hay hombres que demoran en retocarse ante el espejo como diva del espectáculo. En definitiva, se podrían registrar un sin fin de testimonios que darían no sólo para una columna, sino para hacer un libro. Lo que llama la atención es por qué no aprendemos a disculpar nuestros retardos o usar el teléfono para advertir que aún nos falta para llegar. Es correcto dar una explicación por cada una de nuestras tardanzas, pero más respetable es todavía si somos capaces de hacer una simple llamada y avisar. Hay países en Latinoamérica en que las demoras superan la hora sólo por mencionar a México o a Perú. Esta conducta al parecer la aprendimos de los colonizadores, quienes no tienen, por cierto, la virtud de ser puntuales y se atrasan como si el día tuviese 42 horas y no 24. Es probable que usen su reloj al revés o al de arena los granos se le quedaron atascados.

Pero nuestros retrasos no serían materia de cuestionamiento y menos aún de estudio si no causasen una cantidad de pérdidas que exceden los 240 millones de dólares. Esto indica a nuestra sociedad que la falta de responsabilidad no le hace bien y menos nos permite jactarnos de una práctica tan mala. Ahora, todo está en nuestras manos. Si nos quejamos de esta pésima costumbre y comenzamos a llegar a la hora, a respetar a los que hacen el esfuerzo por salir más temprano y estar en el punto de reunión a tiempo, si comenzamos en las escuelas a enseñarles a los alumnos lo bueno de la puntualidad, como una virtud y no una obligación, sin dudas daremos un paso de buena convivencia, ganaremos respeto de nuestros pares y haremos que se eviten muchas de las pérdidas que causamos. Es importante entender que la sociedad nos pertenece y somos parte activa de ella. Nuestros errores repercuten en el progreso que queremos alcanzar para lograr esa nación justa y puntual que debiéramos ser

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Tomó una silla y comenzó a destruir todos los ventanales del café en el que trabajaba. No bastando eso, con un par de vidrios rotos trató de cortarse las venas y terminar con el fastidio acumulado. Sin duda, el estrés lo había superado. En un caso similar, pero de trágico fin, el 27 de julio de 2004, armado con un fusil M-16, el policía Orlando Jiménez -asignado a custodiar la embajada chilena en Costa Rica- irrumpió en la legación y disparó contra el cónsul Christian Yuseff, el primer secretario Roberto Nieto y la funcionaria Rocío Sariego, para luego suicidarse. Según investigaciones posteriores, Jiménez sufrió una crisis nerviosa al enterarse de que la embajada pidió su traslado, lo que se sumó al fallido intento de que su hija trabajara en ese lugar.

Estos casos son expresiones de una enfermedad latente. Necesitamos aprender a parar, a descansar, a liberarnos y por sobre todo a volver al camino del autoconocimiento. Mi padre diría de que si en algún momento de su juventud hubiese aparecido comentando que tenía estrés (palabra por cierto desconocida entonces), lo más seguro era que su progenitor se lo habría quitado con un par de palos… Pero los tiempos han cambiado. Han aparecido enfermedades corporales y mentales. El tiempo complica, el medio agobia, los compromisos económicos descontrolan y la sociedad individualista lleva a vivir en una soledad abrumadora. Es un sistema enfermo y nosotros somos parte de la enfermedad. Si fuésemos capaces de frenar el descontrol y ver que los problemas no son lo que parecen, si en lugar de irnos a dormir con las deudas lo hacemos con nuestra pareja, al otro día estaremos mejor. Porque de entender que los problemas económicos están entre las 9 de la mañana y las 2 de la tarde (después los bancos cierran), es posible que disminuya la congoja.

Si en vez de tocar la bocina, escuchamos música o programas que no nos pongan nerviosos, de seguro el taco será más llevadero. Si en vez de llegar a la casa y decir que nadie nos moleste, jugamos, nos soltamos y nos reencontramos con el niño que llevamos dentro y tenemos cautivo por la seriedad que debemos aparentar, es probable que durmamos bien y amanezcamos de mejor cara. El famoso estrés nos puede llevar a la muerte. No vale la pena sacarse la cresta y luego terminar donde un siquiatra preguntando qué hacer y cómo salir del problema que descontrola nuestra vida. El cuerpo pide descanso, pero el cerebro no escucha y sólo piensa que está atrasado en el proyecto de vida. Es muy probable que imaginemos que la vida es tan corta que no lograremos nuestras metas. Pero, por la carrera sin control, descuidamos cosas importantes, la familia, nuestra relación de pareja, amistades y, por sobre todo, nosotros mismos. Sin duda la factura ha de llegar al cuerpo, tarde o temprano. Lo hemos dejado de lado y sustituimos nuestra esencia por una serie de acciones que nos hacen parecer autómatas… creadores de proyectos, guardianes del capital. La vida queda a la deriva, pero justificamos nuestra carga de trabajo con la frase “debo generar recursos para tener una mejor vida con los míos”.

Somos inconscientes de este aceleramiento descontrolado. Un minuto, sólo un minuto, requiere pensar en qué nivel de descontrol vivimos o qué pretendemos de nuestra vida y entorno. Así podremos encontrar respuestas que nos permitan entender que nuestro ser no se merece el mal trato que le damos y nuestro entorno próximo requiere de más atención. No vale la pena morir de estrés

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Noche de paz, noche de amor dice la canción, evocando que llega la Navidad y nos recuerda que en la historia, hace más de 2 mil años, nació en Belén una criatura que para los creyentes es el hijo de Dios cuya misión era salvar a los descarriados del mundo. Recuerdo esto al ver que el verdadero sentido de la fecha se ha ido perdiendo en desmedro del consumismo desmedido, que ha dejado a un lado el sentido real de la fecha. En esta noche, lo más importante debiera ser mantenernos juntos y reunirnos con un propósito hermoso: darle a nuestro espíritu -en una noche del año- un alimento especial. Pero lo hemos distorsionado todo. Hemos creado una mentira social enajenante: el mentado viejito pascuero, un gordinflón vestido de rojo, con ropas sofocantes, que no se condice con el momento estival de este lado del planeta.

Cuando digo mentira, hablo de la desilusión y el desengaño que sufren los niños al descubrir que no existe el viejo pascuero y que todo ha sido en realidad una confabulación de sus padres y del entorno para mantener una fantasía inocente. Debe ser la primera mentira de la que tienen noción y ¿de dónde viene? De sus padres. ¿Y en qué fecha? En la más frágil y luminosa del calendario, el día en que nació el hijo del verbo. Entonces partimos mal, reinventando de generación en generación lo del gordinflón. Y la historia no termina ahí. Comenzamos a vestir la realidad de sueños alimentados por las grandes tiendas con esas propagandas tan bien estructuradas para que, en una noche, nos transformemos en verdaderos energúmenos, buscando qué regalar, encalillándonos sin control. Como somos competitivos no podemos entregar cualquier regalo, sino que debe ser el más grande y caro que encontremos, de modo de mantener la fórmula de nuestra sociedad: gastar lo que no tenemos para aparentar lo que no somos y así dejar contento al otro, que también hará lo mismo.

La historia es de todos, pero la estupidez de unos pocos y esos pocos nos engatusan y nos hacen caer en su jueguito. Luego nosotros tratamos de argumentar defendiendo todo ese absurdo, pero sabiendo que los argumentos mal hechos no nos pueden ayudar. Sólo son palabras que se hacen para justificar lo injustificable. No estamos haciendo nada indebido y la aprobación para nuestro acto es razonada socialmente. Esto da crédito para seguir implementando la fórmula año tras año. Pero todo lo que envuelve la Navidad es algo irreal. Qué importa mentir en una sociedad de doble estándar, donde los mentirosos ocupan altos cargos en las empresas y en el Estado, donde nos engañamos sin miedo ni asco; qué importa institucionalizar en una fecha tan significativa el consumo y el derroche para hacer que la Navidad sea una hermosa fiesta del consumo y del despilfarro, total probablemente con un buen regalo -caro de ser posible- me abueno con mi señora, estrecho los lazos con mi suegra o definitivamente dejo contento al que está atravesado conmigo. La idea es tapar las desavenencias mediante un regalo. Eso es la mejor manera de enfrentar una dificultad de convivencia.

Sé y estoy convencido de que los absurdos que nos envuelven los hemos ido creando y alimentando para no vivir mejor y ser mejores, sino para sostenernos dentro de lo que hemos creado sin límite ni freno, donde nos importa más mantener lo que creemos que es lo que debe prevalecer por sobre lo trascendente, eso que nos hace más personas, más íntegros, más humanos en definitiva. Si lográsemos comprender el verdadero sentido de la Navidad y dejásemos de transformar y desvirtuar esta fiesta, convirtiéndola en lo que es hoy, el sentido real del nacimiento de Jesús en un portal de Belén nos haría sentido, entendiendo que el arbolito, el viejo, los duendes y todas aquellas motivaciones no son más que adornos complementarios del real motivo de la fecha.

Si me estás leyendo no desesperes por carecer de dinero para comprar un regalo. No te mientas ni mientas a los que te rodean y quieres. Recuerda que si queremos cambiar no debemos pensar solo en leyes y estructuras. Nunca mejorará nada si no cambiamos nuestra forma de ser. Debemos cambiar la manera de pensar y también nuestro corazón. Éste es el cambio radical: deja al hombre viejo que no te impide avanzar y permite que el ser jovial reviva en ti. En tu interior está la formula, el poder de la transformación. Desde aquí podemos revivir el verdadero sentido a la Navidad. De lo contrario, siempre seguiremos escondiendo nuestro entorno y mantendremos una Navidad irreal

Si aspiramos a cambiar solo leyes y estructuras,

Nada podrá mejorar si no enmendamos posturas.

Cambia corazón y mente: no hay cambio más radical

Para impedir que la gente viva siempre en carnaval.

Cambia de arriba abajo: no dejes que la rutina

En tu diario trabajar vuelva tu vida mezquina.

Estrena ilusión, estrena optimismo cada día.

No es la vida una condena si vives con alegría.

Cambia el odio por amor, sólo quien ama es capaz

De convertir el rencor en un milagro de paz.

Extiende tu mano y brinda tu amistad sin condiciones.

No hay inversión que más rinda para ganar corazones.

Aunque tengas que humillarte, haz a tu hermano feliz;

No abría flor ni obra de arte sin cimiento ni raíz.

Cambia fuerza con razón, división por unidad,

La ofensa por el perdón, opresión por libertad.

Cambia en nuevo el hombre viejo,

El pecado por la gracia y el mundo será reflejo

De un “Belén” en democracia.

Si cambia en tu enterior, que es el cambio de verdad,

El mundo será mejor y habrá siempre libertad.

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Hace unas semanas me enteré que en la zona de Constitución y Chanco, en el sector Faro Carranza, entre dos caletas de pescadores, AES Gener pretende edificar una central eléctrica a carbón. Mi asombro fue enorme sabiendo que esas costas han sido contaminadas durante más de 30 años con los desechos de la planta de celulosa que una vez fue fuente de recursos para la zona y sus alrededores. Pero si entonces alguien hubiera sabido del daño ecológico que producía, jamás se habría permitido su instalación en la ciudad.

No soy responsable de eso, como muchos lugareños. Pero hoy tengo algo que decir ante la termoeléctrica y hacer lo que esté en mis manos para frenar el proyecto que algunos presentan como progreso pese a que saben que producirá contaminación y contribuirá al calentamiento global. Se ha desarrollado con cierto secretismo: muchos lugareños lo ignoran, pero no se trata de cualquiera. Se invertirán mil 300 millones de dólares en una central y un puerto para el flujo permanente de barcos carboneros venidos de Australia.

Estas centrales son las de mayor contaminación ambiental y tienen gran probabilidad de causar megadesastres ecológicos. Hay estudios y experiencias que indican que suelen originar un importante impacto en las zonas en las cuales se instalan, porque emiten toneladas de CO2, CO, metales pesados, óxido de nitrógeno (NOx, que eleva la contaminación por el ozono troposférico), y dióxido de azufre (SO2, causante de lluvias ácidas que afectan a los bosques y ríos) y grandes cantidades de material particulado. Todo esto sin considerar la contaminación visual, que transformará una zona de playas casi vírgenes en un complejo industrial, con puerto incluido.

Tampoco es justificación afirmar que se crearán en forma permanente alrededor de 100 puestos de trabajo. Esto no compensa la magnitud del daño a los pescadores artesanales que operan en las zonas de Pellines y Loanco desde hace décadas. Aparte, se deben considerar todos los riesgos que correrán las familias que se dedican a la agricultura y al pastoreo. Es una zona donde el ser humano se encuentra integrado con su hábitat. De seguir con esta aspiración de parte de Gener, el área alrededor de Constitución se va a convertir en el paradigma de la contaminación, en algo digno de estudio en las aulas universitarias. Chanco, una zona típica chilena y además ejemplo de lucha contra el avance de las dunas, se iniciará en el trágico proceso de la contaminación, mermando el turismo, junto con arruinar los balnearios cercanos de Pellehue y Curanipe.

Me pregunto dónde está el diputado Pablo Lorenzzini, que se hizo conocido por fustigar al ministro de Obras Públicas debido a la caída del puente Loncomilla. Hoy no levanta la voz por este proyecto que se presenta como un progreso para la VII Región, pese a que Chile es firmante del Protocolo de Kioto, en el que queda claro que no debemos contribuir a elevar los niveles de contaminación y menos a crear fuentes generadoras de dióxido de carbono. No habrá intereses cruzados, supongo. Miren que en cierta medida esto se parece al proyecto Pascua Lama, donde otro diputado calla un desastre ecológico de proporciones.

Un proyecto como la generadora Los Robles no trae progreso; sólo contribuye a aumentar el daño ecológico que hemos producido en el planeta. No estoy en contra de los avances, siempre que éstos traigan consigo calidad de vida. El proyecto Los Robles no pretende mejorar la calidad de vida. Es por esto que nosotros los maulinos debemos despertar, levantar la voz y ejercer el sano y justo derecho de exigir que no nos envenenen el ambiente y destruyan el ecosistema de generaciones futuras.

Porque si dejamos que este tipo de centrales se instale en nuestro país, entonces más temprano que tarde nos arrepentiremos de lo básicos que hemos sido. Informarse es un deber. A una población bien informada nadie la pisotea y mucho menos le meten el dedo en la boca los audaces de siempre. Nuestro planeta es lo único común que tenemos y debemos cuidarlo y defenderlo de estupideces que se presentan usando el subterfugio del desarrollo y el progreso.