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Tendrás quince, 20, 50 o los años que marquen tu vida, y cada final de ciclo estarás repitiendo el mismo ritual. Una copa de champaña, en compañía de tus seres queridos, descontando los segundos para el ¡Feliz Año! Sin duda, augurarás éxito y prosperidad para el que viene, dejando en el pasado lo que deparó el que acaba de finalizar.
Extrañamente será el término reglamentario que da paso a otro principio. Los fuegos artificiales inundarán el cielo (aunque sea por televisión) y escucharás vivas, gritos, estruendos de petardos y la tradicional canción nacional. Comenzaremos a repartir abrazos en momentos en que uno es como una terapia, que bastante nos hace falta.
Así, comenzamos a desligarnos de una serie de hitos y acontecimientos que nos marcaron desde lo social hasta lo personal. Más de algún amigo partió, cumpliendo el ciclo de la vida, y llegaron nuevas criaturas a mostrarnos que la esperanza vive y se materializa. Vemos que es posible aspirar a un mundo mejor. El año que se va es como una hermosa puesta de sol. Sabemos que el que llega será como un amanecer lleno de buenos momentos, claro y sobre todo con deseos de hacer las cosas mejor.
No podemos jugar con el entorno. Debemos ser más concretos y menos superficiales. No estamos para experimentar. Llega el momento de actuar e iniciar un nuevo ciclo donde nadie esté excluido. Somos parte de un todo y cada uno merece su espacio. Lo digo porque en muchos instantes he visto discriminación y falta de compromiso de parte de los que ostentan el poder frente a los más débiles y pequeños.
Este fue el año que se levantó desde un sector el tema ético, hablar de un sueldo justo para los que aún no alcanzan a percibir el chorreo. Pero no basta con los buenos discursos, llenos de propósitos que no llevan a ninguna parte. Es claro que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno.
Llega un año electoral, donde deberemos ser cautos y no darle el voto al primer candidato que venga a entregarnos un abanico de promesas. No podemos seguir confiando en cualquiera que nos venda ideas que no llevan a ninguna parte. Cuidemos nuestro voto y si no nos satisfacen los candidatos, votemos por nadie; es decir, usemos el legítimo derecho de discrepar de los que están haciendo mal la política.
Debemos hacer que nuestros deseos se materialicen, teniendo en cuenta que Chile es para los chilenos, sin exclusiones de ningún tipo. Sólo así lograremos acercarnos, al menos por un instante, a conocer algo de la copia feliz del edén. Alguien con quien conversaba me decía que mis planteamientos eran utópicos, pero me pregunto ¿es malo? ¿Por qué no darnos algo de optimismo, mirando el día que viene con ojos más limpios, capaces de envolver a nuestro prójimo en este inicio de año, no por cumplir el ritual, sino para plasmar un deseo de buenas vibras, donde la paz, la alegría, el amor y la tolerancia sean nuestro combustible para hacer funcionar el motor del corazón?
Cualquier mal recuerdo queda disminuido ante los buenos augurios y las bonanzas que nos permitirán tomar impulso este 2008. Debemos usar, aunque sea un poquito, nuestro discernimiento para tomar decisiones más asertivas. No podemos seguir siendo meros receptores de los medios de comunicacion, que día tras día llenan nuestras cabezas de irrealidades y nos llevan a pensar que lo que está dentro de la caja creadora de idiotas es la verdad.
No podemos y no debemos darle tanto crédito a las informaciones que salen de editoriales con intereses creados, que responden, sin duda, a algún grupo de poder que no siempre vela por el bien común y sólo busca mantener su cuota y convertirnos en meros transmisores de verdades a medias. Cuidémonos en este 2008 de hacer el mundo de los necios. Recuerden que ése está demasiado poblado y si en algún momento pudieran volar, seguro que nunca más volveríamos a ver el sol.
Aquí nos encontramos, cerrando 2007, con todo lo que nos deparó. Si fue bueno, que sea fuerte el abrazo; si fue más malo que bueno, que sea más apretado y pidamos la mejor energía para enfrentar lo que viene, que es nuestro tiempo y debemos saberlo vivir a concho. Salud y ¡Feliz Año Nuevo!
